Más de 210.000 menores en Inglaterra están sin hogar y algunos han tenido que ser albergados temporalmente en contenedores de embarque reconvertidos en viviendas.

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Si Charles Dickens pudiera ver muchos lugares de la próspera Inglaterra de esta segunda década del siglo XXI, a buen seguro que escribiría de nuevo esas historias desgarradoras con las que denunciaba la enorme desigualdad entre ricos y pobres en sus novelas por capítulos dos siglos atrás. Por eso, el título del último informe de la Comisionada de Niños para Inglaterra que acaba de publicarse, “Bleak houses”, hace referencia a una de sus obras, “Casa Desolada”, en la que, además, el autor arremetía contra el sistema judicial inglés de la época victoriana. De acuerdo con las conclusiones del citado informe, en el país hay 124.000 niños que viven oficialmente sin hogar, a los que se suman otros 90.000 que no cuentan con un alojamiento fijo. En 375.000 se cifra el número de niños pertenecientes a familias en riesgo inminente de perderlo todo, incluso un techo bajo el que dormir, porque sus padres no pueden pagar el alquiler o la hipoteca.

La investigación llevada a cabo por la comisionada Anne Longfield sobre tan cruel realidad, también revela la existencia de familias instaladas en contenedores de carga para transporte marítimo o en edificios de oficinas rehabilitados, donde se comparten espacios tremendamente reducidos. Y es que la escasez de vivienda social ha hecho que las autoridades de muchos municipios ingleses hayan decidido utilizar otro tipo de “alojamiento”. Longfield visitó algunos de ellos y no ha dudado en denunciar su “tristeza y perplejidad” al comprobar lo que las autoridades municipales encargadas de nuevos desarrollos estaban haciendo para lidiar con el problema: “Son conversiones de edificios de oficinas, donde familias enteras viven en un solo cuarto del tamaño de un espacio de estacionamiento, y contenedores de embarque bajo un calor abrasador en el verano y congelados durante los meses de invierno”.

Aunque en su informe final no ofrece datos concretos sobre cuántos municipios están usando contenedores para albergar familias, sí se señalan las zonas donde la situación es claramente visible como Brighton, Cardiff, Bristol y Londres. En el noreste de la capital, por ejemplo, hay al menos 14 edificios de oficinas reconvertidos en más de 1.000 apartamentos individuales. En uno de esos edificios, las “viviendas” miden 18 metros cuadrados y están siendo utilizados por familias enteras, con padres y niños durmiendo en el único cuarto que también sirve de cocina, por lo que está claro que ni siquiera se cumplen con los estándares oficiales – una casa de un dormitorio debe tener al menos 37 metros cuadrados – a la hora de llevar a cabo las conversiones de los edificios. Además, la mayoría de estos inmuebles se encuentran situados en polígonos industriales en mitad de la nada y el camino para llegar a las tiendas, los colegios o centros de salud, es largo e inseguro.

Por lo que se refiere a los contenedores de embarque, estos también se ubican en lugares deshabitados y en desuso, destinados, algún día, a la construcción de viviendas de verdad que serán comercializadas con su correspondiente beneficio en el futuro. En uno de estos contenedores aislados del mundo vive Corelle, cuya historia recoge el propio informe, una madre de dos hijos que lleva nueve meses sufriendo la falta de espacio y el calor o frío, según la época del año, que hace en este tipo de estructuras. Todos duermen en una única cama porque no hay sitio para una cuna y durante muchas semanas bañó al bebé en el fregadero. Hasta que el bebé ya no cabía.

Por su parte municipios como el de Ealing, que utiliza los contenedores de embarque, aseguran que este tipo de alojamiento es “mucho mejor que los B&B estándar con sus baños compartidos” y que se han visto obligados a buscar soluciones innovadoras debido a la crisis general de vivienda. También el portavoz del Departamento para Comunidades y Gobierno Local, Martin Tett, ha querido salir al paso de las acusaciones. Asegura que es injusto señalar como responsables de la situación a los municipios porque ellos son los primeros en querer una casa segura para cada familia y culpa de ella a un déficit de 200 millones de dólares en fondos para los presupuestos destinados al servicio de las personas sin hogar, instando al gobierno de la financiación que les devuelva su anterior competencia para construir casas con las infraestructuras apropiadas.

La falta de viviendas asequibles, la inestabilidad financiera o los recortes al crédito universal son los culpables de una situación que está afectando cada vez a más familias, sin que el Gobierno de la nación, enredado en su empecinamiento por ganar a la UE en su insensata guerra del Brexit, ofrezca respuesta a tan urgente problemática. Una solución que pasaría, solo para empezar, con el incremento en las prestaciones por vivienda que permita la construcción de tres millones más de viviendas subsidiadas.

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