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Tabaquismo, colesterol elevado, hipertensión arterial y diabetes son las principales amenazas para la salud cardiovascular

El número de muertes por enfermedad cardiovascular en el mundo prácticamente se ha duplicado en una década

Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de mortalidad en el mundo, habiéndose casi duplicado el número de muertes por este tipo de enfermedades en tan solo una década, según datos de la Fundación Española del Corazón. Por este motivo, cada 29 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Corazón, con el objetivo de concienciar sobre la importancia de cuidar la salud cardiovascular y saber identificar sus factores de riesgo.

La Doctora Rosa Porro, cardióloga en el Hospital Quirónsalud Cáceres, enumera las cuatro principales amenazadas para nuestro corazón: tabaquismo, colesterol elevado, hipertensión arterial y diabetes. “También es importante señalar que, en las últimas décadas, el sobrepeso ha aumentado sustancialmente en niños, adolescentes y adultos en todo el mundo, y la obesidad tiene una asociación firme con la enfermedad cardiovascular y la diabetes”, detalla la especialista.

La parte positiva es que todas estas amenazas son modificables y se pueden disipar llevando un buen estilo de vida y hábitos saludables. “La forma más efectiva de prevenir la enfermedad cardiovascular es la promoción de un estilo de vida saludable desde etapas muy tempranas del desarrollo y mantenerlo de forma permanente”, comenta la Dra. Rosa Porro, que señala que lo principal es “evitar el consumo de tabaco”. En este sentido, la facultativa del Hospital Quirónsalud Cáceres recuerda que, en pacientes mayores de 50 años, el riesgo cardiovascular de una persona fumadora es cinco veces mayor a la de una que no tenga este hábito nocivo.

Control a partir de los 40 años

Aunque no existe un acuerdo común sobre la evaluación del riesgo cardiovascular, el desarrollo de programas estructurados de cribado a escala nacional para identificar factores de riesgo cardiovascular en adultos sin diabetes a partir de los 40 años ha demostrado un mejor control de dichos factores de riesgo. “En base a esto, parece razonable planificar un primer control analítico y medir la tensión arterial a partir de los 40 años en la población general aparentemente sana”, argumenta la cardióloga.

En cuanto a pacientes que realizan actividad deportiva, si el individuo tiene bajo riesgo cardiovascular y se mantiene físicamente activo, no requiere más evaluación que la anteriormente recomendada. “Otra situación diferente son los pacientes con alto riesgo cardiovascular y vida habitualmente sedentaria que quieren comenzar con actividad deportiva de alta o muy alta intensidad”, matiza la doctora Rosa Porro. En este caso, se recomienda un estudio previo que incluya una adecuada historia clínica personal y familiar, exploración física, electrocardiograma y la valoración de prueba de esfuerzo o ergometría con finalidades pronósticas.

Salud mental y riesgo cardiovascular

Al igual que en otros ámbitos de la salud, en los últimos años se está ampliando el número de estudios que investigan la relación entre salud mental y riesgo cardiovascular. Por primera vez, la Sociedad Europea de Cardiología ha publicado unas guías al respecto con las que pretende trasmitir la necesidad de evaluar la salud mental y los factores de riesgos psicosociales para lograr una valoración adecuada de riesgo cardiovascular.

“Factores psicosociales como el estrés psicológico crónico se asocia claramente con un aumento del riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular”, explica la especialista en Cardiología del Hospital Quirónsalud Cáceres. Asimismo, hay estudios que han conseguido demostrar que la depresión muestra una asociación independiente en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, además de incrementar el riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca y arritmias como la fibrilación auricular.

“Por el contrario, el optimismo, la felicidad y el sentimiento de alta satisfacción con la vida se vinculan con menor riesgo cardiovascular”, explica la doctora Rosa Porro. “Por tanto, la promoción del bienestar mental debería ser parte integral del cuidado y prevención cardiovascular”, concluye.

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