Más de 22.000 médicos se han unido al éxodo venezolano y están abandonando el país donde hay escasez de medicamentos, los hospitales cada vez están más en estado de ruina, los salarios son míseros y, sobre todo, sus vidas corren peligro.

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Venezuela está considerado uno de los países más peligrosos del mundo. Por eso, allí, los médicos siempre han estado más que acostumbrados a atender heridos por cualquier tipo de arma. Es su trabajo, su vocación. Pero la situación cada vez más difícil en la que el Gobierno de Nicolás Maduro ha colocado a su país también está afectando a la labor de estos profesionales sin los que ningún país puede estar. O, al menos, no debería estar jamás. Y no solo por la escasez de medicinas, material sanitario o las deficiencias en las instalaciones hospitalarias en las que no se lleva a cabo el mínimo mantenimiento. A todo ello, hay que sumar el clima de nerviosismo que ha incrementado la violencia en una población “abandonada” a su suerte afectando, de forma directa y peligrosa, a las relaciones de pacientes y familiares con los médicos y demás personal sanitario encargado de atenderles.

Porque para muchos de los médicos que han tomado la decisión de marcharse de su país –  se calcula que se trata de una tercera parte de la comunidad -, lo determinante ha sido la falta de seguridad con la que cada día ejercen su profesión. Muchos de ellos denuncian que uno de los mayores temores es que en caso de fallecer el paciente, la familia actúe contra el médico. Y actuar, en este caso, no quiere decir que vayan a acudir a un juzgado porque cuestionan su praxis.

La peligrosa deriva de la situación ha hecho que los médicos ya ni siquiera se atrevan a denunciar cuando, en ocasiones, más de las que aquí podemos imaginar, se ven obligados a trabajar mientras les apuntan con una pistola. Hace unos meses, una pandilla entró en las Urgencias de un hospital en Caracas y ordenó que los médicos se volvieran de espaldas mientras ellos remataban con cuchillos a pacientes que estaban atendiendo. Poco después, en el conocido Hospital Universitario Luis Razetti, dos delincuentes apuñalaron a un médico residente para despojarlo de sus pertenencias cuando llegaba para empezar la guardia.

Así que no es de extrañar que en los últimos seis años, según datos de la Federación Médica Venezolana, más de 22.000 médicos hayan optado por buscar trabajo en otro país, lejos de casa. Y esta fuga masiva de médicos no ha hecho sino acelerar el colapso del sistema de salud venezolano, que ya se tambalea bajo la fuerte escasez de medicamentos y materiales, en un país donde los pacientes tienen que comprar hasta el bisturí con el que van a ser operados.

La escasez de medicamentos básicos, que ya supera el 85% – un paciente podría tener que recorrer más de nueve farmacias para encontrar un medicamento – afecta, por otra parte, a los pacientes crónicos, los más vulnerables, aquellos frente a los que el médico se siente, a su vez, más frustrado. Porque sabe cómo mantener a raya la enfermedad – diabetes e hipertensión, por ejemplo -, pero se da de bruces contra la falta de medios. Y qué decir cuando se enfrentan a una situación de urgencia que podrían remediar fácilmente con la administración, por ejemplo, de unos antibióticos que cada vez con mayor frecuencia no pueden conseguir. O se ven obligados a suspender el tratamiento de pacientes de VIH que, quizás, llevaban años luchando contra el retrovirus gracias al coctel de fármacos que ya cuesta conseguir en las farmacias, incluso en las de los hospitales. Tampoco hay anestesia en muchos centros y el pasado mes de julio, el personal del Hospital Clínico Universitario de Caracas alertaba de que la crisis alimentaria que vive el país había llegado a ese centro hospitalario, donde apenas se puede ofrecer alimentos a los pacientes que permanecen ingresados.

Los profesionales de la salud han llegado a la conclusión de que no se puede seguir trabajando en las condiciones actuales de Venezuela, viendo, por otra parte, cómo se les ha recortado sus salarios a cifras en ocasiones inferiores a 10 dólares mensuales en los hospitales públicos, donde en la actualidad las condiciones son tan precarias como en los países “reconocidamente” pobres. Las imágenes de salas quirúrgicas mugrientas y pacientes “aparcados” en cualquier rincón, que los venezolanos comparten en las redes sociales para denunciar la situación de su país son, en todo caso, prueba suficiente del desastre humanitario sin necesidad de añadir muchas más palabras.

Las consecuencias de esta situación se sienten algo menos en los centros médicos privados, donde el personal médico y sanitario tiene un salario más digno y, sobre todo, las condiciones laborales son mejores. Pero incluso en este tipo de centros empiezan a sentir una considerable disminución del personal disponible que ya únicamente ve fuera de Venezuela un futuro para ellos y sus familias. Según el diario estadounidense The New Herald, habría 2.000 médicos venezolanos que ya tienen empleo en Chile y otros 1.800 aproximadamente estarían en una lista de espera de médicos que quieren trabajar allí. Casi 2.500 eligieron instalarse en Colombia y más de 1.600 trabajan ya en Ecuador.

Argentina es otro de los países que está recibiendo a los médicos venezolanos que huyen de su castigado país. Muchos llegaron a Buenos Aires y en Río Negro, donde parece haber escasez de médicos en hospitales públicos, se quiere paliar la situación con doctores venezolanos que están desempleados. A principios de año, el Ministerio de Salud de la provincia anunció que ofrecería salarios de hasta 80.000 pesos y en algunos casos, viviendas para los profesionales venezolanos que quieran instalarse en comunidades rurales. 

La situación, por supuesto, no es tan amable en Estados Unidos. Peor aún con la administración Trump. Porque es difícil para un profesional venezolano conseguir la certificación para ejercer la medicina y muchas veces se ven obligados a trabajar de asistente médico o, incluso, en empleos que nada tienen que ver con la medicina. Sin embargo, la realidad es que también en estos casos lo normal es que ninguno se arrepienta de haberse marchado de Venezuela ahora que la ola de violencia de las calles ha llegado también a los hospitales.

En nuestro país, el Ministerio de Educación ha homologado desde 2015 más de 5.882 títulos de Medicina de 43 países diferentes, la mayoría de ellos procedentes de América Latina. Y son los médicos venezolanos los que más homologaciones han conseguido durante estos más de dos años de registro. En total, 1.148 médicos procedentes de Venezuela han logrado igualar su título de Medicina con las necesidades del certificado español. Desde AMEVESP, Asociación de Médicos Venezolanos en España que se declara sin fines de lucro ni intereses políticos, se presta apoyo a los nuevos médicos que siguen llegando desde su país, ofreciéndoles la orientación necesaria para la homologación del título de medicina general y en todo lo relacionado al MIR.

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