El registro civil de Francia niega la inscripción de un nombre bretón, Fañch, porque la ‘ñ’ no está reconocida y va “contra la unidad del país”. Lo mismo pasa con nombres de origen vasco como Iñaki o Begoña.

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La batalla por ‘ñ’ se sigue librando en Francia. El presidente galo, Enmanuel Macron, mantendrá el veto sobre su uso, incluso en idiomas en los que esta letra es imprescindible, como es el caso de los ciudadanos franceses de origen bretón y vasco, que llevan años luchando en los tribunales por una mayor autonomía lingüística.

El uso de la ‘ñ’ es rechazado por Francia porque significaría “romper la voluntad de nuestro Estado de derecho para mantener la unidad del país y la igualdad sin distinción de origen”. Así lo decidió un tribunal de la ciudad de Quimper, y así seguriá siendo, de momento.

Durante una sesión de preguntas al Gobierno francés, la ministra del Trabajo, Muriel Penicaud, dejó claro que las autoridades no tienen planeado modificar la circular sobre el estado civil del 23 de julio de 2014. Éste restringe el uso en los nombres propios de los signos diacríticos, como la ‘ñ’.

LARGA BATALLA

El origen de la disputa se remonta al caso del pequeño Fañch (Francisco, en bretón), cuyos padres llevan más de un año luchando con las autoridades para poder registrar el nombre original de su hijo. El Tribunal de Primera Instancia había rechazado este nombre con el argumento de que la ‘ñ’ no figura entre los signos diacríticos admitidos por la Academia Francesa (acento grave, agudo, circunflejo, c cedilla y diéresis).

El niño tuvo que ser inscrito en el registro civil con el nombre de Fanch. Pero su caso no es el único, ya que muchos franceses de origen español ven cambiado su apellido original por Munoz, Ibanez o Muniz en sus documentos oficiales. Ni ‘ñ’ ni tampoco acento español: Gomez, Fernandez, Gonzalez… Tampoco pueden llamar a sus hijos Iñaki, Íñigo, Beñat, Nuño, Begoña o Garbiñe.

Los padres del pequeño Fañch tienen una nueva cita con el tribunal de apelación el 8 de octubre, para defender lo que el presidente de la asociación Skoazell Vreizh (Socorro bretón), Charlie Grall, define como “un nuevo ataque a la lengua bretona”.

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