La CUP ha puesto en marcha una campaña llamada “Basta de feminicidios” para luchar “contra la presión estética y la cosificación sexual”.

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Las asambleas locales y territoriales de diversas organización de la izquierda independentista, en colaboración con activistas de colectivos feministas locales, están realizando acciones en este sentido en municipios como Barcelona, Alicante, Terrassa, Vilafranca, Vilanova o Sant Cugat.

Así, están colgando carteles y pegando adhesivos sobre elementos publicitarios que consideran “estereotipados” y que “presentan a las mujeres como simples objetos”. Estos carteles y pegatinas van acompañadas por una banda con el eslogan “La operación bikini nos la pasamos por el coño”. El hashtag de la campaña, difundida a través de las redes sociales, es #NoSomObjctes.

MANIFIESTO

“Cuando llega el verano, las mujeres somos bombardeadas con todo tipo de anuncios en el que se nos exige que nos depilemos, que adelgacemos, que reduzcamos la celulitis, que disimulemos las estrías, que nos bronceemos. En resumen, que nos preparemos para tener lo que se dice un cuerpo perfecto. A eso le llamamos presión estética.

Se nos exige que cambiemos nuestros cuerpos según unos cánones de belleza que ni son realistas ni representan los cuerpos de las mujeres y, menos, el de las mujeres de clase trabajadora, cuerpos que han sido moldeados por la vida y para aguantar largas jornadas laborales. No necesitamos ningún canon porque nuestros cuerpos ni son ni deben ser todos iguales, y por esta razón estamos aquí: para denunciar la presión estética que padecemos y el contrasentido de los tratamientos de belleza que no son en ningún caso necesarios. No protestamos contra las trabajadoras de los centros de estética, sino contra el modelo de belleza que estos centros ayudan a promocionar.

Un modelo de belleza irreal que supone tiempo y dinero, precisamente lo que nos falta a la mayoría de mujeres. Un modelo de cuerpos inalcanzables, que son una demanda perversa que nos genera frustración y que nos lleva a poner en riesgo nuestra salud, tanto física como psicológica o emocional. Esta presión estética nos mina desde muy pequeñas nuestra autoestima. Nos hace creer imperfectas y nos genera la necesidad de cambiar para ser aceptadas socialmente, para ser estimadas. Unos estereotipos imposibles que nos detallan todo lo que tenemos que odiar de nosotras mismos, porque asumimos que, a buen seguro, nos “sobran” cosas o nos “faltan” otras. Como si el físico determinara el valor que aportamos a esta sociedad enferma. Nos incapacitan y anulan como personas, nos hacen pensar día y noche en nuestro cuerpo porque no pensamos que somos más que eso, y encima nos empobrecen cuando nos maltratamos para acercarnos a este canon, haciendo a las mujeres de las clases populares más esclavas, aún, de la sociedad de consumo.

Hay quien dice que la presión estética es también ejercida sobre los hombres. Si, es cierto que la industria de la imagen ha encontrado un nuevo mercado en el que invertir. Aún así, ni existe la misma presión, ni la implicación que conlleva es igual. Con la presión estética se visualiza con claridad como el capitalismo y patriarcado trabajan juntos, pero el segundo, en este caso, sólo actúa sobre las mujeres.

Ya estamos hartas de que nuestro cuerpo e imagen se utilice como objeto que debe ser expuesto o explotado al servicio de intereses comerciales. O que se nos trate como objetos de consumo para satisfacer las supuestas “necesidades” sexuales masculinas. Tampoco queremos que se nos idealice como musas portadoras de la belleza. Queremos que se nos trate con dignidad y como personas. Queremos luchar también contra la imposición de un modelo de cuerpo de mujer joven, blanca, delgada y con capacidad económica. ¡Porque somos imperfectamente fantásticas!

Nuestros cuerpos y nuestras vidas nos pertenecen. Queremos que se nos valore como personas, no como objetos ni mercancías. ¡Queremos ser como somos y sentirnos libres!”

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