El rey Mohamed VI ha endurecido el tono hacia Madrid. El monarca marroquí censuró este viernes las «declaraciones irresponsables» de sectores políticos y mediáticos españoles y advirtió de que la asociación entre ambos países «es una opción soberana y un compromiso voluntario y nunca será objeto de cualquier presión, amenaza ni chantaje». Lo hizo en plena crisis de Ceuta, y su mensaje abre un nuevo capítulo en la cooperación migratoria con España.
El soberano intervino en la apertura de la nueva legislatura parlamentaria en Rabat. Allí admitió que el modelo actual de cooperación en materia migratoria está «superado». Anunció además que Marruecos propondrá a sus socios una nueva estrategia para impulsar el desarrollo común y la estabilidad regional.
Es la primera vez que Mohamed VI se pronuncia sobre las relaciones con España desde los días 30 y 31 de julio, cuando miles de marroquíes cruzaron la frontera de Ceuta. La ciudad autónoma todavía no ha recuperado la normalidad tras aquel episodio.
Un mensaje con destinatario y calendario
El discurso no llega en un momento neutro. La próxima semana, Felipe VI y la reina Letizia visitarán Ceuta y Melilla en un viaje de enorme carga política e institucional. Rabat ha elegido fijar su posición justo antes de que la Corona española escenifique su respaldo a ambas ciudades.
La elección de las palabras tampoco parece casual. Al hablar de «presión», «amenaza» y «chantaje», el rey marroquí responde a quienes, en España, vincularon lo ocurrido en la frontera con un instrumento de coerción diplomática. El Ejecutivo español, que durante meses ha presumido de una relación privilegiada con su vecino del sur, se encuentra ahora ante un socio que reclama reglas nuevas y no esconde su malestar.
Cooperación en transición, Ceuta en tensión
Mientras tanto, la situación sobre el terreno avanza despacio. Las autoridades marroquíes colaboran con las españolas para lograr que los ciudadanos que entraron en Ceuta y permanecen en la ciudad regresen a su país. Poco a poco, la ciudad recupera espacios como las playas, que hasta hace pocos días ocupaban barracas levantadas por los propios migrantes.
La gran incógnita está en el contenido de la nueva estrategia que Rabat prepara. Si Marruecos plantea un esquema más exigente, con contrapartidas económicas, políticas o de seguridad, España tendrá que decidir hasta dónde está dispuesta a llegar. La dependencia de Madrid respecto a la colaboración marroquí en el control fronterizo le deja un margen de maniobra limitado.
El mensaje de Mohamed VI combina advertencia y oferta. Reclama respeto y deja claro que la cooperación no se negocia bajo presión, pero abre la puerta a un marco renovado. La respuesta del Gobierno español, y el tono con el que Felipe VI afronte su visita a Ceuta y Melilla, marcarán el rumbo de la relación bilateral en los próximos meses.