Mientras la canciller alemana, Angela Merkel, aplaude el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos alcanzado por Jean-Claude Juncker y Donald Trump, el presidente francés, Enmanuel Macron, expresa sus dudas y preocupaciones.

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Dos reacciones totalmente opuestas para un mismo pacto: de la alegría de Angela Merkel al escepticismo de Enmanuel Macron. La canciller alemana y el presidente francés no han acogido de igual forma el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos que anunciaron el pasado miércoles el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Trump y Juncker sellaron un acuerdo para evitar una guerra comercial entre ambas partes e iniciar una “nueva fase” de sus relaciones económicas, en la que trabajarán para incrementar los intercambios de bienes y servicios, por ejemplo a través de una reducción de los aranceles a productos industriales.

El acuerdo incluye cuatro puntos en los que la UE y Estados Unidos comenzarán a trabajar a partir de ahora. Durante este tiempo, ambas partes prometen no aplicar nuevos aranceles y “revisar” los ya existentes sobre el acero y aluminio.

El primero de los compromisos es trabajar para conseguir un escenario de “cero aranceles, cero barreras no arancelarias y cero subsidios” en productos industriales distintos a los automóviles. La UE y Estados Unidos también se comprometieron a reducir las barreras al comercio de servicios, de productos químicos, farmacéuticos y médicos y de soja. “La UE va a empezar casi de inmediato a comprar soja”, aseguró Trump.

En segundo lugar, las dos potencias pactaron reforzar su cooperación en materia energética. En este capítulo, Bruselas mostró su disposición a incrementar las importaciones de gas natural licuado (GNL) procedente de Estados Unidos para diversificar sus fuentes de energía.

El tercer punto del acuerdo incluye el compromiso de lanzar un diálogo sobre “estándares” para facilitar el comercio, reducir los obstáculos burocráticos y recortar los costes.

Por último, Bruselas y Washington se comprometieron a “unir fuerzas” para proteger a sus empresas de “prácticas comerciales desleales” en todo el mundo. “Por tanto trabajaremos junto con otros socios para reformar la OMC (Organización Mundial del Comercio) y atajar prácticas injustas, como el robo de propiedad intelectual, la transferencia obligada de tecnología, los subsidios industriales, las distorsiones creadas por empresas públicas y la sobrecapacidad”, se explica la declaración conjunta.

Este entendimiento ha sido celebrado por Merkel. “El Gobierno federal ve con satisfacción el acuerdo sobre un enfoque constructivo del comercio. La Comisión puede seguir contando con nuestro apoyo”, ha indicado la viceportavoz de la cancillerl, Ulrike Demmer, en su cuenta de Twitter.

La reacción no coincide con la de Macron, que este jueves en Madrid mostraba sus reservas. “Un buen diálogo comercial solo puede hacerse basándose en una relación equilibrada, recíproca y en ningún caso bajo amenaza”, indicó, antes de desvelar “dudas” y “preocupaciones” que “tendrán que ser aclaradas” en los próximos días con los socios europeos”.

El mandatario francés se mostró contrario a negociar un amplio acuerdo comercial en estos momentos argumentando que “el contexto no lo permite” y reiteró que “en estas discusiones no se puede implicar en ningún momento la agricultura”.

Asimismo, reclamó a Estados Unidos la retirada de las “tasas ilegales” impuestas al acero y el aluminio, lo que describió como “un paso previo a cualquier avance concreto”.

Macron puntualizó además que “ningún estándar europeo debe ser rebajado o suprimido en medio ambiente, salud o alimentacion”, al entender que esto “es el principio mismo de la Europa soberana”.

“No podemos pedirle a nuestros industriales, agricultores, conciudadanos y trabajadores orientarse hacia un nuevo modelo productivo más respetuoso con el medio ambiente y los equilibrios sociales en los que creemos y por otro lado firmar acuerdos comerciales con potencias que no respetarían estas obligaciones, creando un desequilibrio obvio”, zanjó.

SÁNCHEZ COMPARTE LA VISIÓN DE MACRON

A su lado se encontraba el presidente español, Pedro Sánchez, que se mostró en la misma línea que Macron, resaltando la necesidad de “dialogar” y “negociar” con Estados Unidos antes de reclamar la retirada de los aranceles impuestos por Washington.

Así, manifestó que el Gobierno “no cree” ni en el unilateralismo ni “en la imposición por parte de una determinada economía de sus criterios y de sus políticas en relación con el comercio internacional”.

“No queremos ninguna guerra comercial, pero sí que es evidente que el continente europeo, la UE, ha logrado a lo largo de los últimos años, las últimas décadas, avances que tienen mucho que ver con estándares sociales, laborales y por supuesto también medioambientales que tienen que ser preservados“, explicó.

Sánchez hizo hincapié además que “siempre hay que recordar que la política de comercio internacional está liderada por la Comisión Europea, pero lógicamente se tiene que hacer en coordinación con todos los estados miembro y luego tiene que ser aprobada en el Parlamento Europeo y luego en los parlamentos nacionales”.

“Los estados miembro tenemos mucho que decir en cualquier tipo de alteración de nuestras relaciones comerciales con otros países, o singularmente con Estados Unidos”, argumentó.

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