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El Hospital Universitario Infanta Elena pone en marcha un proyecto pionero para la humanización en el seguimiento de la escoliosis en el adolescente

En línea con su compromiso de búsqueda constante de la mayor calidad asistencial mediante el uso de tecnología de vanguardia en las manos más expertas, y una estrategia de humanización de la asistencia sanitaria que ofrece a sus pacientes, el Hospital Universitario Infanta Elena, integrado en la red sanitaria pública madrileña, acaba de dar un nuevo paso en este sentido que lo consolida como referencia, tanto en su zona de influencia como fuera de esta, en el cuidado de la salud y el tratamiento de todo tipo de patologías.

Los doctores Cristóbal Suárez Rueda y Borja Muñoz Niharra
Los doctores Cristóbal Suárez Rueda y Borja Muñoz Niharra

En este caso, y centrado en la Ortopedia Pediátrica, una subespecialidad de la Traumatología con gran potencial de crecimiento, el hospital de Valdemoro ha puesto en marcha un proyecto para la humanización en el seguimiento de la escoliosis en el adolescente cuyo objetivo es incrementar la calidad asistencial y la satisfacción de los pacientes y de sus familiares disminuyendo de forma significativa las revisiones presenciales en las consultas que, dada la naturaleza de este problema de salud, son muy numerosas.

Para ello, y liderado por los doctores Cristóbal Suárez Rueda, jefe del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del centro, y Borja Muñoz Niharra, responsable de su Unidad de Ortopedia Infantil, el proyecto dota al Hospital Universitario Infanta Elena de una herramienta pionera para realizar consultas a distancia de los pacientes con escoliosis idiopática del adolescente (EIA), forma más frecuente de este problema traumatológico, así como para facilitar la programación de citas. Todo ello disponible tanto para los pacientes de la zona de influencia del hospital como para los de otras áreas a través de la libre elección.

La escoliosis es la desviación de la columna en el plano anteroposterior mayor de 100, siendo la EIA el motivo principal de visita al traumatólogo pediátrico entre los 9 y 15 años, y representando entre el 20 y el 25 por ciento de las consultas a este especialista. Sin embargo, sólo debe ser tratada en los casos más severos con un corsé o, en los extremos, con una intervención quirúrgica, mientras que más del 90 por ciento de los pacientes deben ser únicamente revisados cada seis, nueve o doce meses, según el momento del desarrollo en que estén en ese momento y que el traumatólogo pediátrico se encargará de determinar.

Unas revisiones que se prolongan desde la infancia hasta el final de la adolescencia -generalmente entre los 10 y los 17 años, ya que como enfermedad del crecimiento puede presentar cambios en todo el mismo-, con el tiempo invertido y las molestias que ello conlleva.

Y es que, tal y como explican los doctores Suárez y Muñoz, “el paciente adolescente tiene poco tiempo entre la rutina habitual de colegio y actividades extraescolares y ve en la visita al traumatólogo pediátrico una intromisión en su intimidad”, por lo que se convierte en “el paciente al que más le cuesta exponerse a la mirada del médico”.

Además, al estar en edad pediátrica, debe acudir siempre a las consultas acompañado por un adulto, lo que supone una pérdida de horas de trabajo para los padres o tutores, y las correspondientes de rutina en el colegio para el niño. En este sentido, se calcula que un preadolescente diagnosticado de EIA sin complicaciones acudirá a consulta entre 5 y 15 veces hasta que termine su crecimiento.

Proyecto pionero a nivel nacional

En este escenario, el proyecto para la humanización en el seguimiento de la escoliosis en el adolescente, pionero a nivel nacional, y por tanto también en la Comunidad de Madrid, aporta el importante beneficio de disminuir el número de horas perdidas tanto por pacientes como por sus familiares en acudir a la revisión de Traumatología Pediátrica por una de las patologías más frecuentes de esta especialidad.

Concretamente, la iniciativa plantea, una vez confirmado el diagnóstico de EIA por parte del especialista, normalmente tras una derivación desde Atención Primaria tras la detección de alguna alteración a la normalidad, y realizada la primera visita en los pacientes seccionados, el establecimiento de un calendario de consultas no presenciales donde sólo será necesario acudir al hospital para realizar radiografías, que pueden obtenerse en horas que ocasionen menos molestias al paciente y a sus familias.

“El traumatólogo valorará la radiografía sin que el niño tenga que estar presente y, en el caso de que no presente alteraciones de interés -explica el Dr. Suárez-, se le enviará respuesta por escrito informando de la situación y citando al paciente para una nueva revisión radiológica no presencial en el tiempo considerado oportuno según la deformidad y la edad (entre 6 y 12 meses)”. “Por el contrario, si se aprecia alguna desviación superior a la esperada, se le daría cita de forma presencial”, añade por su parte el Dr. Muñoz.

Criterios de inclusión

Según detallan los especialistas, para poder entrar a formar parte del proyecto de humanización se debe tener entre 9 y 15 años en el momento de la primera visita al traumatólogo pediátrico y presentar una o dos curvas en la columna de entre 50 y 200, con potencial radiológico de crecimiento.

Asimismo, el diagnóstico debe confirmar la ausencia de dolor -o, si se presenta, que ya haya sido estudiado con las pruebas óptimas-, de otros tipos de escoliosis más infrecuentes (como la congénita o la neurodegenerativa) y de otros signos de alarma.

Finalmente, es necesario que la familia y el paciente se comprometan a acudir a realizarse las radiografías oportunas y avisar en caso de que produzca algún inconveniente, así como estar dados de alta en el Portal del Paciente, aplicación de desarrollo propio del hospital a la que está vinculada la herramienta para el seguimiento a distancia.

“Todo ello redundará en una humanización del servicio ofrecido, al dejar de perder horas tanto el niño como sus padres, y facilitar la programación de citas, un incremento de la calidad percibida, y por tanto de la satisfacción hacia el acto médico y sus intervinientes, y un aumento de huecos de consulta disponibles para realizar otras consultas en las que sea imprescindible que el paciente acuda al hospital”, concluyen los promotores del proyecto.

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