El futuro del Valle de los Caídos es aún incierto tras la salida de los restos de Francisco Franco. Podría haber más exhumaciones, cambiar el simbolismo del mausoleo o atender a las peticiones de las víctimas.

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La exhumación de Franco del Valle de los Caídos pone punto a una etapa y, según Sánchez, “cierra el círculo de la Transición”. Pero aún quedan cabos sueltos, como advierten las asociaciones memorialistas. El futuro del mausoleo no está claro todavía. Podría haber más exhumaciones y, sobre todo, cambiará el simbolismo de Cuelgamuros.

Hay tres grandes cuestiones pendientes. El primero de ellos, decidir el futuro de los otros enterrados en la Basílica. Más de 33.800 personas según los cálculos tienen sus restos en el Valle. La mayoría de ellos sin identificar y casi todos sacados de fosas comunes y enterrados allí sin el consentimiento de sus familiares.

La segunda de las cuestiones será pensar en un nuevo uso del recinto. Habrá que decidir si desacralizar, hacer un centro de memoria, destruirlo… Aunque esta última posibilidad es quizá la más rechazada.

Y, por último, habrá que dar respuesta a la petición de los represaliados por el franquismo y sus familias. Desde reconocerlas como víctimas a la apertura de fosas para recuperar restos, derogar la ley de amnistía o retirar símbolos fascistas.

Tras la exhumación de Franco, es más que probable que la petición de exhumaciones de víctimas se multiplique. Son muchas las familias que ya han solicitado sacar los restos de antepasados para que descansen donde ellos querían y no en la Basílica.

Benedictinos

Los benedictinos tenían una labor clara en el Valle: cuidar de la tumba de Franco. Una vez el dictador ya no reposa allí, el Gobierno podría impulsar un nuevo acuerdo con la Iglesia para que sea otra institución eclesiástica la que se ocupe de la Basílica. Y es que la comunidad benedictina recibe 340.000 euros de subvención. En vista de los problemas que han puesto para la exhumación, el Ejecutivo podría sustituirlos.

Sin embargo, eso no significa que la Basílica tenga que ser destruida. Es más que probable que siga siendo un lugar al cual acuda quien lo desee a rezar a sus muertos.

Las víctimas y José Antonio

Más de 33.800 personas yacen entre los muros del Valle. Según algunos historiadores podrían incluso ser 50.000. Es, sin duda, la mayor fosa común de España.

Aunque en un primer momento Franco no tenía pensado enterrar allí a muertos del bando republicano, el retraso en la construcción del Valle (que duró 18 años y no 6 como se esperaba) hizo que muchas familias de nacionales se negaran a trasladar a sus muertos pasado tanto tiempo. Algunos Ayuntamientos dejaron claro que existían “fosas del ejército rojo”. Y el Régimen decidió entonces abrirlas, sin el conocimiento de los familiares de los fallecidos, y llevar los cuerpos a Cuelgamuros.

Con el paso de los años, una veintena de familias descubrió que sus seres queridos descansaban junto a su verdugo. Y comenzaron una batalla para recuperar sus restos. El Gobierno pretende devolver los fallecidos a sus familias y dignificar las tumbas.

Las filtraciones de agua han provocado sin embargo que algunos féretros se hayan deshecho. Otros permanecen amontonados en los columbarios. Restos mezclados y algunas criptas están destrozadas. Es casi imposible poder identificar individualmente a todos. Pero sí podrían rehabilitarse las criptas y dignificar el lugar de enterramiento de más de 33.800 personas.

Junto a todos ellos también está la tumba de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange. Se sitúa junto al altar. En 2011, el comité de expertos de Zapatero explicó que sí puede ser considerado una víctima, pues fue encarcelado en la prisión republicana de Alicante y fusilado en noviembre de 1936. Sin embargo, su ubicación sí es preferente. Algo que “quiebra el igual tratamiento debido a los restos de las personas allí enterradas”.

Algunos memorialistas han pedido ya que también se exhume a Primo de Rivera, pues responsabilizan también a los falangistas de buena parte de los crímenes del franquismo.

Solución intermedia

Hay quien apuesta por destruir el Valle de los Caídos completamente. Otros prefieren dejarlo como está. Entre una y otra opción existe una solución intermedia. Que cobra, además, mucha fuerza.

Se trataría de crear un espacio de memoria, un centro de interpretación y concordia que sirva para aprender de los errores del pasado.

Según la ley que aprobó el Gobierno el verano pasado, tendrá que ser un lugar “destinado a honrar y rehabilitar la memoria de todos los fallecidos en la Guerra y la represión política posterior”.

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