Emmanuel Macron, presidente de Francia, comienza a ver seriamente erosianada su imagen. En sólo un año ha perdido 12 puntos de apoyo y ahora más de la mitad de los galos tiene “mala” o “muy mala” opinión sobre él.

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El efecto ‘luna de miel’ de los franceses con Emmanuel Macron se desvanece. El presidente galo comienza a acusar el desgaste del poder y sus votantes ya no le ven con los mismos ojos. Así lo reflejan las encuestas publicadas en Francia en los últimos días.

Según los sondeos de ‘Le Figaro’ y ‘Huffington Post’, entre un 59% y un 64% de los franceses tienen mala o muy mala opinión del presidente de la República, al que solo conceden su confianza un 32% de franceses. Así, tras 14 meses de mandato, se sitúa cercano a las cifras de su predecesor, François Hollande, que en el mismo periodo tenía solo un 27% de confianza.

Hace exactamente un año, apenas dos meses después de llegar al Palacio del Elíseo, un 57% de los franceses tenía buena o muy buena opinión de Macron. Es decir, que en 12 meses ha perdido 25 puntos de apoyo.

UNA SUMA DE DETALLES Y GESTOS

“Quienes sólo se sentían irritados por el jefe de Estado ya no le aguantan. Agobia a quienes le daban el beneficio de la duda. Decepciona a una parte de aquellos a quienes seducía. Desencanta a los entusiastas”, asegura Gérard Courtois, experimentado cronista de ‘Le Monde’.

Pero lo cierto es que Macron no ha vivido una gran crisis ni ha cometido un error de calado que justifique la fuerte erosión de su imagen. Su caída en los sondeos podría explicarse más bien en una suma de pequeños detalles y gestos, en polémicas aparentemente nimias.

Según todos los estudios sociológicos, la decepción y el desencanto son una consecuencia directa de varios factores paralelos: los resultados prometidos siguen sin ser visibles, su ambiciosa política exterior no surte todo el efecto que se esperaba, las “frasecitas” de un presidente en campaña electoral permanente están comenzando a “cansar” y la agresiva comunicación política presidencial ya irrita.

Entre esos pequeños detalles que no han gustado a sus compatriotas está la frase “las ayudas sociales cuestan una pasta gansa”. También la reprimenda que le soltó a un adolescente que le llamó “Manu”. Tampoco gustan sus permanentes ‘selfies’ con algunos simpatizantes durante sus desplazamientos diarios por Francia y el extranjero.

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