Mientras en Rusia se han probado con éxito los nuevos misiles, en Estados Unidos quieren interrogar a la intérprete de la reunión entre Trump y Putin para saber de qué hablaron realmente los dos mandatarios a puerta cerrada.

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La reciente reunión de Donald Trump y Vladimir Putin sigue ocupando páginas y minutos en los medios de comunicación de todo el mundo, especialmente, por supuesto, en sus propios países. Eso sí, con muy distinta suerte. Mientras que en Estados Unidos, Trump no ha dejado de defenderse -a su manera- frente a las voces que le acusan de haber sido “blando” con Putin, ninguneando incluso a la CIA y al FBI, en Rusia, Putin saca pecho exhibiendo su armamento de vanguardia, los nuevos sistemas Kinzhal, Sarmat, Avangard, Poseidón, Burevéstnik y Peresvet, que tienen como objetivo “repeler cualquier agresión contra Rusia y sus aliados”.

Las imágenes distribuidas por el Ministerio de Defensa ruso han dejado a los expertos en Defensa del mundo con la boca abierta. “No hay nada que se pueda comparar”, declaran, y Rusia repite, a todo aquel que preste oídos, que sus nuevos misiles no son solo para defender a Rusia, también a todos “sus aliados”. Unas horas antes, mientras en Washington saltaba la noticia de que Trump habría invitado a Putin a visitar la Casa Blanca el próximo otoño, el Gobierno ruso condenaba escandalizado la sugerencia estadounidense de interrogar a la intérprete de la reunión entre ambos mandatarios para saber qué es lo que Donald Trump dijo de verdad a su amigo-enemigo ruso.

Ante la marejada a la que se enfrenta el presidente estadounidense, Putin se limitaba a declarar que la cumbre fue “exitosa” y, de paso, acusaba a los adversarios de Trump -el presidente ruso habló de “fuerzas oscuras” – de impedir cualquier avance sobre los temas discutidos. Pero, ¿qué temas?, insisten en preguntar a Trump, que dice una cosa y la contraria, aunque las autoridades rusas hayan restado importancia a las versiones ampliamente contradictorias del propio Trump acerca de lo que le dijo a Putin en la reunión del lunes.

Para el presidente de la comisión de relaciones exteriores de la cámara alta rusa, Konstantin Kosachev, la propuesta del inusual interrogatorio sentaría un precedente peligroso que amenaza “la idea misma de la diplomacia”, y Putin, por su parte, sin querer entrar en el detalle de tan inesperada sugerencia, declaró en una reunión con diplomáticos de su país, que las relaciones con Estados Unidos son “en algunos sentidos peores que durante la Guerra Fría”, pero que la cumbre permitió “encaminarlas hacia un cambio positivo”.

Y vuelta a empezar, porque enseguida se empezó a preguntar a Trump en qué consistía ese cambio del que hablaba Putin. El embajador ruso en Estados Unidos, Anatoly Antonov, tampoco despejaba dudas, limitándose a expresar su esperanza de que “se cumplan los acuerdos verbales entre Putin y Trump”.

Donald Trump y Vladimir Putin
Donald Trump y Vladimir Putin

Así las cosas, a Trump siguen lloviéndole acusaciones que roban protagonismo a las otras ‘cosillas’ que afectan a Putin, como la condena del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo en relación a dos asuntos que generaron mucha polémica y tuvieron enorme repercusión mediática en su día.

El primero, el relativo a la investigación sobre el asesinato de la periodista rusa, Anna Politkóvskaya, por el que la Corte de Estrasburgo condena al Estado ruso a indemnizar con 20.000 euros a los familiares de la periodista en concepto de daños morales, ya que estima que “no se hizo lo suficiente para esclarecer quién dio la orden de perpetrarlo y por qué motivos”.

En cuanto al segundo, sobre la sentencia contra las integrantes del grupo musical punk Pussy Riot, el Tribunal con sede en Estrasburgo afirma que las tres mujeres fueron objeto de un trato “humillante y excesivamente severo” y que la ley rusa en contra de la propaganda homosexual “vulnera el artículo 10 de la Convención Europea de Derechos Humanos, relativo a la libertad de expresión, y el artículo 14, en el que se recoge la prohibición de cualquier discriminación”.

Por otra parte, aunque Rusia siga negando cualquier relación con el asunto del Novichok y los envenenados con dicha sustancia en Salisbury, la policía británica anunciaba ayer que ya tenía identificados a los responsables de ocultar el veneno en un pequeño bote de perfume. En un inesperado giro en los acontecimientos – una pareja de homeless ingleses llegó al hospital con los mismos síntomas que el espía Skripal y su hija -, permitió a la policía hallar entre los objetos que había recogido en la calle la mujer ‘sin techo’, única víctima mortal de este episodio, el envase de perfume, prueba del ataque.

Tampoco está ayudando a Rusia el último caso de espionaje ruso en suelo estadounidense a manos de una matahari que interpretaba una película en escenarios bastante comprometidos. Porque María Butina, detenida y desde el domingo en prisión preventiva, trabajaba a las órdenes de Alexander Torshin, político y banquero cercano a Vladímir Putin, pero también muy bien relacionado con el entorno de Donald Trump. Para colmo, la detención de Butina ha tenido lugar solo días después de que el Departamento de Justicia Norteamericano procesara a 12 agentes de la inteligencia rusa por hackear a miembros del Partido Demócrata durante las elecciones de Estados Unidos en 2016. ¿Cómo no van a querer interrogar a la intérprete? ¿Casualidad, paranoia, fuerzas oscuras? Allá se las apañe Trump. En Rusia, la noticia es otra.

Maria Butina
Maria Butina

Estas son las armas “sin análogas mundiales”, según los expertos, que pueden verse en los vídeos distribuidos por el ministerio de Defensa ruso, para que no nos entretengamos con otros asuntos.

Misil hipersónico Kinzhal: portados por los modernizados cazas-interceptores MiG-31K, vuelan a una velocidad 10 veces superior a la del sonido y son capaces de maniobrar en todos los tramos de su trayectoria. Esto les permite superar todos los sistemas de defensa existentes, llevando cargas convencionales o nucleares a 2.000 kilómetros de distancia.

Misil estratégico pesado Sarmat: el RS-28 Sarmat, conocido en Occidente como Satán 2, es un misil intercontinental de más de 200 toneladas capaz de portar ojivas nucleares y de volar a velocidades superiores a Mach 17, cambiando de trayectoria en rumbo y altura para que ningún sistema de defensa antimisiles pueda interceptarlo.

Misil hipersónico intercontinental Avangard: Capaces de superar 20 veces la velocidad del sonido y de volar en capas densas de la atmósfera a velocidad hipersónica, los misiles intercontinentales Avangard son invulnerables a cualquier sistema de defensa antiaérea y antimisiles. La potencia de sus ojivas nucleares se equipararía a dos megatones de las equivalentes de TNT.

Dron submarino-torpedo Poseidón: el Status 6, conocido también como Poseidón, es un vehículo subacuático no tripulado calificado como un submarino-torpedo por su capacidad de destruir puertos y ciudades costeras. Puede recorrer hasta 10.000 kilómetros a velocidades de entre 60 y 70 nudos (de 110 a 130 km/h), y portar una carga nuclear de hasta 100 megatones.

Misil de alcance ilimitado Burevéstnik: un nuevo misil de crucero cuyo desarrollo fue ordenado como respuesta a los planes estadounidenses de desarrollar un escudo antimisiles. Este misil de bajo vuelo, capaz de portar una ojiva atómica, cuenta con un sistema energético nuclear que le provee un alcance “prácticamente ilimitado” y le permite burlar los sistemas de defensa.

Sistema láser de combate Peresvet: de momento, la información sobre este nuevo sistema láser de combate está clasificada, pero según estimaciones de algunos expertos militares, el Peresvet está basado en nuevos principios físicos y realizaría las mismas funciones que los actuales sistemas de defensa antiaérea y antimisiles. El Ministerio de Defensa asegura que ya se encuentran desplegados y se llevan a cabo capacitaciones de personal con utilización directa de esos equipos militares.

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