Las exportaciones de crudo de Oriente Medio han vuelto a ponerse por encima de las cifras anteriores al estallido de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, aunque los ataques contra buques en el estrecho de Ormuz y en otros puntos de la región no han cesado. Según la firma de análisis Kepler, los envíos superaron esos niveles el 24 de septiembre y de nuevo entre el 27 y el 29, con picos de hasta 22,5 millones de barriles diarios.
El dato desmiente, al menos en parte, el pronóstico más sombrío que acompañó al inicio del conflicto el pasado 28 de febrero. Entre marzo de 2025 y febrero de 2026, la región exportaba una media de unos 18 millones de barriles diarios. El 1 de octubre, la media móvil de siete días se situaba en 18,5 millones, es decir, ya por encima de aquella referencia.
Rutas alternativas para esquivar el bloqueo
Hay un matiz importante: la cifra no corresponde únicamente al crudo que cruza Ormuz. El cálculo de Kepler suma también los flujos que salen por vías alternativas, como los tránsitos por el mar Rojo, las exportaciones desde distintas terminales petroleras y las transferencias de petróleo entre barcos en el golfo de Omán.
En la práctica, los productores y operadores han aprendido a moverse en un escenario hostil. Ante la dificultad de mantener el tráfico habitual por uno de los grandes cuellos de botella energéticos del planeta, han diversificado salidas y multiplicado las maniobras logísticas para que el petróleo siga llegando a sus clientes.
El gas natural licuado muestra una tendencia parecida. El número de cargamentos que abandonaron Ormuz en septiembre alcanzó su nivel mensual más alto desde febrero, otra señal de que el comercio energético se adapta a la presión militar.
Los datos tienen además una limitación evidente. No incluyen a los buques que han cruzado el estrecho con el sistema de identificación automática apagado para no ser detectados. Eso significa que el volumen real de hidrocarburos que logra atravesar la zona podría ser superior al que reflejan los registros oficiales.
El mercado respira, la región no
El repunte ha tenido un efecto directo sobre los precios. El crudo cayó con fuerza este lunes 5 de octubre, en un mercado que interpreta que el suministro puede seguir fluyendo incluso con la guerra abierta y con ataques que, lejos de remitir, se extienden por la región.
Conviene, sin embargo, no confundir alivio de precios con estabilidad. El mercado descuenta ahora la capacidad de adaptación de los exportadores, pero sigue expuesto a cualquier incidente que complique las rutas alternativas, especialmente en el mar Rojo, donde los avances de los hutíes añaden otro factor de riesgo para el comercio global.
La lectura estratégica es clara: la guerra no ha logrello cerrar el grifo energético del Golfo, y eso reduce una de las palancas de presión más temidas por las potencias implicadas. A cambio, desplaza la vulnerabilidad hacia corredores menos protegidos y más difíciles de controlar. Si los ataques continúan, la resiliencia del sistema se pondrá a prueba, y con ella la tolerancia de los mercados.