Un cachorro con traje, una frase mal escrita a propósito y millones de reproducciones. Así se hace hoy parte de la política. Con las elecciones del 29N convocadas, los memes vuelven a colarse en la campaña: sirven para llamar la atención, animar a los propios y reírse del rival. Y ya no los fabrican solo los partidos. Candidatos, simpatizantes, creadores y usuarios anónimos pelean por contar la actualidad a su manera.
El calendario ya corre. El Real Decreto 806/2026, publicado en el BOE el 6 de octubre, fija las elecciones al Congreso y al Senado para el 29 de noviembre. La campaña oficial empieza a las 00:00 del viernes 13 de noviembre y acaba a las 24:00 del viernes 27. En las redes, sin embargo, nadie ha esperado. Según la Cadena SER, los partidos llenan TikTok e Instagram de memes, música, tendencias y guiños a la cultura popular. Es un lenguaje rápido, visual y emocional, según una especialista consultada. Lo que nadie sabe es cuánto pesará en las urnas.
Para qué sirve un meme
Un meme funciona porque se entiende a la primera. Usa imágenes, frases o situaciones que todo el mundo reconoce y llega a gente que no está buscando información política. A cambio, lo simplifica todo: una discusión entera queda reducida a una foto y una frase. Comunica muy bien, pero se deja por el camino los matices y las propuestas.
El humor también retrata. Puede hacer que un candidato parezca cercano, torpe, fuerte o auténtico, y eso moldea su imagen aunque no le dé votos nuevos. Y compartir una broma política es una forma de decir de qué lado se está.
Además, los memes no vienen de arriba. En las elecciones británicas de 2017, un estudio revisó 378 memes que sumaron casi 469.000 compartidos y más de 45 millones de visualizaciones de vídeo. El 90,2 % eran obra de ciudadanos. Eso sí: apenas explicaban qué proponía cada partido.
Fuera de Europa el patrón se repite. En Estados Unidos, las páginas de memes de Facebook retrataron en negativo tanto a Hillary Clinton como a Donald Trump en las presidenciales de 2016. En Brasil, los grupos de WhatsApp afines a Bolsonaro usaron el humor para hacer piña, atacar a los rivales, difundir sus ideas y normalizar mensajes hostiles, según varios estudios. En todos los casos, el meme es mucho más que propaganda oficial: es la forma en que la gente comenta y discute la imagen de los candidatos.
Perro Sanxe: el insulto que cambió de bando
España tiene su propio ejemplo. «Perro Sanxe» empezó como un insulto contra Pedro Sánchez y saltó a la fama con el vídeo de un niño que, enfadado por el cierre de las pistas de esquí de Navacerrada, llamó «Perro Sánchez» al presidente ante las cámaras de Telemadrid. Tiempo después, quienes lo usaban eran sus propios simpatizantes. En 2022, casi seis de cada diez menciones al apodo en X eran negativas; en 2023, más de ocho de cada diez eran positivas o irónicas, según un análisis de 1.373 publicaciones. El PSOE acabó sumándose a la broma en plena campaña de las generales de julio.
— Ice_Age_Chavalito (@estegomanu) May 30, 2023
¿Casualidad o estrategia? El trabajo de Ana I. Barragán-Romero, Lucía Caro-Castaño y Elena Bellido-Pérez, publicado en la Revista Latina de Comunicación Social, lo ve como una maniobra para mejorar la imagen del candidato y hacerlo más cercano frente a una derecha volcada en «acabar con el sanchismo». Lo que no demuestra es que el meme decidiera el resultado.
No es un invento español. En Estados Unidos pasó algo parecido con «Dark Brandon», un mote que nació para burlarse de Joe Biden y que terminaron adoptando sus partidarios.
Viral no significa votado
Un meme puede circular millones de veces sin mover un solo voto. Y el mismo formato que hace simpático a un candidato sirve para engañar. Tras la convocatoria, Maldita.es documentó más de una decena de vídeos hechos con inteligencia artificial que hablaban de un supuesto fraude en el voto por correo. Algunos se presentaban como sátira, pero podían dar alas al bulo.
También hay reglas. La ley electoral (LOREG) limita la propaganda entre la convocatoria y el arranque de la campaña, y la Junta Electoral Central ha indicado que esas normas valen también para las comunicaciones electrónicas, redes sociales incluidas. En las próximas semanas tocará distinguir entre humor, opinión, propaganda y hechos comprobables. Les toca a los partidos. Y también a quien reenvía el meme.
