Imran Khan, líder del partido Pakistan Tehreek-i-Insaf (PTI), se prepara para ser el próximo primer ministro de su país, donde es toda una celebridad por su pasado como ‘playboy’ y jugador de críquet.

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Imran Khan se perfila como próximo primer ministro de Pakistán tras ganar las elecciones legislativas celebradas el pasado miércoles en el país centroasiático. Su Movimiento por la Justicia (PTI) se impuso ampliamente en los comicios a la hasta ahora gobernante Liga Musulmana, de la familia Sharif, que no reconoce los resultados electorales porque denuncia, junto a otras formaciones, que han sido amañados con la ayuda del Ejército.

Dios me ha dado una oportunidad de cumplir mi sueño. Voy a gobernar de una forma nueva y todas mis políticas se centrarán en fortalecer al débil”, señaló tras su triunfo electoral en un discurso televisado en el que ya se presentó como primer ministro in pectore.

Imran Khan llevaba más de dos décadas luchando por este “sueño”, pues creó el partido Pakistan Tehreek-e-Insaf (Movimiento por la Justicia, PTI) en 1996. Cuando lo hizo ya era toda una celebridad en el país por su pasado como jugador de críquet y ‘playboy’.

Nacido en 1952 en el seno de una familia adinerada de Lahore, capital cultural del país, el atractivo y la habilidad marcaron la juventud de Khan, que pasó buena parte de aquellos años en Reino Unido. Estudió en las mejores escuelas del país antes de mudarse a Inglaterra para estudiar en el Keble College de Oxford.

Pronto le atribuyeron una reputación de ‘playboy’ en el circuito de clubes nocturnos de Londres, donde desarrolló una seductora personalidad que le ha acompañado a lo largo de su vida. En 1982, protagonizó uno de los momentos más polémicos al posar para un periódico londinense tendido en una cama, vistiendo únicamente unos calzoncillos.

También demostró gran habilidad en el críquet, el deporte rey en Pakistán. Su talento lo llevó a convertirse en capitán de la selección que conquistó la Copa del Mundo en 1992, un logro que lo convirtió en una persona muy querida en su país. Tras retirarse se dedicó a la filantropía, para dar después el salto a la política.

INTENSA VIDA SENTIMENTAL

En 1995, con 43 años, se casó con Jemima Goldsmith, una joven de 21 años de la alta sociedad británica e hija de uno de los hombres más ricos del mundo en ese momento, Sir James Goldsmith. La mujer se convirtió al Islam y tuvieron dos hijos, pero se divorciaron en 2004. La separación fue amistosa y Khan mantuvo una relación cercana con su exesposa.

En 2015, contrajo su segundo matrimonio con la periodista Reham Khan, pero la unión duró menos de un año. Ella, expresentadora del tiempo de la BBC, denunció después que había sido intimidada por los seguidores de su exesposo y escribió un libro relatando el tormento que asegura haber vivido entonces. Después de generar controversia en Pakistán, un tribunal ordenó que el libro fuera retirado antes de celebrarse las últimas elecciones.

Khan volvió a casarse en 2018 en una ceremonia discreta con Bushra Watto, que ya era madre de cinco hijos. La mujer es considerada como su consejera espiritual por los analistas del país, que destacan que la pareja ha sabido sacar partido a sus apariciones públicas de devoción al Islam.

IDEOLOGÍA POLÍTICA CAMBIANTE

Como político, las opiniones de Imran Khan han sido cambiantes o vagas, lo cual no deja en claro cuál será su actuación tras llegar al poder. Sostiene que es un liberal, pero al mismo tiempo apela a valores conservadores islámicos y al sentimiento contra Occidente, particularmente en todo lo que se perciba como interferencia en los asuntos domésticos de Pakistán, destaca BBC.

Khan hizo una ruidosa campaña de oposición a los ataques de drones estadounidenses contra militantes islamistas en áreas tribales de Pakistán. Ha criticado la violencia de los talibanes, pero el año pasado su partido en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa dio tres millones de dólares a la escuela islamista Haqqania, cuyo líder es conocido como el “padre de los talibanes”.

El eje central de esta última campaña electoral ha sido la lucha contra la corrupción y la política dinástica en Pakistán. También ha prometido impulsar una nueva clase política “limpia”. Sin embargo, durante la campaña fue acusado de haberse aliado con militares que amenazaron a sus adversarios para despejarle el camino.

Imran Khan ha aprovechado una ola de desilusión en el viejo orden político de Pakistán, particularmente entre la clase media urbana y los votantes jóvenes, que están cansados de vivir en un país con una economía débil y suministros de agua y electricidad en crisis constante.

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