La purga de Echenique, saliendo de la Secretaría de Organización, no ha calmado a los críticos con Iglesias y Montero. Aseguran que es una medida insuficiente para renovar al partido y recuperar a los votantes perdidos.

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Ni Pablo Iglesias, cabeza visible de Podemos, ni Irene Montero, quien acumula más poder tras la caída de Echenique, han asumido responsabilidades por la debacle electoral del partido. Es lo que aseguran sus críticos internos. Muchos de ellos no han dudado en explicar que la salida del Secretario de Organización es un parche, una medida insuficiente que no purga a la formación. Si la dirección pensaba calmar los ánimos de los críticos ha conseguido prácticamente lo contrario.

Muchos ven ya a Echenique como cabeza de turco, por ser el responsable de los territorios. Su mala gestión provocaba su salida inmediata. Aunque no ha sido suficiente para los críticos. Así, la dirección nacional forzaba una reorganización interna para intentar apagar las voces contrarias.

El nombramiento de Alberto Rodríguez como nuevo Secretario de Organización corresponde a este intento. El cantario, además, pertenece al Consejo Ciudadano Estatal de Podemos pero no tenía cargo alguno en la Ejecutiva del partido.

Más abandonos

Mientras los críticos exigen responsabilidades, las voces disonantes empiezan a abandonar sus puestos. Así, el secretario de Relaciones Internacionales del partido, Pablo Bustinduy, deja su cargo.

Fue número uno a las elecciones europeas y fiel errejonista. En marzo anunciaba que se apartaba de la candidatura, sólo unos días antes del regreso de Iglesias tras su baja paternal.

Este sábado, celebran un Consejo Ciudadano Estatal, máximo órgano del partido pero sin poder de decisión. Allí analizarán los resultados electorales y podrán aprobarse los cambios propuestos por la cúpula.

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