Protagonizada por Nicholas Hoult y Kevin Spacey, la cinta de Danny Strong narra la vida del escritor J.D. Salinger, uno de los autores más famosos y controvertidos de la literatura norteamericana.

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El estreno en España de ‘Rebelde entre el centeno’, lo último de Kevin Spacey después de que el escándalo de los abusos sexuales le salpicara provocando que Ridley Scott borrase los planos que había rodado en ‘Todo el dinero del mundo’, estaba previsto para el pasado 15 de diciembre de 2017. Sin embargo, unos días antes, la distribuidora anunció un aplazamiento que ha demorado la llegada de este esperado biopic más de cuatro meses.

Para los menos mal pensados, la razón del retraso pudo deberse a que ese viernes de diciembre se estrenaba también, y en todo el mundo, ‘Star Wars: Los últimos Jedi’; para el resto, simplemente, se trató de ir al paso que iban marcando las informaciones sobre la caída en desgracia de Kevin Spacey cuando varios compañeros de profesión le denunciaron por “comportamientos poco éticos” en medio de la tormenta que ya había acabado con la carrera del hasta entonces todopoderoso productor Harvey Weinstein. En Estados Unidos, la película se había estrenado en septiembre de 2017, es decir, meses antes de que saltara el escándalo -con una recaudación de 378 millones de dólares-, pero a final de año los aires habían cambiado por completo y el ambiente recomendaba esperar.

Protagonista de 'Rebelde entre el centeno'
Protagonista de ‘Rebelde entre el centeno’

Hasta ahora. Desde este viernes 4 de mayo podrá verse por fin en las salas de nuestro país, a donde la cinta llega precedida de buenas críticas pero, sobre todo, de mucha expectación. Porque de Jerome David Salinger se sabe tan poco, que cualquier nueva “información” mueve a los seguidores del escritor o de su única novela publicada, ‘El guardián entre el centeno’, a querer descubrir más cosas sobre la enigmática vida de aquel chico judío de familia bien neoyorquina que prefirió dedicarse a escribir en lugar de heredar los mandos del imperio cárnico de su padre, Solomon Salinger, director de J.S. Hoffman & Company y emigrado de Sudargas, en la frontera polaco-lituana, entonces perteneciente al Imperio ruso.

En 1919, cuando Salinger nació, su familia ya tenía una posición acomodada y, a pesar de la gran depresión de 1929, se trasladaron en 1932 a un lujoso apartamento de Park Avenue, en Manhattan. En 1936, el joven Salinger se matriculó en la Universidad de Nueva York para estudiar arte y, tras un semestre sin demasiado provecho, su padre le ofreció viajar a Europa para aprender idiomas e iniciarse en el negocio de la importación. Pasó casi un año entre Austria y Polonia en unos momentos de extrema tensión en Europa. A su vuelta, se inscribió en un curso de escritura de la Universidad de Columbia impartido por Whit Burnett, editor de la revista literaria Story en cuyas páginas se dieron a conocer escritores como Tenesse Williams y Truman Capote. Burnett fue una influencia fundamental en los inicios de la carrera de Salinger y como tal aparece retratado en la película dirigida por Danny Strong.

Fue Burnett quien aconsejó a Salinger que ofreciera sus relatos cortos a las revistas populares de amplia distribución como’ Collier’s’, ‘Esquire’ o ‘The Saturday Evening Post’, aunque su primer intento con el título ‘The young folks’ fue rechazado. Lo cierto es que Salinger no tuvo éxito con las revistas “comerciales” y pasado un tiempo decidió intentarlo con historias más convencionales. Había estallado la Segunda Guerra Mundial y en este momento la vida personal de Salinger estaba centrada en su romance con Oona O’Neill, hija del dramaturgo Eugene O’Neill, que finalmente se casaría en 1943 con Charles Chaplin.

En aquella época, la mayor ambición de Salinger a nivel profesional era aparecer en la revista literaria norteamericana más prestigiosa, ‘The New Yorker’, la cual terminó aceptando a finales de 1941 la publicación de ‘Slight Rebellion Off Madison’, el relato en el que hace su aparición Holden Caulfield, futuro protagonista de ‘El guardián entre el centeno’.

Y fue entonces cuando la guerra se cruzó en su destino. Salinger se alistó en el ejército en abril de 1942, siendo destinado al 12.º Regimiento de la 4.ª División de Infantería, unidad en la que permanecería durante toda la guerra como agente de inteligencia y grado de sargento del Estado Mayor. Participó en dos de las batallas más cruentas del conflicto bélico europeo, la del bosque de Hürtgen y la de las Ardenas, y en el tramo final de la guerra contribuyó en la liberación del complejo de campos de concentración de Dachau.

Al finalizar la guerra, se creó un cuerpo de contraespionaje como asistente del proceso de desnazificación al que fue adscrito y Salinger fue trasladado a Weissenburg, cerca de Núremberg. Sin embargo, el escritor ya había tenido bastante. Las experiencias de la guerra le habían impactado tan profundamente que sufrió de estrés postraumático y fue ingresado en julio en un hospital de Núremberg. Por supuesto, la huella emocional que le dejaron estos hechos se percibe en algunos de sus relatos, especialmente “Un día perfecto para el pez plátano”, sobre un exsoldado suicida, y también en “Para Esmé, con amor y sordidez”, historia narrada por un soldado abatido por los traumas.

El 18 de octubre de 1945 Salinger se casó con Sylvia Louise Welter, una oftalmóloga alemana con la que se instaló en Gunzenhausen, a 45 kilómetros de Núremberg. Debido a las normas de no confraternización que prohibían este tipo de uniones a los soldados estadounidenses, la pareja tuvo que fingir que ella era francesa y viajar con documentación falsa. Estaba claro que la vida personal de Salinger, lo mismo que su escritura, se situaría siempre en lo nada convencional. Por mucho que él pudiera en ocasiones desear lo contrario. En todo caso, la relación duró poco. En abril de 1946, el matrimonio se embarcó de vuelta a Estados Unidos donde se instalaron en la casa familiar de Salinger en Park Avenue y en julio Sylvia regresó a Europa, sola. Ya no volvió.

En 1951 Salinger publicó su única novela, ‘El guardián entre el centeno’, que no tardó en hacerse muy popular entre los críticos y los lectores jóvenes. La historia está narrada en primera persona por Holden Caulfield, un adolescente rebelde, inadaptado e inmaduro, pero de gran perspicacia. De la icónica novela se ha dicho, entre muchas otras cosas, que es la única que ha sabido captar lo que es la adolescencia con todas sus contradicciones, aunque por otra parte su éxito haya tenido que convivir con el “estigma” de haber sido citada como favorita por algunos asesinos en serie.

Cartel de 'Rebelde entre el centeno'
Cartel de ‘Rebelde entre el centeno’

En 1955, Salinger volvió a apostar por la aventura del matrimonio y se casó con Claire Douglas, unión que concluyó también en divorcio en 1967, cuando se acentuó la reclusión del escritor en su mundo privado y su interés por el budismo zen. Porque después de haber obtenido la fama y la notoriedad con su única novela publicada, Salinger se convirtió en un eremita, apartándose del mundo exterior y protegiendo al máximo su privacidad. Se mudó de Nueva York a Cornish en New Hampshire y allí, en su cabaña, continuó escribiendo historias que nunca publicó.

Salinger intentó por todos los medios escapar de la exposición al público y de la atención del mismo. Estaba convencido, y así lo declaró, que “los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida”. Sin embargo, la fama de su novela no se lo puso fácil. Holden Caulfield se lo impedía y, probablemente, su ansia de privacidad no hizo sino alimentar esa curiosidad sobre su vida que tanto quiso evitar.

Así, cuando supo de la intención del escritor británico Ian Hamilton de publicar ‘J. D. Salinger: A writing life’, una biografía que incluía cartas que Salinger había escrito a amigos y a otros escritores, interpuso una demanda para detener su publicación. El libro apareció finalmente con los contenidos de las cartas parafraseados, ya que el juez determinó que aunque es posible que una persona sea el propietario de una carta físicamente, lo que está escrito en ella pertenece al autor. Sin embargo, el “mal” ya estaba hecho: como resultado del juicio salieron a la luz detalles de la vida privada de Salinger, incluyendo que había escrito dos novelas y relatos que no habían sido publicados, a través de las transcripciones del juzgado.

Aquello le encerró aún más. Incapaz de detener el interés por su vida, continuó escribiendo hasta su muerte, a los 91 años, en su cabaña de madera de los frondosos bosques de New Hampshire. Cincuenta años negándose a publicar, escribiendo solo porque necesitaba hacerlo. Por eso, la pregunta de por qué y para quién escriben, en el fondo, los escritores marca desde el principio la película sobre su vida, una vida en todo caso que solo puede contarse (de verdad) en relación a la primera parte de su existencia. La época de su noviazgo con Oona O’Neill, su participación como soldado en el sangriento desembarco de Normandía y la posterior liberación de los campos de concentración nazis.

'Rebelde entre el centeno'
‘Rebelde entre el centeno’

También, la de su reconversión al budismo para intentar superar los traumas de la guerra, así como de su relación de amor y odio con la revista The New Yorker y con el mundo editorial. Porque la película es también un retrato del ecosistema literario de los años 40: un pequeño reino en el que los escritores tenían que plegarse a las consideraciones de los editores de la todopoderosa revista si querían ver sus textos publicados. Y, por fin, de los primeros pasos en la fama a partir de su novela – 65 millones de ejemplares vendidos y cada año lo compran 10.000 nuevos lectores en todo el mundo – y su relación con el profesor Whit Burnet, a quien interpreta Kevin Spacey.

Lo más interesante de la cinta es, en todo caso, lo referente al proceso de creación de la novela que le dio fama mundial y el planteamiento en general acerca del origen de la necesidad de escribir que tiene cada autor. Con una pregunta que el profesor Whit Burnet hizo a Salinger al comienzo de todo y que, quizás, se hagan en algún momento la mayoría de los escritores: “¿Serías capaz de dedicar tu vida a escribir aun si sólo obtuvieses rechazo?”. J.D. Salinger lo hizo, aunque no fue el rechazo lo que le condujo a dejar de escribir para los demás, sino todo lo contrario. El éxito fue para él demasiado.

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