Para salir de prisión no es preciso que Joaquim Forn arguya, como hizo con anterioridad, que debe cuidar de su mamá, que está mayor la pobre y algo pachucha.

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Gracias a su gran prestigio como letrado le ha fichado, en un loable rapto de filantropía, ese buen samaritano y ejemplar hombre de negocios que es Jaume Roures, dueño de Mediapro. Se juntaron, pues, el hambre y las ganas de comer. Lo mejor de cada casa.

La trayectoria de Roures es de lujo. Saltó a la fama cuando Zapatero, hoy palanganero máximo del régimen bolivariano, canciller de Relaciones Públicas de los narcodictadores Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, le concedió licencia de emisión sin concurso a La Sexta (a día de hoy cara-B de Antena 3). En esa andadura, Roures ya contaba con su inseparable socio, Tatxo Benet, con quien montó, por diversificar inversiones, el ruinoso diario ‘Público’. Fue Roures, durante años, uno de los mandamases en los informativos de TV3, donde echó los dientes en el mundo de la comunicación, atesorando experiencia para convertirse con los años en todo un magnate, batallando por los derechos de retransmisión del fútbol y de las carreras del mundial de Fórmula-1. Ha colaborado, en un discreto segundo plano, con la Generalidad de Cataluña en los preparativos del golpe separatista y financiado diversos documentales sobre la “brutal” represión policial en la jornada del 1-O de 2017. Su última aportación ha consistido en comprar al jeta-showman televisivo Andreu Buenafuente la productora ‘El Terrat’. Votante, según la ocasión, de CUP y Podemos en su versión catalana: Ada Colau. Y, cómo no, amigo personal de George Soros… que no de la finada madre Teresa de Calcuta, como cabía esperar. Pero quizá el mayor hito de su dilatada biografía es su colaboración con el comando Barcelona de ETA. Fue detenido en el año 1983 por brindar hospedaje, siempre tan caritativo, a uno de los terroristas implicados en el secuestro del industrial Saturnino Orbegozo.

Joaquim Forn, gracias a su formación de leguleyo, sabe cómo saltarse la ley a la torera, y no ha mucho tiempo ejerció esa habilidad en comandita con el gobierno al completo de la Generalidad de Cataluña, si bien, horas antes del día de autos, el consejero (ministrínSanti Vila se apeó de ese tren en marcha. Fue, si no recuerdo mal, la única deserción del gabinete. Forn, que era uno de los separatistas más fanáticos de esa alegre ‘troupe’, tenía bajo su mando a los Md’E, un cuerpo armado integrado, ahí es nada, por 17.000 efectivos y capitaneado por un señor, no es coña, apellidado Trapero. Capítulo cerrado, de momento… pero eso no impide a Forn poner sus conocimientos al servicio de Roures, en la seguridad de que no hay tanta diferencia entre el anterior y su nuevo cometido, pues el mal, como el agua, siempre encuentra aliviadero por donde discurrir.

En definitiva, ya están todos los golpistas o fugados o en régimen abierto, que es de lo que se trataba, pues en la sentencia urdida por el servil tribunal, Marchena al aparato (el aparato es la jofaina del lupanar), se obviaba la facultad de retener a los reos en prisión hasta el mediado cumplimiento de la condena, voluntad expresa de Pedro Sánchez… por amarrar su investidura con el voto afirmativo o la abstención de los partidos implicados en el golpe, blandiendo líricamente la manida excusa del “diálogo” y otras pamemas similares. Todos, incluido Rull (o Turull, no recuerdo si uno u otro, pero es indistinto, pues son intercambiables como Hernández y Fernández -Tintín-  o Zipi y Zape), alumno aventajado de aquella leva de los así llamados “jóvenes talibanes de CDC”, que era el más necesitado de excarcelación pues mientras permaneció entre rejas protestó airadamente (se verá por qué) de la “invasiva” dieta penitenciaria, un comistrajo infecto e impropio de su refinado paladar. Problema que se solventó tras el pactado “acercamiento” de tan insignes presos a las cárceles catalanas.

“Dieta invasiva”, en efecto, pues el interfecto se quejó amargamente de que el menú servido en Soto del Real era “maligna y premeditadamente flatulento”. No es broma, esas declaraciones tuvieron eco en la prensa catalana. Nutricionistas a sueldo del anterior gobierno, acaso elementos indeseables del CNI, diseñaron para él, eso se deduce de su jeremiada, una auténtica bazofia nutricional que le provocaba una incontrolable aerofagia. De modo que Turull (o Rulltanto monta…), extrañado de sus vísceras y de su bandullo, sintió su aparato digestivo tiranizado y colonizado por gases aviesamente acumulados en pesadas digestiones. Gases de obediencia española. Ya no era el dueño efectivo de su metabolismo, sino la impotente víctima de la sumisión estomacal. ¿El efecto de esa sucia maniobra de sus victimarios opresores, de sus verdugos culinarios? Una continua y vergonzante pedorreta que le impedía relacionarse con otros reclusos… pero, no hay mal que por bien no venga, tan a propósito para intercambiar elaborados mensajes con Quim Torra cuando éste se mete entre pecho y espalda una contundente ración de butifarra con judías (véase “Petomán Torra”).

De modo que tenemos a Forn estudiando legajos, revisando contratos, cabildeando al servicio del escurridizo multimillonario Roures y de su infinidad de chanchullos, velando por los intereses de su fortuna descomunal. Cierto que Forn en absoluto desentona en el gabinete asesor del interfecto, pero, por aquello de “cada oveja con su pareja”, y atendiendo a su singladura profesional, lo suyo habría sido encontrar acomodo en el bufet de Gonzalo Boye, otro significado prohombre del golpismo separatista y héroe de la extrema izquierda “podemoide” y antiespañola, pues también Boye colaboró con ETA en el secuestro de Emiliano Revilla. No contento con su pasado terrorista, edita Boye publicaciones del calibre de la revista ‘Mongolia’ y ‘Eldiario.es. Y, por descontado, como letrado defiende a un gran elenco de delincuentes de variada condición. En su cartera de clientes figuran el narcotraficante Sito Miñanco, el asesino Rodrigo Lanza* (véase “Ésa es la actitud”), el forajido Puigdemont o Valtonyc, el bardo borde asilado a mantel y cuchillo en el palacete de Waterloo. En definitiva, cada cual en su sitio y el de Forn junto a Roures, o Gonzalo Boye, que lo mismo da que da lo mismo.

(*) Se lee en la prensa que se repetirá el juicio contra Rodrigo Lanza por darle matarile de un botellazo en la cabeza a su víctima, pues lucía el muy provocador unos tirantes con la bandera nacional. De agravarse la condena contra Lanza, “Rodri” para sus admiradores (4 risibles años), es cosa segura que nos agasajarán con un nuevo documental, a premiar en la gala de los “Goya”, cantando la excelsitud del personaje injustamente represaliado.

PS.- Como el ajo para los vampiros, un cocidito madrileño para Rull & Turull. Aquí una foto del arma táctica de destrucción masiva diseñada por los sádicos agentes del CNI encuadrados en la DB, División Bacteriológica… una réplica exacta del siniestro Escuadrón 731 del Kempeitai nipón que cometiera inconcebibles atrocidades (experimentos “científicos” y mil perrerías distintas con prisioneros) durante la guerra chino-japonesa, 1937-1945, con la anuencia del gobierno títere del Manchukúo.

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