El cierre de ETA llegaba en Combo-les-Bains con un acto en el que no hubo recuerdo a las víctimas, ni tampoco se pronunció la palabra terrorismo. Algo que indigna a Twitter, donde se ha repetido el “Ni olvido ni perdón”.

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El Palacio de Arnaga en Cambo-les-Bains, al sur de Francia, fue el escenario elegido para certificar el fin de ETA. Los llamados “mediadores internacionales”, los “facilitadores” y el resto de personajes que acudieron al último acto de la banda terrorista no tuvieron un solo recuerdo para las víctimas.

Aunque ETA moría el 20 de octubre de 2011, los terroristas no querían cerrar su sangrienta historia sin un acto que alimentara su ego. Y es que el de este pasado viernes fue un intento de legitimar a la banda, de blanquear su final y hasta de intentar ponerla al nivel de dos estados como son España y Francia. No hubo reproches a los asesinos y tampoco se acordaron de las víctimas de los etarras. Eso sí, se guardó un minuto de silencio por “todos” los muertos del “conflicto”, lo que equiparó a las víctimas con sus verdugos.

Los supuestos “expertos” del fin de ETA no utilizaron en ningún momento tampoco la palabra terrorismo. Lo cambiaron por eufemismos como “violencia política”, “violencia armada” o “acciones armadas ofensivas”. Algo que indignó sobremanera en Twitter.

En la red social, muchos han contado sus experiencias bajo el hastag #NiOlvidoNiPerdon. Otros han querido reivindicar a las víctimas y han criticado duramente y con razón las reiteradas felicitaciones a ETA por haberse disuelto.

Entre los asistentes, el abogado surafricano Brian Currin; Jonathan Powell, asesor de Tony Blair en las negociaciones con el IRA; y Jean René Etchegaray, presidente de la Mancomunidad Vasca, entre otros. Se dio asimismo un papel destacado a “autoridades internacionales” como Bertie Ahern, ex primer ministro irlandés, Cuauhtémoc Cárdenas, mexicano presidente honorario de la Internacional Socialista o al líder del Sinn Fein, Gerry Adams.

No faltaron algunos como el exjefe de ETA Eugenio Etxebeste, Antxon; el sindicalista-etarra Rafael Díez Usabiaga, excarcelado en agosto pasado, o su compañero Rufi Exteberría. Tampoco Arnaldo Otegi y Andoni Ortuzar, presidente del PNV, así como  Raúl Arza, de UGT.

Los presos

El acercamiento de los presos etarras a cárceles del País Vasco fue, en realidad, el objetivo del día. Ni víctimas ni perdón. Sólo acordarse de los más de 300 terroristas encarcelados por sus crímenes. Hubo incluso quien los calificó de “presos políticos”. Si no se les acerca, dijeron, sería símbolo de una “venganza” del Gobierno español.

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