Hace tiempo que a los nacidos en Corea del Norte durante la década de los 90 se les conoce como la generación ‘Jangmadang’, el nombre de los mercados callejeros “no autorizados” surgidos en plena hambruna norcoreana.

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Se dice de ellos que nacieron en la peor época posible, durante los años bautizados como la “gran hambruna” que asoló a un país aislado y sometido al poder de la siniestra dinastía que gobierna Corea del Norte. Es la generación de ‘los Jangmadang’, los mercados callejeros que surgieron de forma espontánea e inevitable cuando la hambruna norcoreana amenazó de muerte a sus habitantes entre 1994 y 1998. Se estima que dos millones de personas no resistieron a la falta de alimentos, aunque el régimen estalinista norcoreano prefiere referirse a esa época como “la ardua marcha” y solo ha reconocido 220.000 muertes como consecuencia de ella.

Aquel colapso del sistema de distribución pública de alimentos hizo que la ración básica diaria pasara de 450 gramos a solo 128 y que el régimen tuviera que mirar hacia otro lado cuando muchos ciudadanos descubrieron que su única forma para sobrevivir pasaba por la creación de un precario comercio privado. Al principio, se trataba de vender (o intercambiar) artículos de primera necesidad, como arroz, harina y verduras; posteriormente, fueron evolucionando desde las comunidades que habían surgido en los lugares de trabajo, entre las familias o en grupos vecinales hasta convertirse en “verdaderos” mercados. Por supuesto, informales o callejeros. Y quienes supieron desde muy pronto que un gobierno estalinista ni siquiera es capaz de no dejar morir de hambre a su pueblo, forman parte de la generación que intenta sacar adelante esta especie de “capitalismo” con fórmulas hasta ahora impensables en el país más aislado del mundo.

Un estudio de 2008 aseguraba que el 70% de los hogares situados en las ciudades se dedican al comercio o a los servicios relacionados con el mismo, como el transporte de mercancías. Por su parte, un documental producido por la organización con sede en EEUU que presta ayuda a los refugiados norcoreanos “Libertad en Corea del Norte” (LiNK), revela, a través de testimonios de ciudadanos que escaparon del país, que existe un importante cambio generacional provocado por aquellos que comprendieron que tenían que ser creativos para subsistir y que todo empezaba – como ha ocurrido siempre en la Historia – con la transformación del comercio. A pesar de las dificultades. Porque el verdadero cambio, si lo hay, no está más cerca hoy que hace unos años. Al menos, no como consecuencia (solo) de los ‘Jangmadang’.

Los estudios realizados por el Instituto de la Universidad Nacional de Seúl para la Paz y los Estudios de Unificación indican, por otra parte, que existe un crecimiento significativo del número de personas involucradas en sobornos relacionados con este tipo de mercados. Porque, aunque en los últimos años el régimen norcoreano se haya vuelto más indulgente con su existencia, los comerciantes todavía tienen que enfrentarse a fuertes regulaciones, que son las que, a su vez, dan lugar a las irregularidades y los sobornos. Otro protagonista de estos mercados es China, dominando de este modo tanto la economía formal con la economía informal en Corea del Norte, ya que un buen número de “comerciantes” pudieron dar el primer paso gracias a la ayuda de familiares que viven en China y que luego se convirtieron en socios de los comerciantes.

Los ‘Jangmadang’ se han convertido, además, en una fachada al exterior; y los dispositivos USB, en la ventana favorita de los norcoreanos. Pequeños y fáciles de trasportar, un USB es el cajón secreto ideal para guardar películas estadounidenses o surcoreanas. Y nada como ver lo que ocurre fuera, para poner en justa perspectiva lo que se vive dentro. En todo caso siguen siendo excepción los que se atreven a desafiar las normas, ya que el riesgo a ser penalizado es tan elevado como en las décadas pasadas: los que hablan desde su nueva vida fuera del país aseguran que las ejecuciones públicas continúan siendo la mejor forma de evitar que otros caigan en tentaciones demasiado “capitalistas”.

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