Solo en la noche de Navidad, 40 personas intentaron atravesar el canal y dos días antes habían sido socorridos otros 16 migrantes, así que el gobierno de Theresa May ha enviado un buque a la zona y lucha junto a Francia para blindar sus costas, que muchos intentan cruzar antes de la entrada en vigor de las nuevas políticas, si nadie lo remedia, con la salida de Gran Bretaña de la UE.

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Con la población haciendo acopio de alimentos – estas Navidades los hipermercados han registrado ventas récord de 29.300 millones de libras – y su primera ministra acuciada por el Parlamento, que acaba de aprobar una enmienda que recorta en 18 días el tiempo de reacción del Ejecutivo si su acuerdo no se aprueba, Gran Bretaña se enfrenta también a un agravamiento de la crisis migratoria que tanto quiere evitar. El pasado 25 de diciembre, las autoridades marítimas británicas rescataron a más de 40 migrantes de Irak, Irán y Afganistán que intentaban cruzar el canal de la Mancha en seis pequeñas embarcaciones. Al día siguiente, otra precaria embarcación era interceptada por guardacostas con nueve migrantes iraníes, cinco hombres, una mujer y tres niños, que acababan de llegar en un bote inflable con motor a la playa de Sandgate, en Kent. Son dos de los últimos intentos frustrados de atravesar el canal, que se han intensificado desde octubre por temor a que el Brexit se lo ponga aún más difícil que el mar.

La pasada semana, la Real Armada británica enviaba el buque patrullero HMS Mersey a las aguas del canal de la Mancha para evitar el paso de inmigrantes desde Francia y la previsión es que se mantenga en la costa sureste de la isla hasta que lleguen a la zona otros dos barcos de la fuerza de fronteras, el HMC Protector y el HMC Seeker. Además, París y Londres han acordado reforzar su colaboración en la lucha contra la llegada de inmigrantes sin papeles a bordo de pequeñas embarcaciones presuntamente fletadas por las mafias que operan en aquellas aguas. El ministro británico de Interior, Sajid Javid, y su homólogo francés, Christophe Castaner, están en permanente contacto para reforzar la vigilancia ante el estallido de esta nueva crisis migratoria que ha hecho saltar las alarmas en el Reino Unido. Otra vez.

De hecho, Sajid Javid estaba siendo tan criticado por la oposición, que le acusaba de inacción y falta de liderazgo, que tuvo que acortar sus vacaciones navideñas y regresar a Londres de forma inmediata, donde se apresuró a anunciar la intensificación en los acuerdos con París para un nuevo “plan de acción reforzada”. Dicho plan prevé un aumento del número de patrullas de vigilancia, más esfuerzos para desmantelar a las bandas de traficantes de personas y campañas de información para explicar a los refugiados “los peligros que entraña la travesía”. Lo cierto es que al igual que ocurre en el Estrecho de Gibraltar, cruzar el Canal de la Mancha en pequeños botes hinchables es una de las vías más peligrosas que puede “elegir” un refugiado.

Sin embargo, esta es la opción más utilizada desde que las autoridades de Francia y Gran Bretaña lograron contener los intentos de los refugiados de pasar a través del túnel utilizando los camiones de mercancías. Desde entonces, se enfrentan a las fuertes corrientes marinas propias del canal, a las frecuentes tormentas que sacuden la región con vientos de 100 a 120 km por hora y a la gélida temperatura del agua. También, al intenso tráfico marítimo de esta franja de agua de 35 kilómetros que separa Francia y Gran Bretaña – con más de quinientos barcos al día, es la vía marítima más transitada del mundo –, que pone en continuo riesgo las vidas de quienes se suben a los botes neumáticos de apenas 3 o 4 metros. Unas embarcaciones que los enormes cargueros de 100.000 a 150.000 toneladas, con 300 o 400 metros de eslora, no pueden divisar en plena noche. Porque, además, se desplazan sin luces para no llamar la atención de los guardacostas.

Sin embargo, la inmensa mayoría de quienes esperan en la inhóspita costa noreste francesa – hace dos años se cerró el enorme asentamiento conocido como la Jungla de Calais donde llegó a haber más de 10.000 personas – ya saben a qué se enfrentan. Lo saben desde que atravesaron diversos países con el único objetivo de “saltar” desde el continente a la isla que ha decidido continuar su camino sin la Unión Europea. Y aunque la policía francesa desmantela de manera sistemática los campamentos de migrantes que siguen apareciendo en su territorio, las embarcaciones de “última oportunidad” no han dejado de aventurarse en las aguas del canal. Y si hasta hace poco se utilizaban botes neumáticos con motor, supuestamente suministrados por las mafias, en las últimas semanas ha surgido un “método” nuevo que lleva, cómo no, a más problemas. Porque se trata del uso de embarcaciones de pesca robadas en los puertos de Boulogne-sur-Mer, Calais y Dunquerque y que, ante la proliferación de este tipo de robos, ha llevado a los pescadores a organizar sus propias patrullas armadas para proteger sus barcos.  

El propio ministro de Interior británico reconocía en un artículo publicado en ‘The Telegraph’ que “desafortunadamente no hay una solución fácil” a la crisis migratoria en el Canal de la Mancha, pero se limitaba a culpar a las mafias que “convencen” a los migrantes para que intenten la travesía antes de que las fronteras se cierren después del Brexit. Desde abril, la policía británica ha detenido a 43 grupos de traficantes de seres humanos y los dos que ya han sido juzgados, fueron condenados a ocho años de prisión por tráfico de clandestinos. En todo caso, el temor al candado del Brexit ha hecho mella en quienes buscan reunirse con los familiares o amigos que llegaron al Reino Unido antes que ellos y están dispuestos a intentarlo, aunque se jueguen la vida una vez más.

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