Hacía tiempo que Arantxa Sánchez Vicario permanecía alejada del foco mediático, pero las dos noticias que sobre su situación personal y judicial han trascendido durante estos últimos días han vuelto a situarla en el centro de la diana informativa.

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Por desgracia para su protagonista, ninguna de las dos noticias tiene nada de bueno.

Y también desafortunadamente, ambos sucesos le habían sido en cierto modo “presagiados”. La primera, que se refiere al inminente divorcio de la ex tenista y Josep Santacana, no ha sorprendido a quienes siempre mantuvieron que el pasado de él no se borraba “solo” liquidando las deudas con las que llegó a la vida de Arantxa y que el futuro de ella no estaba seguro en manos de Josep.

Los primeros en alertar a Arantxa de un futuro incierto junto a Santacana fueron los miembros de su familia. Y lo hicieron, además, con pruebas. Los padres de la tenista encargaron un informe a la famosa agencia de detectives Método 3 por el que pagaron 100.000 euros y que dejaba en bastante mal lugar al candidato para convertirse en segundo marido de su hija.

Sin embargo, el principal problema de aquel movimiento detectivesco de los Sánchez Vicario fue que Arantxa venía de pasar años bajo el control férreo y no siempre acertado de sus progenitores, su primer matrimonio acababa de irse a pique y ella estaba empeñada en coger, por fin, las riendas de su vida y tomar sus propias decisiones.

Estaba segura de que Josep la quería y dicen que fue él quien le abrió los ojos ante la desafortunada gestión de la fortuna que había ganado en las pistas, y fuera de ellas, durante diecisiete años plagados de éxitos. De modo que en aquel informe, en lugar de ver las deudas y otros chanchullos de Santacana lo que Arantxa vio fue un intento de sabotaje de sus padres para que no echara a volar por su cuenta.

Arantxa Sánchez Vicario en su boda con Josep Santacana
Arantxa Sánchez Vicario en su boda con Josep Santacana

Así que se casó. Por todo lo alto, en el Castillo de Peralada. Nada ni nadie iba a impedirlo, la deportista ni siquiera quiso seguir el apremiante consejo de “salvaguardar” su patrimonio a través de un acuerdo prematrimonial que, por otra parte, Santacana ya se había negado a firmar cuando su futura familia política lo puso sobre la mesa. Más aún, tras celebrar la boda, Arantxa colocó al frente de sus finanzas a su ya marido, otorgándole poder absoluto para la gestión de sus bienes.

Luego vinieron los hijos, Arantxa, que nació el 27 de febrero de 2009, y Leo, en octubre de 2011. La ex tenista ya tenía su propia familia, con la que se mudó a Miami, y en ella se apoyaría para afrontar el litigio que iba a separarla por completo de su “primera” familia, a la que acusaba de controlar todo cuanto hacía e ingresaba.

Cuando la ya ex deportista tomó las riendas de su vida, descubrió irregularidades en sus cuentas y, algo mucho peor, que Hacienda le reclamaba 1,7 millones de euros por impago de impuestos durante 1989 y 1993, periodo en el que sus padres estaban a cargo de su patrimonio. Entonces, presentó dos demandas ante el juez contra sus progenitores por posible gestión fraudulenta de su fortuna. La primera en 2009, cuando ya llevaba un año casada con Josep Santacana.

Después se vio obligada a vender sus viviendas de Formentera y Barcelona, así como el yate al que era tan aficionada. Y tomó la decisión, al parecer a sugerencia de su marido, de contar su vida en el libro titulado ‘Arantxa ¡Vamos!, Memoria de una lucha, una vida y una mujer’, que se presentó en 2012 con el correspondiente revuelo mediático.

Implacable, siguió transcurriendo el tiempo sin que su situación económica se aclarase como para permitirle vivir con absoluta tranquilidad de lo cosechado durante su carrera de deportista de élite. Al contrario, porque nunca desapareció del horizonte aquella deuda “maldita” que ahora – aquí está la segunda noticia que trasciende estos días en torno a su figura – amenaza con llevarla a prisión, junto a su ya casi ex marido, por petición del Banco de Luxemburgo.

En 2009, el Tribunal Supremo había condenado a Sánchez Vicario a pagar una multa por fraude fiscal que, sumándole los intereses, ascendía a 5,2 millones. Hacienda cobró esa cantidad gracias a un aval del Banco de Sabadell que, a su vez, recuperó el dinero mediante un contraaval suscrito con el Banco de Luxemburgo, entidad en la que Arantxa tuvo durante muchos años la fortuna que había logrado con su carrera deportiva.

Arantxa Sánchez Vicario y su marido, Josep Santacana
Arantxa Sánchez Vicario y su marido, Josep Santacana

Por su parte, desde 2010, la entidad luxemburguesa intentó sin éxito recuperar el importe de la deuda fiscal de Arantxa, quien ha seguido defendiéndose alegando su total desconocimiento de la gestión del patrimonio que por entonces manejaba su padre. Así que al banco no le quedó más remedio que iniciar el correspondiente procedimiento civil para reclamar el importe avalado, como consecuencia del cual Arantxa fue condenada a pagar una suma que superaba – de nuevo había que sumar intereses – la cuantía reclamada por Hacienda. Los 5,2 millones de euros se habían convertido en 7,5.

Una cantidad de la que, en todo caso, el Banco de Luxemburgo aún no ha recuperado un euro. Por eso, ahora, acaba de iniciar la vía penal. La entidad financiera se ha querellado contra Sánchez Vicario y Santacana por los delitos de alzamiento de bienes y fraude, solicitando para ambos prisión provisional, y será el titular del juzgado de instrucción número 4 de Barcelona quien decida si acuerda o desestima la medida.

Antes de que la bomba de esta querella y sus medidas cautelares estallara, el entorno de la ex tenista aseguraba que su fortuna está controlada casi en exclusiva por Josep Santacana, aunque, según los Sánchez Vicario, de los treinta millones de euros que entonces tenía Arantxa, repartidos en bienes inmuebles, depósitos en metálico y otras inversiones, actualmente no quedaría nada.

Arantxa, por el momento, no ha hecho declaraciones públicas sobre ninguno de los asuntos que la han devuelto a los medios. Sigue trabajando en el Metropolitan School of Miami como directora deportiva, puesto que ocupa desde que se creara dicho centro en 2014, y vive con sus hijos en la casa que Santacana ya ha abandonado.

A falta de palabras pronunciadas directamente por Arantxa, su entorno asegura que la ex tenista está “destrozada”, que sigue enamorada de su marido. A pesar de que, al parecer, los dos últimos años llevaban vidas bastante separadas, ella no aceptaba esta nueva situación. Seguramente, mantenía la esperanza de poder cerrar la grieta que, sin embargo, ha acabado por abrirse bajo sus pies cuando su marido dejó el ático que compartían para irse a vivir con la mujer con la que lleva saliendo desde hace unos meses.

Desde su nuevo hogar, Santacana ha presentado la demanda de divorcio en la que, además, reclama la custodia de los dos hijos del matrimonio. Sin duda un durísimo golpe para Arantxa, a quien se acusa en la citada demanda de no estar en condiciones psicológicas para atender a los pequeños.

Santacana quema las naves, quizás también en previsión de que la querella con la que el banco luxemburgués amenazaba en sus intentos por cobrar terminara por materializarse. Querella que, por otra parte, podría a su vez haberse precipitado por las noticias de que Santacana – indiscutible y reconocido gestor del patrimonio familiar – ponía pies en polvorosa. En definitiva, de esos casos en los que jamás se sabe si fue primero el huevo o la gallina.

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