Enmanuel Macron es ya el presidente francés con un índice de popularidad más bajo después de los 16 primeros meses de mandado. Sus repetidos tropiezos cuestionan la imagen de autoridad, eficacia y renovación del mandatario.

Publicidad

A los 16 meses de su elección, Enmanuel Macron es ya el presidente más impopular de la V República de Francia. Según el último sondeo del semanario ‘Paris Match’, referencia clásica, su índice de aprobación se ha desplomado al 31%.

El porcentaje de satisfechos con la labor de Macron en el Palacio del Elíseo ha descendido diez puntos durante este verano, situándose en el nivel más bajo desde que en mayo de 2017 ganara en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales frente a la líder ultraderechista Marine Le Pen. El pasado verano ya había perdido diez puntos (46% en septiembre), pero porque partía de un nivel muy elevado.

Así, el mandatario galo ha batido el récord de su predecesor en el cargo, Françoise Hollande, al que le apoyaba un 32% de los franceses a los 16 meses de que comenzara su mandato. Antes, en este mismo periodo,  Nicolas Sarkozy contaba con un 35% de popularidad, Jacques Chirac con un 40%, François Mitterrand con un 52%, Valery Giscard d’Estaing con un 48% y el general de Gaulle con el 58%.

Los autores del sondeo vinculan este nuevo bajón con el ‘caso Benalla’, la revelación de que su jefe de seguridad, Alexandre Benalla, había participado en el operativo policial del 1 de mayo y había agredido a manifestantes. La presencia de éste en el círculo más cercano a Macron, la sanción mínima que se impuso y las contradicciones y ocultaciones posteriores no dejaron indemne al presidente.

Asimismo, en su descalabro ha influido la falta de decisión sobre la aplicación el año próximo, como lo había programado su propio Gobierno, de la retención en la nómina del impuesto sobre la renta. También la decisión de limitar la subida de las pensiones por debajo de la inflación.

Y, por supuesto, su bajón también se explica en las dos bajas que ha sufrido su gabinete en sólo unos días. La primera, la semana pasada, del exministro de Ecología, Nicolas Hulot, que explicó que su decisión se debía a que “la orientación política del jefe de Estado deja poco espacio para una verdadera transición ecológica y solidaria”. Esta semana, además, renunció la exministra de Deportes, Laura Flessel. Tampoco ha ayudado que haya nombrado cónsul en Los Ángeles a un amigo suyo y de su esposa, el escritor Philippe Besson.

SE CAEN SUS PUNTOS FUERTES

“Las dos puntos fuertes de Macron en la opinión pública tienden a debilitarse”, comenta Frédéric Dabi, director general adjunto del instituto Ifop, encargado del sondeo.

“El punto primer punto fuerte consistía en ser un presidente que preside bien y que se distingue de sus dos antecesores. Pero el ‘caso Benalla’, la dimisión de Hulot y el nombramiento de Besson muestran que hay una especie de banalización de Emmanuel Macron”, apunta. “Ahora los acontecimientos se le imponen. Como sus antecesores, ha favorecido a amigos, como Besson o Benalla. Y no ha controlado la marcha de Hulot”, añade.

El segundo punto fuerte de Macron era su ímpetu reformador, pero “cada vez más los franceses tienen dudas sobre el significado de las reformas”, dice Dabi. “Se instala la idea de que no son justas, de que sólo benefician a los más ricos, a quienes [Macron] llamó los primeros de cordada”.

Publicidad

Comentarios