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Guo Jiakun y los «sentimientos nacionales»: la palanca con la que Pekín disciplina al fútbol europeo

El veto de CCTV a LaLiga tras las palabras de Mbappé sobre Mao Zedong revela cómo China convierte los sentimientos nacionales en una palanca de presión económica y política sobre el fútbol europeo

Rueda de prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, donde su portavoz, Guo Jiakun, se refirió a las palabras de Mbappé. Foto: ©Ministerio de Asuntos Exteriores de China.

El veto de la televisión estatal china a LaLiga tras un comentario de Kylian Mbappé sobre un meme de Mao Zedong va mucho más allá de una polémica deportiva. En menos de 24 horas, China encadenó una frase privada, una oleada de indignación en redes, un comunicado de su Ministerio de Exteriores, tres rupturas de patrocinio y una medida administrativa. Es la demostración práctica de cómo Pekín maneja la palanca de los "sentimientos nacionales".

El detonante fue una entrevista en el programa francés The Bridge, grabada en abril y difundida ahora. Preguntado por su meme favorito, el delantero del Real Madrid respondió: "Con el que más me he reído es ese en el que usan mi cara en un dictador chino. Lo utilizo mucho con mis amigos". El dictador al que aludía es Mao Zedong, fundador de la República Popular.

Un castigo diseñado para durar poco en la forma y mucho en el mensaje

La CCTV, dentro del grupo China Media Group (CMG), suspendió las retransmisiones de LaLiga y de los partidos de Mbappé, y retiró todos los anuncios protagonizados por el jugador. No ha fijado duración ni ha emitido comunicado propio; la información procede del medio shanghainés The Paper y la replicó el oficialista Global Times.

El portavoz de Exteriores, Guo Jiakun, aportó la fórmula política: "Cualquier retórica o acción que hiera los sentimientos del pueblo chino será naturalmente rechazada en todos los sectores en China". La expresión no remite a ninguna norma concreta ni a un procedimiento recurrible. Funciona como estándar abierto que nadie puede anticipar y que Pekín activa cuando le conviene.

Según El Mundo, el máximo responsable de CMG remitió además una carta en la que advertía de que no habría negociación hasta que LaLiga, el Real Madrid y "especialmente" el propio Mbappé pidieran perdón en público. La disculpa deja de ser una reparación comercial y se convierte en un acto de reconocimiento de autoridad.

La cascada empresarial confirma el patrón. Dongpeng Beverage, Mengniu y Milkground rompieron sus acuerdos con el futbolista, y la plataforma Xiaohongshu anunció que retira contenidos relacionados con él, aunque aclaró que su contrato había expirado en 2024.

La asimetría es el mensaje

Para China, suspender dos partidos en abierto por jornada dentro de una parrilla inmensa apenas supone un coste. Para LaLiga, en cambio, el golpe es estratégico: acaba de renovar hasta 2029/2030 su alianza con la plataforma estatal China Mobile Migu para difundir 380 partidos por temporada y presume de llegar a más de 900 millones de personas en el país, una cifra aportada por la propia liga. ABC cifra la amenaza en "cientos de millones de euros", una estimación periodística y no una valoración oficial. Por ahora no consta que el contrato con Migu esté en riesgo.

Esa desproporción es deliberada. Pekín no busca castigar un meme, sino exhibir su capacidad de castigo y recordar que la línea roja la traza ella. Lo hizo con Dolce & Gabbana en 2018, con la NBA en 2019 tras el tuit de Daryl Morey sobre Hong Kong, y con H&M en 2021 por el algodón de Xinjiang. El fútbol europeo se suma ahora a un repertorio de coerción económica de bajo coste y alta visibilidad.

Disculpa rápida, silencio institucional

La respuesta de Javier Tebas fue inmediata: "En nombre de LaLiga, quiero trasladar nuestras sinceras disculpas al pueblo chino". El comunicado de la liga subrayó que los comentarios se hicieron "a título personal" y que no representan a la institución. Mbappé también pidió perdón en X y aseguró sentir "un gran respeto por el pueblo chino".

LaLiga priorizó la velocidad y el mercado sobre cualquier principio de libertad de expresión de sus protagonistas. Actúa como un actor privado, pero Pekín la trata como un actor político. Mientras tanto, el Gobierno de España y la Unión Europea no se han pronunciado, un silencio elocuente en un Ejecutivo que presume de política exterior activa pero deja a su principal escaparate deportivo negociar a solas con una potencia autoritaria.

El episodio plantea una pregunta incómoda para el deporte europeo: cuando el socio comercial, el regulador y el censor son la misma entidad, ¿cuánto cuesta realmente comprar audiencia?

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