Las heridas no cerradas con el fallido referéndum de David Cameron en Escocia, no tardaron en infectarse de nuevo, sobre todo, por el inesperado resultado de aquel otro referéndum, también propiciado por el entonces inquilino del 10 de Downing Street, que decidió la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

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Han pasado más de cuatro años desde que los escoceses se pronunciaran a través de un referéndum acerca de su independencia del Reino Unido y ya lleva tiempo planeando sobre sus cabezas la posibilidad de celebrar uno nuevo, o al menos intentarlo. Nadie pensó entonces que, fuera cual fuera el resultado, los independentistas pudieran encontrar (tan pronto) un motivo para volver a demandar otra consulta popular que, como ocurrió entonces, volvería a provocar que la sociedad se dividiera y enfrentara sus posturas en la calle, las oficinas e incluso en el seno de las familias y en las reuniones de amigos de toda la vida.

Aquel 18 de septiembre de 2014, un 55% de escoceses decidía votar a favor de que Escocia siguiera formando parte del Reino Unido y, aunque en Londres se escuchara de inmediato un suspiro de alivio, lo que quería la inmensa mayoría de escoceses era reponerse cuanto antes del clima de ruptura vivido durante la campaña y volver a su día a día. En definitiva, que las turbulentas aguas volvieran lo antes posible a su cauce. Sin embargo, el motivo para que haya regresado con fuerza el debate de “Escocia independiente, Sí o No” iba a aparecer antes de lo que por aquel entonces se podía imaginar. Y para colmo, se trataba de un motivo de peso. Porque, para sorpresa de muchos dentro y fuera del país, otro referéndum, el del 26 de junio de 2016, tenía como consecuencia otra especie de independencia: Gran Bretaña quería poner fin a su relación con la Unión Europea. El pueblo había hablado.

Ganó el “adiós” en el conjunto del Reino Unido, pero en Escocia el 62% de los ciudadanos votaron por la opción de quedarse. De hecho, buena parte de la campaña a favor de la permanencia de Escocia dentro de Gran Bretaña se basó en la afirmación de que Escocia quedaría fuera de la UE si decidía seguir un camino independiente por completo de Londres. Así que, a pesar del hartazgo, muchos escoceses se sintieron “estafados” con el maldito Brexit y era cuestión de tiempo que el debate independentista se rearmara con más argumentos para atacar de nuevo.

Angus Robertson
Angus Robertson

Y Angus Robertson, ex número dos del SNP de 2016 a 2018 y diputado en el Parlamento de Westminster hasta que perdió su escaño en las elecciones generales de 2017, se ha puesto el objetivo de empezar a recabar apoyos. En los últimos meses, no obstante, cualquier movimiento en favor de la independencia había quedado ralentizado, a la espera del resultado de las negociaciones de May con Bruselas que marcarían los términos de su salida definitiva de la Unión Europea. Y de momento, las cosas van mal. May logró un acuerdo in extremis, abusando dicho sea de paso, de la paciencia de los líderes comunitarios y, en general, de la mayoría de los países europeos, hartos de que May siga implorando en el continente que le saquen las castañas del fuego encendido en su propio Parlamento.

Por el momento, la plataforma creada por Robertson, ‘Progress Scotland’, para sondear la opinión de los escoceses e impulsar el debate en favor de la independencia del Reino Unido, ya arroja resultados que satisfacen a su fundador. Y Robertson no ha tardado en anunciarlos a través de su cuenta de Twitter: en menos de veinticuatro horas desde su presentación, la plataforma, que inicia su andadura realizando encuestas de opinión e investigando los cambios de tendencia sobre una posible independencia de Escocia, ya haya logrado tener más de 8.000 seguidores en la citada red social. Y es que los escoceses siempre se han definido como un pueblo europeísta, un sentimiento que ahora tratan de llevar a su terreno los nacionalistas para forzar un segundo referéndum de independencia.

Ya lo venía haciendo la premier escocesa, Nicola Sturgeon, que lleva desde finales del pasado año lanzando duras “advertencias” sobre lo que Escocia está dispuesta a hacer si “avanza el fiasco del Brexit” y sin ahorrar críticas a Theresa May, a quien acusa, como tantos otros y no solo en Escocia, de una “falta de liderazgo” que ha derivado en las actuales y ruinosas negociaciones con Bruselas. Para Sturgeon, el Brexit es un “serio problema para Escocia” que, además, supone que sea en Westminster donde se decida el futuro del país. Solo hay una solución, lleva meses repitiendo Sturgeon, y esta pasa de forma necesaria por convertirse en “un país independiente”.

Nicola Sturgeon, la premier escocesa
Nicola Sturgeon, la premier escocesa

Lo cierto es que la “idea” de una Escocia independiente, que se define pro europea, abierta a la inmigración, con una industria renovada y en auge, ha alimentado a la plataforma de Robertson y la previsión es que lo siga haciendo. Con el apasionado discurso de Sturgeon a su lado: “Gran Bretaña no tiene ningún sentido de asociación de iguales. Nuestro voto para quedarnos en Europa fue ignorado. El plan del gobierno escocés y su compromiso para estar en el mercado único fue desmantelado. Nuestra solicitud de tener un rol en la negociación, ignorado. Hubo un asalto a nuestros poderes parlamentarios. Y cuando el parlamento escocés dijo que no al asalto, el gobierno británico debió y debía haber respetado esa decisión. Eso no es una asociación. Esto es control de Westminster y Escocia merece algo mejor”.

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