El presidente francés, Emmanuel Macron, ha tomado la palabra este domingo para responder a los disturbios en Francia de la víspera, unas protestas que degeneraron en saqueos, ataques a edificios públicos y enfrentamientos con la policía. En una declaración televisada, el mandatario fue tajante: "los que han intentado hacer caer la República tendrán que responder por ello".
Macron situó el origen de la violencia en "extremistas de un grupo de ultraizquierda" y en "numerosos delincuentes", que según su relato saquearon tiendas y destruyeron instalaciones públicas durante la jornada del sábado 17 de octubre. El presidente se preguntó por qué se incendió el ayuntamiento de Limoges y subrayó que "nada lo explica, nada lo justifica". Admitió, además, que el país siente "rabia y vergüenza".
Una respuesta con mano dura y exigencia de responsabilidades
El jefe del Estado prometió consecuencias claras: "los que han destruido tendrán que pagar" y "los que han saqueado tendrán que devolver el dinero". Reconoció que los agentes del orden, pese a su profesionalidad, sufrieron una violencia sin precedentes, y pidió al Gobierno que extraiga todas las lecciones sobre la recopilación de inteligencia, con total transparencia. Las investigaciones, aseguró, se llevarán a cabo con la máxima firmeza.
El Elíseo también prepara medidas preventivas. Los prefectos decidirán junto con los alcaldes cómo proteger ciudades, edificios públicos y comercios, lo que incluye prohibir determinadas reuniones cuando sea necesario. Macron lanzó además un llamamiento a partidos, organizaciones profesionales y sindicatos para que condenen "sin ambigüedad todo tipo de violencia". "El país necesita orden, apaciguamiento y no una escalada", resumió, y anunció que el primer ministro reunirá a estas formaciones en los próximos días para obtener posiciones públicas y claras.
El balance material del sábado es elevado. La policía ha detenido ya a 2.000 personas, y la Federación del Comercio y de la Distribución calcula daños por "cientos de millones de euros", con unas 1.500 tiendas vandalizadas.
Un fin de mandato agónico
La crisis llega en el peor momento político para Macron. Le quedan seis meses hasta las presidenciales, con una impopularidad notable tanto la suya como la de su Gobierno, que corre el riesgo de caer por una moción de censura durante el debate de los presupuestos de 2027. A ello se suma una situación financiera delicada, con unos tipos de interés de la deuda que han subido con fuerza desde febrero.
El termómetro electoral confirma el desgaste. Los sondeos para 2027 sitúan como favorita destacada a Marine Le Pen, líder de la extrema derecha, mientras que el líder de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, aparece entre los mejor colocados, aunque muy por detrás. Un escenario que convierte cada episodio de desorden en munición política.
Mientras tanto, la agenda exterior no da tregua. A partir de este lunes, el presidente iniciará una gira por Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Catar para abordar el conflicto desatado en la región por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán desde finales de febrero. Macron intentará así proyectar peso diplomático fuera de casa justo cuando más cuestionada está su autoridad dentro de ella.