Albert Rivera se enroca en el no a Sánchez tras la cadena de dimisiones de su partido. La crisis interna de Ciudadanos es ya un hecho aunque su líder y la Ejecutiva parecen dispuestos a no debatir su estrategia de cara a la investidura.

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La crisis interna en Ciudadanos es más que palpable. Aunque llevaba semanas gestándose, fue este lunes cuando todo estalló por los aires con las dimisiones de Roldán, Nart y Vázquez. Pese a ello, Rivera se enroca en su no a Sánchez de cara a la investidura.

Tras las críticas de los tres miembros del partido, la dirección del mismo lanzó un mensaje de inmutabilidad. Seguirá en su rechazo al “sanchismo” por “lealtad”, dicen, a sus votantes. Como ejemplo de ello, confirmaron que Rivera no quiso entrevistarse la semana pasada con Sánchez en Moncloa y explorar así un pacto de investidura.

Una actitud que ha dividido aún más al partido. Muchos temen una escisión. Y es que se ha ido articulando un frente opositor a Rivera. Está formado, por un lado, por Garicano y Roldán. Junto a ellos, muchos jóvenes colaboradores del Congreso y la Eurocámara. Y por el otro lado, por los exdirigentes de UPyD, como Prendes, Igea o Maura. Nunca se han sentido ligados del todo al proyecto de Rivera y es, sin duda, ahora el momento que mejor lo demuestra.

Como gesto preventivo, Rivera ha decidido colocar en los puestos libres dejados por Nart y Roldán a dos casi recién incorporados: Marcos de Quinto y Edmundo Bal.

Juan Vázquez

Por si fuera poco, a las dimisiones de Nart y Roldán se sumaba la de Juan Vázquez, candidato de Ciudadanos a la presidencia de Asturias.

A última hora del lunes anunciaba que dejaba su acta ante “el cambio de orientación política” del partido. Afirma que tenía que tener una posición “de centro”, como un “partido bisagra” para dar estabilidad. Y eso no es lo que estaba ocurriendo. “Cuando entré en Ciudadanos estos postulados se mantenían y hoy están cuestionados”, ha dicho.

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