La anunciada continuidad de Vladimir Putin al frente de la presidencia de Rusia ya ha sido confirmada por los resultados oficiales de las urnas que otorgan al polémico y carismático mandatario una cómoda victoria del 76,66% en los comicios de este domingo.

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Quizás una de las frases que mejor resuman el ambiente que reinaba entre los opositores a Vladimir Putin ante las elecciones celebradas ayer en Rusia sea la pronunciada días atrás por el famoso ajedrecista ruso Garry Kasparov, activista de Derechos Humanos, asegurando que Putin se había esforzado más en los comicios que convertirían a Donald Trump en presidente de Estados Unidos que en los que iban a celebrarse en su propio país.

Porque, por una parte, es cierto que Putin sabe que ha tomado bien el pulso de sus ciudadanos y las cifras ofrecidas por la Comisión Central Electoral que, tras el recuento del 99,84 % de los sufragios, le dan por obtenido un apoyo del 76,66% confirman su “sensación”. Y por otra, el único opositor con posibilidades de, al menos, ponerle a currarse una campaña propiamente dicha, Alexei Navalny, ya había sido eficazmente “neutralizado”.

Desde su llegada al poder a finales de 1999, Putin se ha caracterizado por su afán de mantener un férreo control sobre todo aquello que pueda ser controlado. Es decir, sobre casi todo: las televisiones, los recursos estratégicos del país, la economía, las élites, la población y los países vecinos. Con excepción, claro, de las opiniones de ciertos opositores, políticos o no, a los que en todo caso también se ha estado controlando para que no sacaran (demasiado) los pies del tiesto ruso.

Su obsesión por el control se demuestra también con el hecho de que el 70 por ciento de la economía rusa esté hoy en manos de empresas estatales y que la dependencia de la contratación pública de las empresas formalmente privadas siga aumentando. Además, asuntos que podrían haber erosionado su popularidad, como la crisis de Ucrania – aún vigente – o las continuas tensiones con Europa y EE.UU. han tenido un resultado por completo distinto al augurado.

Vladimir Putin
Vladimir Putin

Por ejemplo, la crisis de los espías supuestamente envenenados por orden del Kremlin en Gran Bretaña cuyo último caso, el de Skripal, ocurrió solo días antes de las elecciones y la posterior expulsión de diplomáticos rusos de Londres ha servido para vender en Rusia una especie de “agresión” exterior contra el país. Es un hecho, por otra parte, que en Rusia la política exterior y la interior caminan siempre de la mano y resulta muy difícil entender la una sin la otra.

En todo caso, como en unas elecciones democráticas tiene que haber diversos contrincantes, en esta última carrera electoral rusa también han participado la liberal Ksenia Sobchak, una reconocida personalidad de la televisión rusa, o Vladimir Zhirinovsky, exmilitar soviético de 71 años con un discurso nacionalista y antioccidental. En total, frente a Putin se han disputado el máximo cargo del país otros siete candidatos: Serguéi Baburin (Unión Popular de Rusia), Pável Grudinin (Partido Comunista), los citados Ksenia Sobchak (Iniciativa Ciudadana) y Vladímir Zhirinovski (Partido Liberal Demócrata), Maxim Suraikin (Comunistas de Rusia), Borís Titov (Partido del Crecimiento) y Grigori Yavlinski (Yábloko)

No obstante, como decíamos, para muchos ha faltado el principal líder de la oposición, Alexei Navalny, oportunamente inhabilitado por la Comisión Electoral Central para ser candidato a causa de sus antecedentes penales. En julio de 2013, Navalny fue condenado por malversación a cinco años de prisión y 10 de inhabilitación, sentencia que lo dejó fuera de la carrera presidencial a pesar de que la pena fue suspendida en febrero, quedando en libertad. Navalny siempre ha mantenido – comprensible, por otra parte – que aquella acusación era falsa, una maniobra de Putin para borrarle del mapa político.

Porque este abogado de 42 años compite con Putin no solo en lo referente al programa electoral sino, especialmente, en carisma y atractivo – qué sería de nosotros sin la imagen – y a pesar de todo, ha seguido sumando seguidores durante los últimos años. También detenciones policiales, como la ocurrida durante la celebración del Día de Rusia después de que una serie de protestas encadenadas en distintas ciudades  armaran demasiado ruido con sus quejas por corrupción y por la prohibición de que Navalny se presentara a las elecciones.

Al día siguiente, Dmitri Peskov, portavoz del Gobierno ruso afirmaba que la detención de Navalny nada tenía que ver con la política. “Esas manifestaciones”, afirmó rotundo, “no representan una amenaza para el presidente Putin, cuyo liderazgo es “absoluto”. “Cuesta creer que alguien pueda poner en duda que Putin es el líder absoluto para la opinión pública, el líder del Olimpo político, con quien en esta etapa difícilmente alguien pueda competir”. Putin, por su parte, siempre se ha limitado a presentar a Navalny, de quien ni siquiera menciona el nombre, como una figura marginal y un oportunista que “utiliza las dificultades existentes para su propia comunicación política”.

Vladimir Putin
Vladimir Putin

Navalny, en todo caso, no parece haberse rendido. Tiene la capacidad de movilizar a miles de personas a través, sobre todo, de un blog, un canal de Youtube y una plataforma política denominada Fondo de Lucha contra la Corrupción, donde lleva años denunciando los supuestos beneficios personales de Putin y Dimitri Medvedev conseguidos gracias al poder que ostentan. Uno de los vídeos que carga en particular, con Medvedev, “sacando a la luz las verdades de su mandato”, tuvo más de 26 millones de reproducciones y esta estrategia viral le habría servido al abogado para atraer a muchos jóvenes, un colectivo que, no obstante, ayer habría votado de forma mayoritaria por Vladimir Putin.

Ayer domingo, mientras los rusos acudían a las urnas, Navalny no dejó de denunciar a través de las redes sociales supuestas irregularidades en las elecciones presidenciales a la vez que lidiaba con el registro de sus oficinas en varias ciudades, otro más, que la policía llevó a cabo el sábado. Denuncias a las que se unió la ONG rusa Golos, defensora del ejercicio del derecho a voto, informando que hubo 2.500 quejas sobre posibles irregularidades durante la jornada electoral en 72 regiones del país, con la ciudad de Moscú a la cabeza.

Pero, ¿alguien piensa que estas denuncias pueden quitarle el sueño a Putin? Desde la anexión de Crimea, Putin “hace bien” en creerse invencible, el líder del Olimpo como dice Peskov y no solo respecto a su propio país. Reconozcamos que ha salido indemne de todos los escándalos de intromisión en la política de otros países, incluido Estados Unidos, y lleva tiempo testando sin despeinarse dónde está la línea roja de Occidente, al tiempo que busca debilitar la posición unitaria europea con relación a Rusia y se burla en público de las acusaciones de espionaje o de las sanciones contra su país.

Se espera que en los próximos días Putin anuncie algunos cambios en el Gobierno y un gran plan nacional de modernización. Sin duda, la gran tarea pendiente de Rusia desde hace décadas a pesar de que nadie cree que se lleven a cabo cambios estructurales. Lo que también se espera es una mayor agresividad en la política internacional para “paliar” el parón en el crecimiento de la economía que se prevé por la caída de los precios del petróleo.

Pero ahora lo que toca es celebrar la nueva victoria. Anoche, en un acto multitudinario en Moscú, Putin se mostró más eufórico que nunca. Razones no le faltan. “Juntos haremos grandes cosas en el nombre de Rusia”, prometió a los suyos, mientras recibía las felicitaciones de sus aliados. Entre ellos, el presidente Nicolás Maduro, que expresó sus “mejores deseos y solidaridad en esta nueva etapa de retos que el presidente Putin afrontará con la audacia, energía y sabiduría que lo caracterizan” y el de Bolivia, Evo Morales, que recogió en su cuenta de Twitter la “contundente victoria del hermano presidente de Rusia, Vladimir Putin”, destacando que “Rusia respeta la dignidad de los pueblos y garantiza el equilibrio geopolítico y la paz mundial ante arremetida del imperialismo”.

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