Quim Torra ha evitado en todo momento condenar la violencia aunque ha dicho no sentirse “representado” por estos actos. En su unión a la ‘marcha por la libertad’ de la ANC, el presidente catalán volvía a alentar a la movilización.

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Aunque en un mensaje en Twitter Torra aseguraba que “la violencia no me representa”, ha evitado explícitamente condenar los graves disturbios de estos días. Sobre todo, los llevados a cabo en la madrugada de este miércoles en Barcelona.

El presidente de la Generalitat sigue mostrando una actitud dual y se refugia en las manifestaciones cívicas contra la sentencia. De hecho, este miércoles se unía a una de las llamadas ‘marchas por la libertad’, organizadas por la ANC. Concretamente, se sumaba a la que había partido de Gerona. Lo hacía a la altura de la localidad de Caldes de Malavella.

Ante los medios, ha evitado condenar los actos violentos. Y volvía a alentar las movilizaciones. “Estas marchas demuestran lo mejor del pueblo catalán. Espero que sea un gran éxito”, decía. “Es fantástico ver al pueblo movilizado (…). Que nadie tenga duda de que este Gobierno estará al lado de la gente”, continuaba. Para desear después “todo el éxito a esta manifestación pacífica”.

Insistía Torra en aludir a las palabras “cívica” y “pacífica” para calificar a las marchas, que llegarán a Barcelona este viernes. Y ha insistido en que su presencia es una forma de mostrar “apoyo” a unas movilizaciones “por el derecho de los catalanes a la autodeterminación”. Junto a Torra, el ex lehendakari Juan José Ibarretxe, a quien ha agradecido su apoyo.

Sin condena directa

Pese a que reincidía en el concepto de pacificismo, Torra evitaba a toda costa condenar la violencia. A pesar, incluso, de que se lo han pedido varios miembros del Gobierno durante este miércoles.

Sin embargo, ninguno de los miembros del Gobierno catalán se ha mostrado en contra de la violencia explícitamente. En todo momento aseguran empatizar con las movilizaciones y se refieren a ellas como pacíficas.

Ninguno ha querido pronunciarse, caminando en un peligroso limbo entre la permisividad y el envío de Mossos para aplacar estos incidentes.

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