Acaba de inaugurarse en Madrid, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la exposición “Ventura Rodríguez, arquitecto de la Ilustración”, organizada con motivo del 300 aniversario de su nacimiento.

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La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando es, con alta probabilidad, el lugar que podría haber elegido el propio arquitecto madrileño para mostrar al público nacido tres siglos después que él sus obras y proyectos. Buena parte de su vida estuvo ligado a la prestigiosa institución. La llegó incluso a dirigir en dos ocasiones, en 1766 y en 1775, con la misma pasión que ponía en una profesión que, por otra parte, le venía de familia.

Oriunda de Ciempozuelos, donde Ventura nació, la familia Rodríguez contaba ya con tres arquitectos cuando él llegó al mundo en 1717. Su padre, Antonio Rodríguez, y sus dos tíos ya levantaban planos, dibujaban proyectos y dirigían obras antes de que él empezara a andar. Su padre, además, era profesor de arquitectura y de su primer matrimonio –se casó tres veces, igual que después haría su famoso hijo– con Jerónima Tizón, nació el 14 de julio el padre de La Cibeles a quien se bautizó, como era costumbre, con el santo del día: san Buenaventura.

Cartel de la exposición sobre Ventura Rodríguez
Cartel de la exposición sobre Ventura Rodríguez

Dibujante de gran destreza y sensibilidad, tuvo la fortuna de que con motivo del traslado de la corte el arquitecto Filippo Juvara -encargado del proyecto del Palacio Real de Madrid– tuviera la ocasión de ver unos bocetos del joven arquitecto y, a continuación, solicitara al rey que Rodríguez le fuera asignado como delineante. El arquitecto italiano se convirtió así en maestro de Ventura y, a su muerte en 1736, su sucesor al frente del proyecto del Palacio Real, Giovanni Battista Sacchetti, lo mantuvo con él.

Su carrera parecía imparable y ya en 1741, con 24 años recién cumplidos, ostentaba el nada desdeñable cargo de aparejador segundo del Palacio Real en el titánico proyecto de levantar dicho palacio tras el incendio del Alcázar en 1734. Sin embargo, como la fortuna se va a veces igual que vino, es decir repentinamente y con independencia del talento, tuvo Ventura la “desgracia” de ser coetáneo de Francesco Sabatini. Y el arquitecto palermitano, aparte de tener su propio y genial talento, llegó a Madrid de la mano del nuevo rey, Carlos III, que lo nombró de inmediato –ya había confiado en él cuando era rey de Nápoles y Sicilia- Maestro Mayor de las Obras Reales.

A Ventura Rodríguez no le faltaron, por supuesto, encargos. Hay que tener en cuenta que en la segunda mitad del siglo XVIII había surgido en Europa la Ilustración, movimiento que no solo suponía renovación ideológica y política, sino también artística. Y Carlos III venía de Italia fuertemente influenciado por la citada corriente. Ello le llevó a emprender una serie de reformas urbanísticas en Madrid, como el alumbrado público o el adoquinado de las calles. Unas reformas que, además, perseguían relevancia estética.

La Cibeles
La Cibeles

El objetivo era situar a la capital de España al nivel estético de ciudades europeas como París o San Petersburgo y se emprendieron proyectos emblemáticos como la Puerta de Alcalá, la Fuente de Neptuno o La Cibeles, esta última realizada por Rodríguez en un proyecto que abarcó de 1777 a 1782. Ventura diseñó la famosa fuente con intención de compaginar la función ornamental con la práctica y desde el principio fue de utilidad para los madrileños. Tenía dos caños: de uno se surtían los aguadores oficiales que llevaban el agua hasta las casas y del otro, el público de Madrid.

El agua procedía de un viaje de aguas que, según la tradición, databa de la época en que Madrid era musulmán y tenía fama de poseer propiedades curativas para infinidad de males. Sin embargo, nada, ni siquiera La Cibeles, logró compensar al arquitecto madrileño de la pérdida del favor real, a lo que se unió el fracaso de algunos proyectos, como el de la Puerta de Alcalá (construida finalmente por Sabatini en 1764) o la basílica de San Francisco el Grande (también terminada por Sabatini en 1768). Otra vez, el siciliano cruzándose en su camino.

La Academia de San Fernando
La Academia de San Fernando

La muestra que acaba de inaugurarse está estructurada en cinco grandes apartados cronológicos y en buena medida temáticos, desde su periodo de formación y sus primeros proyectos, pasando por el reinado de Fernando VI y las obras con influencia del barroco romano, así como por los años de trabajo bajo el reinado de Carlos III, hasta su trayectoria final, reafirmada gracias también a su relación con el infante don Luis de Borbón y su círculo personal integrado por artistas e intelectuales, desde Goya hasta Luis Paret.

En total, la exposición reúne más de ciento cincuenta piezas originales, algunas de ellas inéditas o nunca expuestas, entre las que pueden destacarse la planta y alzado de la Santa Capilla de la Basílica del Pilar de Zaragoza, realizada por Ventura Rodríguez entre 1750 y 1753. También dibujos y material referente a otros trabajos suyos muy conocidos como la Iglesia de San Marcos, el Palacio del Infante Don Luis en Boadilla del Monte, el Palacio de Altamira o el Palacio de Liria para la Casa de Alba, en el que trabajó junto con Louis Guilber.

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