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Zelenski golpea los centros de datos de Yandex y desconecta parte de la vida digital rusa

Los drones ucranios han destruido tres centros de datos de Yandex cerca de Moscú. Zelenski asegura que los bots rusos callan, pero los expertos lo desmienten y apuntan a un coste real para el sector tecnológico ruso

Oficina de Yandex en Moscú. Foto: ©WikiFido/ Wikimedia.

La guerra entre Rusia y Ucrania ha abierto un nuevo frente: el digital. Los drones ucranios han destruido tres centros de datos de Yandex, el llamado “Google ruso”, en las regiones de Riazán, Kaluga y Vladímir, todas cercanas a Moscú. Kiev responde así, con la lógica del ojo por ojo, a los bombardeos rusos contra su propia infraestructura de internet, que comenzaron en primavera. El presidente Volodímir Zelenski ha celebrado el golpe, aunque los expertos rebajan su alcance.

Según la propia compañía, el trabajo en Riazán quedó “completamente detenido”, el centro de Kaluga tuvo que ser “deshabilitado” y los servidores de Vladímir quedaron fuera de servicio. Yandex Cloud sigue operando en “modo de emergencia”, y Yandex Taxi dejó de funcionar durante horas, de Moscú a Irkutsk. Yandex Pay, el servicio de pagos, mantuvo retenido el dinero de miles de usuarios y solo ahora recupera la normalidad de forma gradual.

El mapa de Yandex Karta, equivalente ruso de Google Maps, muestra hoy un simple río allí donde está el Kremlin. Da igual que el usuario pinche en un pueblo cercano al frente o en un aeropuerto: la aplicación no ofrece imágenes ni datos aportados por los usuarios.

El debate sobre los bots del Kremlin

Zelenski aseguró en el Foro de Seguridad de Varsovia que los bombardeos han dejado inactivos los bots con los que los servicios rusos intentan desestabilizar el debate occidental. “De repente se hizo un poco más fácil respirar en muchas plataformas de redes sociales”, afirmó. Los especialistas, sin embargo, le enmiendan la plana.

El consultor en ciberseguridad Lukasz Olejnik aclara que esos bots son los rastreadores de búsqueda de Yandex, no las cuentas usadas en operaciones de influencia. Las granjas de troles, añade, se esconden tras servidores proxy, dispositivos secuestrados y nubes occidentales. El analista polaco Jarosław Wolski reconoció incluso que erró al difundir una supuesta caída del 56% del tráfico de bots en torno a la AfD. Su mensaje alcanzó millones de impresiones, y varios centros de análisis no hallaron un descenso duradero.

El consultor Mykolas Katkus coincide: la actividad de troles depende más de los temas que se abordan en redes que de la infraestructura que se bombardea.

Un coste real para el sector tecnológico ruso

El impacto, con todo, existe. Los ataques complican al Kremlin el bloqueo de las VPN y dañan los servicios de banca electrónica. Rusia no fabrica hardware: lo importa de contrabando, con un sobrecoste notable, para eludir las sanciones. Reponer los centros destruidos agrava las pérdidas de un sector ya tensionado por la crisis económica. Trasladar los servidores a Siberia tampoco es una solución, según el canal ZaTelekom: faltan centrales eléctricas y personal, los drones ucranios ya llegan allí y la distancia añade latencia.

La ofensiva tiene también efectos colaterales para Kiev. Mark Krutov, periodista de Radio Free Europe/Radio Liberty, advierte de que la caída de servicios como Street View o las imágenes de cámaras de salpicadero priva al análisis por fuentes abiertas (OSINT) de herramientas valiosas.

El ministro ucranio de Exteriores, Andrii Sybiha, denuncia que Moscú busca complicar la vida de los civiles con ataques a centros de datos y telecomunicaciones. El asesor presidencial Serhii Beskrestnov lo relativiza: la diversificación de proveedores hace casi imposible un apagón general de internet en Ucrania.

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