Uno a uno, los detenidos por orden del Príncipe Heredero Mohamed bin Salman, actual hombre fuerte de Arabia Saudí, el pasado 4 de noviembre en el Hotel Ritz de Riad han ido negociando y pagando al Estado las multas que se les exigían para que los cargos de corrupción que pesaban sobre ellos fueran sobreseídos.

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Mohamed Bin Salman, o MBS, como es conocido en su país, había advertido que no saldrían hasta que el Estado “recuperara 100.000 millones de dólares de todo lo que robaron”.

El príncipe Mohamed bin Salman
El príncipe Mohamed bin Salman

Las funciones de cárcel que ha estado llevando a cabo el lujoso hotel Ritz-Carlton de Riad llegan a su fin. “Misión cumplida”, se estarán felicitando los autores intelectuales de este sorprendente método, irregular y esperpéntico, que ha cumplido, aún mejor de lo que se esperaba, con su objetivo: recuperar la suma que los casi 400 millonarios retenidos en el lujoso hotel, entre ellos 10 príncipes, 4 ministros y decenas de ex ministros, habrían robado al erario público.

Y si hablamos de Arabia Saudí y de sus príncipes millonarios, la suma es cualquier cosa menos baladí. Por el momento, se habla de que los ‘presos-secuestrados’ que ya han negociado para volver a sus casas hartos de tanto hotel habrían desembolsado un total de 106.700 millones de dólares. Una cantidad que supera los 100.000 millones de dólares que el Estado anunció que pretendía recuperar cuando el 4 de noviembre se llevó a cabo la descomunal redada de nobles y empresarios del país, un total de 381 de los que ya solo quedan retenidos 56.

Uno de los últimos en dejar su encierro de oro ha sido el multimillonario Alwaleed bin Talal, príncipe habitual en la lista Forbes de los más ricos del mundo y en las páginas de la prensa del corazón. Apodado ‘El Warren Buffett árabe’, en 2006 su patrimonio neto se estimaba en unos 30.000 millones de dólares, Bin Talal fue liberado el 26 de enero tras alcanzar “un acuerdo financiero” con las autoridades. Él mismo se apresuró a aclarar en una entrevista a la agencia Reuters que se había tratado de un “malentendido” que ya estaba aclarado y que no había cargos pendientes en su contra, aunque no desveló el montante de su “aportación” a la caja del Estado.

Tampoco hay ya cargos pendientes contra el resto de los que han vuelto a casa –es probable que más de uno haya elegido de momento instalarse en alguna de sus propiedades fuera del país-, porque, según las declaraciones del fiscal general saudí, los cargos de corrupción han sido sobreseídos después de haber negociado con cada uno de los “presos” el pago de las correspondientes multas, cuya suma arrojaba una cifra de escándalo, muy superior al producto nacional bruto de la mayor parte de las naciones del mundo, y una sexta parte del de Arabia Saudí.

Una de las habitaciones del hotel Ritz reconvertido en cárcel de lujo
Una de las habitaciones del hotel Ritz reconvertido en cárcel de lujo

Por su parte, el ministro de Finanzas saudí, anunciaba que parte del dinero recaudado, en concreto 13.300 millones de dólares, se destinará para financiar un programa lanzado por MBS de ayudas directas a los ciudadanos “para que sobrelleven mejor el alza del coste de vida en el reino”. Por descontado, son muchos los que fuera de las lujosas mansiones y hoteles del país dudan de tan loable propósito. Más aún dudan de ello los que, desde el interior de dichas mansiones, solo han visto en la operación una purga contra los enemigos del Heredero.

Una purga que, de paso, llenaba las arcas del Estado para ayudar a sortear el desencanto social causado por las drásticas medidas de austeridad provocadas por la situación que vive el país. Como consecuencia de la bajada del precio del petróleo y la sangría económica que ha supuesto la guerra contra Yemen, que dura ya dos años y ha provocado más de 10.000 muertos civiles y una grave epidemia de cólera, el reino ha visto reducidos sus ingresos. Y ha tenido que tomar medidas que no han gustado, entre ellas subir el precio de la bebida nacional, la Coca-Cola, del agua y de la electricidad.

A sus 31 años, Mohamed bin Salman, hijo menor y favorito del enfermo Rey Salman, que llegó al poder el pasado mes de junio tras un golpe palaciego que “eliminó” al contrincante, su primo Mohamed bin Nayef, representa a una población que reclama ciertos cambios sociales y cuya media de edad es de 27 años. Su reputación de audaz, que sin duda ha demostrado con la ‘operación Ritz’, se la ganó como ministro de Defensa –suya fue la decisión de intervenir militarmente en Yemen– y de Finanzas, con sus grandiosos proyectos de inversión.

Ha restringido poderes a la policía religiosa para abrir la mano en materia de entretenimiento en un país donde el único ocio permitido consiste en pasear por enormes centros comerciales, y los 5.000 príncipes saudíes ya han aprendido que lo mejor es mantener la boca cerrada sin cuestionar sus decisiones. Su padre, aquejado según ‘The Washington Post’ de demencia senil, ya no está para antiguos amigos o colaboradores y MBS, al mando del Ejército, también ha decidido afianzar los lazos con Donald Trump e intensificar los enfrentamientos contra Irán.

Sus opositores, aunque callen, lo ven como un gobernante ambicioso e impredecible, también extremadamente cruel, que quiere liderar a cualquier precio la zona, aunque la prensa afín se empeñe en ofrecer de él una imagen de líder trabajador, menos preocupado que sus predecesores por el lujo y el boato. Imagen que en los meses inmediatamente anteriores a la “gran redada” se había visto salpicada por informaciones que aseguraban todo lo contrario: a MBS le gustaba, como a los demás, un estilo de vida derrochador y es caprichoso cuando de comprar propiedades extranjeras se trata.

Piscina del hotel Ritz de Arabia Saudí reconvertido en cárcel de lujo
Piscina del hotel Ritz de Arabia Saudí reconvertido en cárcel de lujo

En todo caso, MBS –”solo” tiene una mujer y cuatro hijos– tiene muy claro que quiere representar el rostro de la nueva Arabia Saudí. Ha impulsado el proyecto ‘Visión 2030’, un programa que pretende que Arabia Saudí deje de depender del petróleo para ese año, sabe cuidar su imagen y no duda a la hora de vestirse con unos vaqueros y fotografiarse con iconos de la modernidad como el fundador de Facebook, Marck Zuckerberg.

Y concluida “con éxito” la audaz operación del Hotel Ritz, el Heredero ha dado una vuelta de tuerca más a su personal proyecto. Ahora, con las últimas liberaciones de grandes donantes, el Gobierno saudí ha dado por concluida la “fase negociadora” y  los 56 detenidos restantes se enfrentarán a un proceso judicial normal por presunta corrupción.

Por su parte, el hotel Ritz ha abierto de nuevo su página web y ya está recogiendo las reservas tradicionales para recibir a nuevos huéspedes a partir de mediados de febrero.

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