El Gobierno de Yemen, reconocido internacionalmente y respaldado por Arabia Saudí, ha anunciado una gran ofensiva militar para recuperar todas las zonas en manos de los hutíes, el grupo rebelde apoyado por Irán. La televisión oficial yemení calificó la operación de "hora cero". Con ella, Adén abandona la postura defensiva que mantenía frente al tándem hutí-iraní y pasa al ataque.
Rashad al Alimi, presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial, comunicó la decisión en un discurso grabado. Aseguró que ha ordenado a las fuerzas armadas y de seguridad que ejecuten sus misiones "hasta liberar el país del yugo de la milicia terrorista". Cuenta para ello con el apoyo de la aviación saudí. Alimi sostuvo que se han agotado todas las vías para rebajar la tensión y pidió ayuda a los aliados regionales e internacionales. Un portavoz militar instó después a los rebeldes a deponer las armas.
La respuesta de los hutíes llegó en cuestión de horas. El grupo afirma haber lanzado misiles balísticos y drones contra instalaciones de la petrolera saudí Aramco en Riad y en la zona de Khurais, con graves incendios, según su versión. Presenta los ataques como represalia por los bombardeos de la coalición liderada por Riad durante las últimas 12 horas.
Bab el Mandeb, la palanca de los rebeldes
El momento no es casual. El mes pasado, los hutíes tomaron en pocas semanas el puerto de Moca y la isla de Mayun. Con ello controlan de facto el cruce marítimo de Bab el Mandeb y unos 150 kilómetros de costa en el mar Rojo. Esa posición les da un enorme poder de disrupción sobre el suministro mundial de hidrocarburos, en un momento en que la ruta cobra valor como alternativa al bloqueo iraní del estrecho de Ormuz.
En las últimas 48 horas, además, los rebeldes han avanzado sobre varias colinas estratégicas cerca de Taiz, la tercera ciudad del país, y amenazan la última carretera que la conecta con Adén. Mientras tanto, los canales diplomáticos de la ONU y de Omán, que propició la tregua de 2022, siguen paralizados. Los hutíes buscan convertir su control marítimo en una baza para negociar con Riad.
El alto el fuego de abril de 2022 había congelado los frentes internos y los 1.200 kilómetros de frontera entre Yemen y Arabia Saudí. Se mantuvo en gran medida hasta este año, cuando los rebeldes atacaron con misiles y drones buques e infraestructuras petroleras saudíes. En 2019, un ataque similar contra Aramco paralizó más del 40% de la producción de crudo del reino.
Un conflicto que puede ensancharse
La decisión de Alimi amenaza con abrir otro frente en la guerra contra Irán, lanzada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, y con reactivar un conflicto yemení que desde 2015 mantiene el país dividido en dos capitales y dos gobiernos. Los hutíes controlan el 30% del territorio, pero gobiernan sobre el 75% de la población.
Queda por ver cómo reaccionará la región. Riad podría activar sus nuevos acuerdos, ya sea con Ankara y Pakistán en el Pacto de La Meca o con la Coalición del mar Rojo, creada el 31 de julio para proteger la navegación frente a los ataques hutíes. Washington, por su parte, se muestra reticente a verse arrastrado a una segunda guerra en el mar Rojo.
La factura humanitaria es ya crítica. El Programa Mundial de Alimentos advirtió la semana pasada de que tres de cada cuatro familias pasan hambre en algunas zonas por el aumento de los combates. Yemen es el país más pobre de Oriente Próximo y la ONU atribuye el 60% de las 377.000 muertes entre 2015 y 2022 a causas indirectas como el hambre o la falta de atención sanitaria.