Sedentarismo, cambio de hábitos y horarios, falta de luz… Son muchas las consecuencias de estar en confinamiento y algunas otras las consecuencias físicas que puede tener el encierro para los niños.

Si el confinamiento se hace duro para los adultos, quizá mucho más incluso para los niños. Acostumbrados a rutinas, horarios y a disfrutar en la calle y los parques, el encierro por un mes en pleno desarrollo puede derivar en consecuencias físicas para ellos.

Se producen cambios de ritmo de sueño, sedentarismo, hábitos alimentarios algo desajustados, falta de luz…

Algunas de las consecuencias físicas que pueden notar los niños por el confinamiento son las siguientes.

Trastornos del sueño

Aunque uno de cada tres niños ya sufre, en condiciones normales, trastornos del sueño, el confinamiento los agrava. Es importante evitar que se alteren, pero habrá muchos pequeños que sufran insomnio o que les cueste dormir por la noche.

Esto puede causar cansancio, somnolencia, irritabilidad y cambios de carácter. También puede afectar al desarrollo ya que, durante la noche, se desarrollan procesos metabólicos del cerebro en aprendizaje, desarrollo cognitivo y crecimiento.

Para evitarlo hay que controlar la alimentación de los más pequeños. Y evitar que coman a deshoras o picoteen lo que no es bueno. Al igual que los adultos, el aburrimiento puede llevar a demandar más chucherías o comida no del todo sana. Por lo que hay que estar vigilante en todo momento.

Parón del crecimiento

Si a la mala alimentación en muchos momentos se une el hecho de no poder salir a la calle ni moverse demasiado, las consecuencias pueden ser obesidad y parón del crecimiento.

De hecho, comer mal, sufrir trastornos del sueño y el sedentarismo son los tres pilares de la obesidad infantil.

El punto del ejercicio es uno de los más complicados. Al estar encerrado, el espacio es menor. Los niños no pueden correr ni moverse en exceso ni tampoco apenas saltar.

Algo que puede afectar al crecimiento de los cartílagos en los pequeños. Los niños suelen correr y saltar continuamente. Lo que provoca un gran estímulo para la fabricación de más células y, por tanto, del crecimiento.

Para evitar un parón hay que motivar a los niños a jugar por la casa y moverse. Hay app móviles que ayudarán a ello. Por todos los medios hay que evitar perder la masa muscular y la coordinación.

Falta de sol

Estar encerrado también puede provocar falta de vitamina D, la que nos aporta el sol. Sirve para muchas cosas en el organismo. Por ejemplo, es fundamental en el desarrollo de los huesos.

Lo ideal es no dejar a los niños en su cuarto todo el día. Si se dispone de jardín o, al menos, terraza, hay que buscar momentos para que le de la luz solar.

También advierten los expertos que no es momento de prohibir el uso del móvil ni la consola. Se puede acordar un horario de juego que le ayudará, además, a desconectar de la realidad y liberar la mente de preocupaciones o agobios.

Es momento además de pasar tiempo con los niños e incluso jugar con ellos a la consola.

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