El Gobierno aprobaba este domingo in extremis una moratoria al cierre inmediato y total. De manera improvisada, aseguran que se ha hecho para que algunas actividades «se paralicen paulatinamente».

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Fue el pasado sábado cuando Pedro Sánchez anunciaba, tras negarse durante días, el cierre total de las actividades no esenciales. La norma sería publicada en el BOE este domingo y se haría efectiva este lunes y hasta al menos el 11 de abril. Sin embargo, casi de madrugada, cuando se confirmaba el decreto, se aprobaba también una moratoria para que las actividades «se paralicen paulatinamente».

Lo confirmaba, a su vez, Margarita Robles en La Sexta. En ciertos sectores, decía, «en los que resulte imposible interrumpir de modo inmediato la actividad, las personas trabajadoras incluidas en el ámbito de este Real Decreto podrán prestar servicios el lunes 30 de marzo».

La decisión se confirmaba de manera precipitada, cuando miles de trabajadores esperaban al BOE para saber si su actividad es o no esencial.

La moratoria se ha convertido en un signo más de la división del Gobierno. De un lado, la ministra Nadia Calviño, que ha defendido la continuidad de la actividad económica. Su objetivo en todo momento ha sido que el país «no se pare» completamente, pese a la ralentización obvia e inevitable. Y que la afectación a los puestos de trabajo fuera lo más contenido posible.

Del otro lado, la postura de Podemos. Hace ya 10 días, Iglesias planteó a Sánchez el cierre de la actividad productiva no esencial. Avalaban su posición para frenar la curva de la epidemia y al sentido común, para evitar gente apelotonada en el metro todos los días.

«Hibernación» de la economía

El Gobierno confía que haya solo un periodo de «hibernación» de la economía. Y aprovechará el parón de la Semana Santa para mitigar los efectos del parón. Además de aliviar la carga a las empresas.

Sin embargo, desde la patronal critican la urgencia con la que se llevó a cabo el cierre. Algunos se quejan de que no han recibido la suficiente información. Ni tampoco se ha dado margen a las empresas para adaptarse.

La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, defendió por el contrario la medida. Y dejó claro que «no vamos a aceptar presiones de ningún tipo». Después de prohibir los despidos, en una intervención laboral sin precedentes, el Gobierno choca de nuevo con los empresarios.

Pese a ello, se ha mostrado in extremis flexible y ha admitido una moratoria para que la medida no arranque hasta este martes finalmente. Si no hay más cambios sorpresa.

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