Dicho y hecho. A Cuba no le gustaron las declaraciones del presidente electo Jair Bolsonaro en relación a los médicos cubanos que trabajan en Brasil y en poco más de una semana ha organizado la repatriación de todos ellos. Este jueves ya han regresado los primeros en cinco vuelos con destino a La Habana y están previstos más vuelos para hoy viernes y durante el fin de semana.

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De acuerdo con la Organización Panamericana de Salud (OPS), que intermedió en su contratación, la previsión es que los 8.332 médicos cubanos que se encuentran actualmente en Brasil abandonen el país antes del 12 de diciembre próximo. Bolsonaro se ha propuesto aterrizar a lo Trump y parece que ya ha empezado a “hacer amigos” fuera de sus fronteras. Cuba, por su parte, tenía todas las papeletas para convertirse en el primero, ya que su forma de “alquilar” médicos a otros países del mundo está cada vez peor vista. Al respecto, Bolsonaro aseguraba hace unos días que los médicos cubanos estaban en Brasil en condiciones de “esclavitud” y que no aceptaría esta situación cuando asuma el poder el próximo 1 de enero.

El programa “Más médicos” fue creado en 2013 por la entonces presidenta Dilma Rousseff con el objetivo de garantizar la asistencia sanitaria en las regiones más apartadas y humildes de Brasil, ya que los profesionales brasileños llevaban años dejado clara su preferencia en ejercer solo en las grandes ciudades. A través de este programa, Brasil pagaba 3.000 dólares mensuales al gobierno de La Habana por cada médico cubano, aunque de ese salario los profesionales recibían solo el 25%, 750 dólares, y esta ha sido la razón principal que ha argumentado Bolsonaro. A mediados de noviembre, el presidente electo de Brasil exigió al gobierno cubano que cumpliera con dos condiciones innegociables si quería continuar con la misión: que La Habana pagara a los galenos la totalidad de su sueldo y que les permitiera llevar a sus familiares inmediatos a Brasil hasta el final de la misión. Sin embargo, el gobierno cubano dijo que las nuevas condiciones eran “inaceptables” y su única respuesta ha sido el anuncio de la retirada de sus profesionales a través del Ministerio de Salud Pública.

Entre los directamente afectados, es decir los médicos cubanos que trabajan en Brasil, la reacción ha sido de estupor y preocupación. Para muchos es cierto que se trataba de un trabajo muy duro por el que recibían únicamente una cuarta parte del sueldo – en todo caso cobraban más en Brasil que en Cuba donde el sueldo mensual de un médico está entre 25 y 40 dólares -, pero la mayoría asegura que no está de acuerdo con la repatriación, especialmente llevada a cabo de forma tan inmediata, sin tiempo siquiera para preparar en condiciones el viaje de regreso con los efectos personales que han adquirido durante la misión. Por ejemplo, los equipos profesionales que algunos han comprado vía préstamo y que no podrán llevarse porque aún les faltarían plazos que pagar en Brasil y está claro que no disponen de la cantidad necesaria para saldar la totalidad de la deuda antes de marcharse.

Mientras que el Ministerio de Salud de Brasil abrió este mismo jueves el plazo de inscripción para un concurso con el que pretende sustituir a los cubanos por médicos brasileños y recibía 3.000 inscripciones en unas pocas horas, Cuba deberá buscar la forma de compensar los aproximadamente 332 millones de dólares que deja de ingresar a cuenta de los colaboradores del programa en Brasil. Y no parece tarea fácil, ya que las misiones médicas reportan más ganancias a la economía cubana que sectores como el azúcar y el tabaco. Así que por mucho que Cuba saque pecho, su decisión política supone un gran golpe a las exportaciones de servicios de salud de la isla, su principal fuente de ingresos internacionales, según los datos de la Organización Mundial del Comercio.

Bolsonaro, por su parte, ha contraatacado concediendo a los médicos que lo deseen la posibilidad de pedir asilo político en Brasil. Sin embargo, los galenos cubanos saben que se trataría de emprender un viaje sin retorno ya que en Cuba serían considerados “desertores”. Y no podrían regresar a su país para reunirse con los familiares que se vieron obligados a dejar en la isla precisamente como garantía de su retorno. Por supuesto, la Casa Blanca ha apoyado a Bolsonaro en su posición contra el régimen cubano “por violar los derechos humanos de su pueblo, incluidos los médicos alquilados al extranjero en condiciones infrahumanas”. Y el gobierno brasileño ya ha advertido a Cuba que todos los gastos de traslado de los médicos correrán a cargo del gobierno de La Habana, por rescindir de forma unilateral el contrato que tenía con Brasil desde 2013.

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