El informe de ACNUR de 2018 refleja lo fácil que es morir en el Mediterráneo para intentar alcanzar Europa. Uno de cada 51 migrantes no vive para contarlo y el número de víctimas mortales se ha multiplicado por cuatro. Son las escalofriantes cifras que da la ONU.

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Hasta seis muertos al día. Es la media de migrantes que perdieron la vida en el Mediterráneo en el año 2018. Un año, además, en el que las llegadas a Europa se han reducido respecto a 2017. Sin embargo, el número de víctimas mortales se ha multiplicado hasta por cuatro.

En total, según el informe de ACNUR (el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados), hasta 2.275 personas han muerto o desaparecido en el Mediterráneo. Así, uno de cada 51 migrantes que intentaron llegar a Europa por mar no lo consiguieron.

Aunque el dato es inferior a 2017, el caso de la ruta del Mediterráneo central es mayor. En el camino que lleva de Libia a Italia, uno de cada 14 migrantes han muerto antes de llegar a tierra firme.

Más tiempo desamparados

El informe de ACNUR también muestra la preocupación de la agencia porque refugiados y migrantes pasan más tiempo desamparados en el mar. En embarcaciones desvencijadas, muchas veces sin comida ni agua, durante varios días, antes de llegar a tierra o ser rescatados.

La agencia lamenta que no haya un acuerdo a nivel europeo que permita desembarcos predecibles en los puertos. También que los buques mercantes sean cada vez más reacios a rescatar migrantes en dificultades.

“Salvar vidas en el mar no es una opción, ni una cuestión política, sino una obligación ancestral”, ha sostenido el máximo responsable de ACNUR, Filippo Grandi. “Podemos poner fin a estas tragedias teniendo el coraje y la ambición de mirar más allá del próximo barco y adoptar un enfoque a largo plazo basado en la cooperación regional, y centrada en la vida y la dignidad humanas”, ha defendido.

ACNUR ha querido hacer hincapié, además, de que “para muchas personas la travesía en el mar es solo el paso final”. Muchos realizan recorridos largos a través de zonas de conflictos o desiertos, con peligro de secuestros o torturas y la amenaza “de los traficantes de seres humanos”.

España como punto de entrada

Tras el cierre de Italia, España se ha convertido en el punto de entrada en la segunda mitad del año. Por nacionalidades, los marroquíes son quienes más tratan de llegar. Seguidos de argelinos y otros países como Guinea o Malí.

El informe refleja que la mayoría llegan por motivos económicos. Pero también hay quien huye de matrimonios forzosos o de la mutilación genital femenina, En el caso de las mujeres especialmente. O de la persecución por su orientación sexual. Además, también, de menores no acompañados.

La prohibición de Italia y los rescates en Libia han dado como resultado un cambio a mitad de año. Así, a partir de junio, el 85% de los rescatados en el Mediterráneo fueron desembarcados en Libia. Frente al 54% que fueron llevados a Europa en los primeros seis meses de 2018.

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