La ultraderecha se abre paso en Europa a marchas forzadas. Suecia es sólo el último ejemplo. Especialmente desde el comienzo de la crisis de refugiados, los partidos de extrema derecha han aumentado exponencialmente su representación en casi todos los países.

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La extrema derecha sigue abriéndose paso en Europa. Suecia es sólo el último ejemplo. En las elecciones celebradas este domingo, el partido xenófobo y eurófobo Demócratas Suecos subían casi cinco puntos (17,6% y 62 escaños) y se convierten en potenciales árbitros de la formación de gobierno. Pero el auge de estos partidos de corte ultraderechista esta siendo una constante en el Viejo Continente votación tras votación.

Ya sea en solitario o en coalición, en siete países de la Unión Europea gobiernan formaciones de extrema derecha, con Austria, Italia, Polonia y Hungría como principales exponentes. Además, se han quedado a las puertas del poder en otros como Holanda o Francia. En Alemania, sin extrema derecha desde la II Guerra Mundial, entraban por primera vez en el Bundestag, con más del 12% de los votos, el año pasado.

Sólo hay que ver el porcentaje de voto que está obteniendo la ultraderecha en Europa para darse cuenta de que el avance es imparable En cinco países superó el 20% en las últimas elecciones. En otros seis, el porcentaje rondó el 15-17%. La tendencia de estos partidos es al alza en la mayoría de la UE, donde ya cuentan con representación en 19 parlamentos europeos.

Entre sus grandes exponentes está Marine Le Pen, en Francia, que consiguió pasar a la segunda vuelta de las últimas presidenciales, aunque finalmente cayó derrotada ampliamente frente a Enmanuel Macron. En Italia, Matteo Salvini, vicepresidente del Consejo de Ministros, Ministro del Interior y líder de la Liga Norte (LN) lograba alcanzar el poder gracias a su alianza con el Movimiento 5 Estrellas, que ganó las elecciones de este año.

En Hungría, Viktor Orban, con su partido Fidesz, lleva gobernando el país desde 2010 y en las últimas elecciones obtuvo el 49,3% de los votos. Mientras, en Polonia, el partido de Jaroslaw Kaczynski, Ley y Justicia (PiS), gobierna en solitario desde 2015, cuando obtuvo el 37,6% de los votos.

En las elecciones anticipadas de hace un año de Austria, el partido ultranacionalista y xenófobo de Heinz-Christian Strache, Partido de la Libertad (FPÖ), lograba hacerse con el 26% de los votos, consolidándose como la tercera fuerza del país. Después de apoyar al Partido Popular austriaco (ÖVP), se harían con la vicecancellería, el Ministerio de Exteriores, Defensa e Interior.

En junio de 2018 Janez Jansa, líder del Partido Demócrata Esloveno (SDS) ganaba las elecciones de Eslovenia con un 24,9%. Sin embargo, no logró aliarse con ningún otro partido para gobernar. Dinamarca, por su parte, cuenta con el Partido Popular Danés (DF), euroescéptico y antiinmigración como segunda fuerza política. En las elecciones de 2015 logró el 21,1% de los votos.

En Alemania, la crisis de refugiados de 2015 dio la ultraderecha el oxígeno que le faltaba para entrar en el Parlamento, del que se quedó fuera en 2013 por un puñado de votos. En cambio, hace un año irrumpió como tercera fuerza con el 12,6%. Según los últimos sondeos, Alternativa para Alemania (AfD) ya superaría a los socialdemócratas del SPD y sería la segunda fuerza tras los democristianos de Angela Merkel (CDU/CSU).

En Holanda, el Partido de la Libertad de Geert Wilders quedó segundo en las elecciones de 2017 con un 13,1%, por debajo de su máximo histórico logrado en 2010 (15,5%). Mientras, en Grecia el ultraderechista Amanecer Dorado no oculta su condición de partido neonazi y es la tercera formación en el Parlamento con el 7%, por detrás de Syriza y Nueva Democracia.

Otros países donde la ultraderecha está ampliamente representada son Noruega, Finlandia, Letonia, Eslovaquia o Bulgaria. Solo un puñado de países, entre los que se encuentran España, Irlanda o Portugal, no cuentan con un partido de corte ultraderechista y xenófobo significante.

La crisis migratoria, factor clave

Sus  postulados, xenófobos y antieuropeos, son compartidos. Según los analistas, entre las causas están la crisis financiera de 2008, la globalización y su impacto en los mercados de trabajo locales, pero, sobre todo, la llegada de refugiados en los últimos años.

Circunstancias estructurales o coyunturales, según los expertos, con las que encuentran la grieta de entrada de su discurso en el continente y que ya marca la agenda de los partidos tradicionales, sobre todo en política migratoria.

Todo ello con un horizonte que preocupa en Bruselas. El de las elecciones europeas de aquí a ocho meses, donde se teme que la extrema derecha capitalice gran parte del voto de castigo.

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