Semana muy complicada para el presidente cántabro por renunciar a su eterna exigencia de que el AVE llegue a la comunidad, una renuncia de la que el domingo tuvo que dar marcha atrás a causa de las críticas que le llovieron hasta de su propio partido.

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Incalificables, hay personajes que acabarán sin remedio por devorarse a sí mismos. Con tal de figurar, seguir sacando pecho a base de mamarrachadas y, sobre todo, continuar en el poder parecen no darse cuenta de que, también para ellos, llegará el momento en que su falta de rigor y su disimulada impericia queden expuestas a la luz. Miguel Ángel Revilla – tantos años viviendo de anécdotas de taxi y latas de anchoas – ha sido el último de estos personajes que derrapa, aunque sea justo reconocerle que todavía sabe conducir y que aquí no se acaba su largo viaje. Sus manos siguen agarrando con fuerza el volante, sin miedo a cambiar de dirección cuando en el trayecto aparecen demasiadas curvas. Como las que le sorprendieron la pasada semana, después de que su partido, el PRC, votase inesperadamente en apoyo a una iniciativa de Podemos en el Parlamento cántabro que proponía renunciar al proyecto del AVE hasta Reinosa, un proyecto que hasta ahora había sido una “bandera” para el presidente cántabro y secretario general del PRC, Miguel Ángel Revilla.

La Proposición No de Ley de Podemos a favor de la que votaron los 13 diputados de Revilla critica el gasto de 400 millones para llevar el AVE a Reinosa porque es “absolutamente innecesario”, “una irresponsabilidad” y “no está justificado”. Sin embargo, Revilla había encontrado hace años en la reivindicación del AVE a Reinosa una de esas causas entorno a las que levantar su particular teatrillo. Y ¡maldita hemeroteca! , no cuesta encontrar en la red el vídeo en el que Revilla se alzaba a lo Escarlata O’Hara para gritar: “Juro solemnemente bajo este castillo de Monzón, que los días que me queden de vida no voy a parar hasta que el AVE de Palencia a Santander llegue. No voy a cejar ni un día de mi vida. Si no me abandonáis esto es pan comido”. Corría el año 2011. Iba a librar esa batalla y no dudaba en comprometer “su propia vida” para ganarla. Hace una semana, claudicaba. No, mejor dicho, lo olvidaba. Porque rendirse suponía dar explicaciones que nadie iba a entender, ni siquiera los suyos.

La alcaldesa de Santander, Gema Igual, sí lo explicaba enseguida. Con pocas palabras: “a Revilla le ha faltado tiempo para echarse a los brazos del nuevo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y del líder de Podemos, Pablo Iglesias, abandonando de un día para otro cualquier reivindicación para Cantabria y para los cántabros”. Y añadía la alcaldesa un hecho fácilmente comprobable respecto de la actuación de Miguel Ángel Revilla: “Hasta hace unas semanas todas las inversiones comprometidas por el Gobierno del PP le parecían pocas y ahora resulta que le sobran”.

También en el propio partido del presidente cántabro la noticia caía como inesperado aguacero y a nadie le pareció bien la decisión de renunciar a que la alta velocidad llegue a Cantabria. El alcalde de Reinosa, José Miguel Barrio (PRC), reprochaba a Revilla que tras años de insistencia finalmente se haya optado por olvidarse de que el AVE llegue a la región. “Me he enterado por la prensa. Estoy muy defraudado. Ni siquiera me han preguntado”, confesaba, perplejo y abatido, el regidor de la localidad a la que el AVE debía llegar desde Palencia.

Sin embargo, como decíamos, Revilla se despeina más bien poco. Y el domingo pasado tocaba dar un nuevo volantazo, no le ha quedado más remedio. Así que vuelve a querer el AVE. En realidad, dijo el presidente cántabro durante la celebración de la XXV Fiesta del PRC, “lo del AVE ha sido un malentendido”. ¿Quién ha dicho que no lo quería? El regionalista admitía ante los suyos que esta semana se había “armado gorda”. Tanto, que el mitin del domingo había arrancado con altercados. Con la plataforma en defensa de las Excavadas intentando boicotear el aniversario del partido silenciando a su presidente, mientras otros militantes y simpatizantes regionalistas se empleaban a fondo para impedirlo.

Miguel Ángel Revilla en un acto de su partido
Miguel Ángel Revilla en un acto de su partido

Y Revilla debió de pensar: otra vez el “puñetero tren”, como le hemos escuchado llamarlo en alguna ocasión. Una pesadilla que le ha obligado a recoger velas después de que tuviera que intervenir la policía para desalojar a los manifestantes y él pudiera, por fin, subir al podio y dirigirse a los suyos. Cualquiera se atrevía a defender el sorprendente cambio de vía” del “puñetero tren”. Un suicidio. Así que Revilla se empeñó en zanjar el asunto del AVE de una vez por todas. Y muy en su estilo, aprovechaba para lanzar un órdago: ya no basta con que el AVE llegue a Reinosa, ahora va a exigir a Madrid que llegue hasta Santander.

Ha salvado una vez más los muebles sin tener que mojarse – ya saben, todo fue un malentendido – y ya está esperando con anhelo su taxi camino a La Moncloa. Vuelven a soplar vientos favorables para Revilla, solo él podría estropearlo.

 

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