Miles de personas vuelven este lunes al trabajo tras la llamada hibernación de 15 días de los trabajos no esenciales. Lo hacen en medio del caos, con muchas empresas sin preparar y con el reparto de mascarillas a última hora en el transporte público.

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El pasado 30 de marzo, el Gobierno endurecía las medidas de confinamiento y ordenaba el cese de toda actividad no esencial. Se pretendía así reducir la movilidad lo máximo posible, aprovechando además la Semana Santa. Una manera de bajar la curva de contagios por coronavirus. Albañiles, fábricas y otros trabajos que requieren la presencia de los trabajadores entraban en lo que se llamó hibernación. Este lunes, después de 15 días, miles de personas vuelven a ellos. Con la reticencia de sanitarios y expertos pero con la premura de economistas. Y lo hacen en mitad del caos, con empresas que no están preparadas para mantener la seguridad y evitar contagios y con mascarillas repartidas en el transporte público.

Madrid, donde se incorporan unos 300.000 trabajadores, y Cataluña, entre otras, han expuesto sus dudas por el riesgo a nuevos repuntes en los contagios. La comunidad científica busca, por su parte, como equilibrar el impacto del coronavirus con mantener la actividad económica.

Con la vuelta de este lunes se regresa a las condiciones del estado de alarma del 14 de marzo. Lo que significa confinamiento para la mayor parte de la población. Y el cierre de lugares sociales como bares, restaurantes, colegios o centros de ocio entre otros muchos negocios. Pero se reinicia la actividad económica.

Protección individual

Aunque los expertos sanitarios dudan de que sea la mejor opción, lo cierto es que los trabajadores volverán este lunes. Pero lo harán, dicen, más concienciados y con protección individual obligatoria. Algo de lo que muchas empresas se quejan, ya que el 95% de ellas no cuenta con los equipos de protección adecuados.

Otros aseguran que en algún momento hay que retomar la vida normal. Y que aunque vuelve a haber contagios, que será normal, se ha evitado la ola mayor.

Para todos ellos el Gobierno entregará mascarillas. La organización y previsión han estado sumidas en el caos. Hasta última hora del domingo las comunidades no conocían cuál tenía que ser el protocolo de actuación.

A las 18:00 horas, se detallaba a los ayuntamientos que debían entregar entre el lunes y el martes, de 6 a 9 de la mañana, mascarillas. Lo harían en todas las estaciones de Metro, las líneas de autobuses de la EMT y las paradas de Cercanías en Madrid ciudad. Una tarea que ha recaído en la Policía Municipal y en voluntarios de Protección Civil. También de la Policía Nacional.

La mayoría de autonomías se han quejado de la falta de planificación para esta vuelta masiva. En ciudades como Madrid se teme que no se pueda respetar la distancia mínima de seguridad entre individuos.

En la capital se repartirán alrededor de 1,4 millones de mascarillas, de los 10 millones que se distribuirán en todo el país. La Policía, sin embargo, asegura que muchos de los trabajadores están acudiendo ya con sus propias mascarillas. Y que son más policías que civiles en el transporte público.

Se calcula que en Madrid se producirán un millón de desplazamientos tras la reincorporación de estos 300.000 trabajadores.

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