La organización Greenpeace ha denunciado en la Gran Vía de Madrid la política energética del Gobierno de energías sucias e Impuesto al Sol con un cartel que simula el cartel de la película ‘Lo que el viento se llevó’ que, en este caso lleva por título ‘Lo que Rajoy nos dejó, un filme con mucho de cambio climático y poco de renovables’.

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En la acción, el ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, emula al galán de cine Clark Gable, mientras que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, hace el papel de Vivian Leigh.

Así, en la mítica escena de ‘A Dios pongo por testigo…’, en este caso, Rajoy dice “A Dios pongo por testigo que jamás volveré a cerrar una central térmica”, mientras que Nadal, emulando la escena final del emblemático filme dice: “Francamente querido, el cambio climático me importa un bledo’.

Greenpeace lamenta que el Gobierno sigue anclado en “la vieja película de las energías sucias como el carbón y la nuclear aunque suponga incumplir los objetivos europeos de renovables o legitimar el Impuesto al Sol“.

Los activistas se han encaramado a la fachada del emblemático Palacio de la Música y han instalado la pancarta, mientras otros grupos han informado a los ciudadanos en la calle sobre el motivo de la protesta. Horas más tarde, los Bomberos del Ayuntamiento de Madrid han retirado el cartel.

La ONG insiste en que un sistema eléctrico prácticamente 100 por 100 renovable, eficiente, inteligente y en manos de los ciudadanos abarataría las facturas energéticas de los hogares hasta un 34 por ciento.

La acción se realiza a cuatro días de que el próximo 18 lunes se celebre el Consejo Europeo de Energía donde Greenpeace espera que el Gobierno podría facilitar el diseño de un mercado eléctrico europeo adecuado para el cumplimiento del Acuerdo de París.

Sin embargo, denuncia que Nadal trata de trasladar a Europa su política contra el autoconsumo al poner en duda el beneficio neto que puede aportar al conjunto del sistema y previsiblemente defenderá la necesidad de mantener las subvenciones al carbón para que las centrales “inviables, sucias y peligrosas” permanezcan operativas a pesar de una sobrecapacidad significativa en el sistema eléctrico.

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