El teatro de la Plaza de Oriente estrenó anoche una obra de marcado sabor norteamericano en una producción de solvente factura con un elenco en el que destacaron el tenor Joel Prieto, dando vida a Sam Kaplan, y las sopranos Patricia Racette y Mary Bevan en los roles de Anna y Rose Murrant respectivamente.

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También brilló de forma especial la Orquesta Titular del Teatro Real, dirigida en esta ocasión por Tim Murray, en una demostración más de su madurez a la hora de afrontar con calidad y precisión el reto de cualquier tipo de partitura.

Momento de 'Street Scene'
Momento de ‘Street Scene’

Con independencia de la etiqueta que algunos quieran colocar a ‘Street Scene’ – musical de Broadway versus ópera estadounidense -, la obra de Kurt Weill estrenada anoche en Madrid supone para el público la gran oportunidad de dar un paso más en esa benéfica curiosidad que lleva consigo cualquier tipo de actividad cultural. Un paso, además, en el acercamiento a una sociedad, la estadounidense, que protagonizó la vida de muchos europeos durante la primera mitad del siglo XX. El propio compositor de ‘Street Scene’, Kurt Weill, fue uno de aquellos europeos que tuvo que buscar refugio al otro lado del océano, en su caso, huyendo de la persecución nazi en su Alemania natal.

Instalado finalmente en Nueva York, Weill empezó la nueva etapa de su carrera con la inteligencia, y esa sana curiosidad de la que hablábamos antes, de sumergirse por completo en el “nuevo mundo”. Su deseo era, según confiesa él mismo en cartas personales y entrevistas públicas, hacer música americana y, por supuesto, lo consiguió. No tardó en hacerse un hueco en la cartelera del mítico Broadway y con ‘Street Scene’ pudo, además, narrar las penurias cotidianas de quienes, con menos fortuna que él, también buscaron su futuro lejos del lugar en que nacieron. Emigrantes que compartían con norteamericanos la tragedia de una vida en la trastienda de grandes urbes como Nueva York.

Momento de las jóvenes voces de 'Street Scene'
Momento de las jóvenes voces de ‘Street Scene’

En el texto del gran autor teatral Elmer Rice, ‘Street Scene’, estrenado en 1929 y galardonado con el Premio Pulitzer, encontró Weill magníficos mimbres para hacerlo. Porque Rice llevaba años denunciando a través de su obra el fracaso de los esfuerzos reformistas del siglo XIX, cuyo resultado era el hacinamiento en precarias viviendas de los inmigrantes y refugiados llegados al país de los sueños a finales de los años veinte. Y aunque al principio Rice opuso cierta resistencia a ver su obra “cantada”, no tardó en encargarse personalmente – otra decisión inteligente propia de quienes viven su arte en lugar de vivir de su arte – de convertir su texto teatral en un libreto de ópera con la colaboración de Langston Hughes.

Por su parte, Weill firmó una soberbia partitura, – galardonada con el Premio Tony a la mejor partitura original -, de marcada solidez, sin fisuras a pesar de ser enormemente heterogénea, plagada de ritmos y estilos por completo diferentes, que en Street Scene forman un cuidadísimo todo. Un conjunto armónico perfecto en el que avanza la acción sin frenazos ni aceleraciones. Eficaz partitura que incluye jazz, blues, swing, temas que miran a los grandes de la música de aquel país como el indispensable Cole Porter, Gershwin o Irving Berlin, un soft-shoe number, un jitterbug y sonido del cine de Hollywood que Weill supo combinar sin renunciar a la herencia pucciniana y verista. Y en la que destacan momentos de increíble musicalidad emotiva, como el precioso dúo “Remember that I care” interpretado por Rose y Sam en la parte final del Primer Acto.

El barítono Paulo Szot (Frank Maurrant), Matteo Artudeño (Willie Maurrant) y el tenor Joel Prieto (Sam Kaplan)
El barítono Paulo Szot (Frank Maurrant), Matteo Artudeño (Willie Maurrant) y el tenor Joel Prieto (Sam Kaplan)

Por otra parte, esta nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la Opera de Montecarlo y la Oper Köln, presenta una escena, dirigida por John Fulljames, que subraya el carácter estadounidense de la obra y respeta, con un cuidado al que no estamos especialmente acostumbrados cuando de ópera hablamos, la estética de su época y su lugar. Cierto es, en todo caso, que poco o ningún sentido tiene trasladar de época y lugar la acción de esta obra tan “reciente” que narra, además, temas que, por desgracia, siguen siendo – quizás lo sean ahora mismo más que nunca – de plena actualidad.

Refugiados e inmigrantes de diferentes culturas y nacionalidades que conviven con vecinos nacidos en el país – de estos últimos algunos no están demasiado contentos con dicha convivencia e incluso achacan sus penurias a los recién llegados – en barrios marginales donde los sueños de una vida mejor van dando paso a pesadillas de las que parece no haber salida. El personaje de Anna Maurrant, interpretada por la soprano estadounidense Patricia Racette, es quizás quien mejor representa la idea del feliz sueño interrumpido por la implacable realidad cuando se lamenta de sus frustraciones en “Somehow I Never Could Believe” al inicio del Primer Acto. Su papel es, en todo caso, el de quien elige seguir creyendo, continuar buscando, esperando que por fin el día, su día, amanezca soleado. Por supuesto, sin lograrlo.

El barítono Eric Greene (Henry Davies)
El barítono Eric Greene (Henry Davies)

Es su personal tragedia, en todo caso, la que articula la obra que retrata un día, terribles 24 horas, de la vida de los vecinos del número 346 del Lower East Side neoyorquino. Porque en esta ópera maravillosamente coral – cuenta con hasta 20 voces diferentes a la vez sobre el escenario y un total de 117 intérpretes – , como en cualquier comunidad de la vida, siempre hay una familia que destaca por su “especial” desgracia. De ella hablarán el resto de familias, “consolándose” de algún modo para afrontar su propia desdicha que, por lo menos, no es absoluta y descarnada tragedia. La familia Maurrant, sin embargo, cumple con todos los requisitos para convertirse en el foco de atención, no solo es pobre, es terriblemente desgraciada y se aboca a la tragedia.

Un momento de 'Street Scene'
Un momento de ‘Street Scene’

Anna intentar aliviar la rudeza de la vida junto a su esposo Frank, maltratador de manual, interpretado por el barítono brasileño Paulo Szot, entre los brazos de otro hombre, por lo que es objeto de maliciosos cotilleos por parte de los vecinos, cautos reproches de su hija Rose y sospechas del celoso marido incapaz de amar. La relación adúltera de Anna es el tema que permite al resto de moradores de la casa dejar de quejarse durante un rato del sofocante calor que saca a la calle la vida que en invierno esconderían a nuestros ojos las paredes de cada pequeño apartamento. Y es el asunto que culmina en la tragedia, en el asesinato de los amantes sorprendidos por el cabeza de familia que reclama con muerte lo que no jamás quiso o supo conquistar en la vida.

Por desgracia, otro tema también increíblemente actual. Aunque hayan pasado setenta años desde el estreno de esta hiperrealista y muy recomendable “Escena callejera” en el teatro Adelphi de Broadway el 9 de enero de 1947. Una obra que no necesita de etiquetas.

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