La extensa región marroquí del Rif está en pie de guerra por el encarcelamiento de los líderes del movimiento popular Hirak Rif. Las protestas se han extendido por todo Marruecos e incluso otros países.

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Todo comenzó con la muerte, el 28 de octubre de 2016, del joven Mouhcine Fikri, aplastado por un camión de basura cuando intentaba rescatar una partida de pescado que le había confiscado la Policía. Su terrorífica muerte fue grabada con teléfonos móviles y difundida inmediatamente en las redes sociales. A partir de ese momento, comenzaron a desarrollarse en Alhucemas manifestaciones tan masivas como las de la Primavera Árabe de 2011 y así nació el Hirak (Movimiento en árabe) del Rif, un grupo heterogéneo de jóvenes activistas que reclamaban, sobre todo, mejoras sociales en la zona.

El pasado 27 de junio, los cuatro principales líderes de aquellas revueltas, Naser Zefzafi, Mustafá Ahamyik,  Ouassim Boustati y Samir Ighid, eran condenados a 20 años de cárcel por atentar contra la seguridad interna del Estado, además de otros delitos como rebelión y participación en protestas ilegales. Todo ello después de un largo proceso marcado por las protestas de los acusados, incluidas huelgas de hambre, y de sus abogados defensores, que denunciaron la vulneración de sus derechos. Otros tres acusados fueron condenados a penas de 15 años, seis más a diez años, mientras que para nueve de los detenidos la condena fue de cinco años y para el resto, entre uno y tres años de cárcel. Junto a ellos, el periodista Hamid El Mahdaui, quien había cubierto las protestas en el Rif, también era condenado a tres años de cárcel, acusado de no haber denunciado un supuesto crimen contra la seguridad del Estado.

Nada más conocerse los veredictos, empezaron a escucharse en la sala del tribunal los primeros gritos de protesta. Poco después, en las calles, volvían a producirse manifestaciones -esta vez en protesta por las gravísimas condenas- y, por fin, el pasado domingo, 15 de julio, miles de personas procedentes de varias provincias de Marruecos marcharon en Rabat para protestar también contra las citadas sentencias del tribunal de primera instancia de Casablanca. Ahmed Zafzafi, padre de Naser, el líder de las protestas, encabezó la manifestación argumentando que esa era “la voz del pueblo”, mientras que “el Gobierno está escondido”. El domingo anterior ya había tenido lugar otra marcha en Casablanca, a la que no se sumó el movimiento islamista Justicia y Espiritualidad, con gran influencia en la sociedad civil y que boicotea sistemáticamente las elecciones porque “no tiene sentido elegir a un Gobierno que no gobierna”, ya que el verdadero poder lo detenta el rey. Sin embargo, en Rabat, este domingo, la organización sí decidió apoyar la protesta y su “fuerza” se hizo patente en una manifestación marcada por la confluencia de grupos de lo más diversos: jóvenes con banderas amazigs y del Che Guevara, que portaban pancartas donde se leía “Democracia, libertad, laicismo”, junto a miembros de Justicia y Espiritualidad (Al Adl Wal Ihsan), con las mujeres marchando detrás de los hombres.

Coinciden los analistas en señalar que la posibilidad de que las protestas del Rif se extiendan al resto del país depende en buena parte de lo que Justicia y Espiritualidad decida en los próximos meses: Al Adl Wal Ihsan es el mayor grupo islamista de Marruecos, aunque nadie sepa con seguridad el número de militantes, simpatizantes o posibles electores con los que cuenta. Este movimiento, fundado en 1981 por Abdesalam Yasín, un antiguo inspector de educación fallecido en 2012, no acata la jerarquía del rey como máxima autoridad religiosa del país o Comendador de Creyentes, tal como lo recoge la Constitución de 2011. Lo que quizás no se esperaba por parte de las autoridades era que la crisis del Rif sirviera para volver a ver una unión poco frecuente: la de grupos de izquierdas al margen del Parlamento con este movimiento religioso. La expresidenta de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), Jadiya Ryadi, asegura que hasta 1995 había un gran desencuentro entre la AMDH y Justicia y Espiritualidad. “Ellos nos consideraban prooccidentales y nosotros a ellos los veíamos peligrosos y antidemócratas”, ha explicado en diversas ocasiones, “pero después nos hemos ido conociendo. Ellos ahora son un objetivo claro del régimen. Y es preciso que todos los reprimidos nos unamos”.

Por otra parte, Justicia y Espiritualidad ha sabido llenar un vacío del que el Estado no parece poder o querer hacerse cargo, ofreciendo servicios gratuitos a la sociedad en educación y sanidad. Sus militantes, por ejemplo, dan clases gratis, procuran alojamientos para universitarios o recogen dinero en los barrios para organizar funerales. La financiación, aseguran, corre por cuenta de los seguidores de este movimiento cuyas raíces ideológicas beben del sufismo marroquí y de las fuentes originales del islam, con la aspiración de llegar a crear un califato “en el marco de los principios democráticos y los derechos humanos”. Se consideran flexibles -la creencia en el islam debe ser libre, dicen-, y lo cierto es que durante la primavera árabe supieron adaptarse a las reivindicaciones del movimiento izquierdista 20-F, que reclamaba una monarquía parlamentaria.

A estas movilizaciones hay que sumar otro tipo de protestas que también están dando muchos quebraderos de cabeza a las autoridades. En especial, el inesperado boicot ciudadano a tres marcas de productos básicos en manos de empresarios afines a Mohamed VI en protesta por la subida de precios. La campaña anónima comenzó el 20 de abril a través de las redes sociales con un llamamiento contra tres marcas líderes en el mercado marroquí: la leche Centrale (perteneciente al grupo Danone, con una participación del 5% del consorcio industrial del rey Mohamed VI), el agua Sidi Ali, del grupo de la familia de Miriem Bensalah-Chaqroun, presidenta saliente la patronal marroquí y la cadena de estaciones de servicio Afriquia, perteneciente al ministro de Agricultura y Pesca, Aziz Ajanuch, amigo íntimo del rey, y líder del Reagrupamiento Nacional de Independientes, formación clave en la coalición de cinco partidos que forma actualmente el Gobierno.

Nadie pensó que la campaña “Déjala que se agríe” fuera a tener tanto éxito, pero la realidad es que se está convirtiendo en un problema que, por otra parte, puede llegar a amenazar los empleos en las tres grandes compañías. Y aunque las empresas afectadas no han informado sobre la repercusión en sus beneficios, un directivo de Danone no tardó en tachar de “traidores” a la patria a quienes apoyen el boicot, mientras que para el ministro de Economía, Mohamed Boussaid, los impulsores del boicot son unos “enajenados”. El diario crítico ‘Ajbar al Yaum’, cuarto en difusión en el país, ha sido el único que se ha posicionado abiertamente a favor del boicot publicando un editorial titulado “El despertar de los enajenados”, en respuesta a las palabras de Boussaid: “Los enajenados son los que confían en las promesas de las reformas, la regeneración y el desarrollo. Señor ministro de Economía, tiene usted que escuchar a los enajenados. Todos somos enajenados”.

Está claro que todos no, pero hay muchas personas más de las que podían esperar el Gobierno y las empresas que siguen sin adquirir agua Sidi Ali, leche Centrale Danone y gasolina de la cadena Afriquia, a pesar de que las tres hayan rebajado sus precios desde el comienzo del boicot. Por su parte, los trabajadores de estas compañías están cada vez más preocupados por sus empleos y también salen a las calles para protestar, en su caso, por un boicot que ha sabido escoger muy bien sus objetivos: tres empresas que dominan claramente sus sectores, tres marcas que gastan mucho en publicidad. Se trata, por tanto, de un ataque no solo a las empresas vinculadas con el poder, sino también contra los abusos que se producen en el mercado cuando rige un oligopolio, y con el objetivo de que Marruecos abra (un poco) la puerta hacia el mercado europeo para que haya competencia y se abarate la distribución.

La ausencia de un Gobierno -está formado por cinco partidos a los que resulta difícil poner de acuerdo- capaz de tomar iniciativas, empeora gravemente la situación. Recordemos que el rey de Marruecos destituyó como jefe de Gobierno al islamista Abdelilá Benkirán, del PJD, después de que le fuera imposible formar Gobierno durante seis meses de negociaciones. Nombró en su puesto a Saadedín el Otmani, segundo hombre del PJD, quien, viendo las barbas del vecino, no tardó un segundo en aceptar todas las condiciones que los otros cuatro partidos habían intentado imponer a su predecesor. Pero a partir de ahí, todo ha seguido igual, es decir, sin acuerdos para emprender las reformas que permitan la aplicación de la Constitución de 2011 y encaren los grandes desafíos del país. En apenas un año y medio de existencia, el Gobierno se ha visto desbordado por la crisis social de Alhucemas y por el boicot ciudadano, que le está causando un importante desgaste.

A esta parálisis del actual Gobierno se ha sumado, para perplejidad de todos, la ausencia de Mohamed VI. Durante los primeros cinco meses de 2018, el monarca alauita solo ha pasado 20 días en Marruecos. Los viajes al castillo que construyó su padre Hassan II en la localidad francesa de Betz, las visitas a su madre en su residencia de Neuilly, sus escapadas a África y los problemas de salud que confía a médicos en el extranjero, mantienen al rey Mohamed VI frecuentemente fuera de su reinado. Y las redes sociales dan fe de lo bien que el monarca lo pasa fuera. A Mohamed VI (M6, para los amigos), le encanta subir selfies. Los últimos le muestran con atuendo informal y moderno y con 20 kilos de peso menos, en tiendas o restaurantes de lujo.

El divorcio de Lalla Salma, no reconocido oficialmente, parece haber “revitalizado” al monarca, aunque sus viajes de placer no son algo nuevo. Desde su subida al trono en 1999 se ha ausentado del Reino con frecuencia, pero en los últimos dos años ha llegado a pasar la mitad del tiempo fuera del país. Los rumores de enfermedad han justificado algunos de estos viajes, pero lo cierto es que las vacaciones reales siempre han sido largas y, en ocasiones, la causa de anular viajes oficiales como el que tenía que haberle llevado a China hace unos meses y, también, motivo para posponer el recibimiento a mandatarios, como Erdogan. En la prensa marroquí más independiente y crítica se lleva años hablando del absentismo real, pero ya no se puede hablar de “secretismo”: quienes quieran saber dónde está y qué hace su rey pueden acudir a su perfil de Facebook, que tiene 3,6 millones de seguidores.

El problema es que sin su firma, no salen los proyectos adelante. Así que más parálisis para un país que vive una gran crisis interna. En todo caso, para muchos es mejor que M6 no esté y se echan a temblar cuando regresa. En alguna ocasión, más que sacar proyectos adelante a su regreso, lo que ha hecho ha sido “derribar” lo realizado hasta el momento. En sentido literal, si hablamos del centro comercial que se iba a abrir en el Bouregreg y que está siendo demolido porque su ubicación no convenció al rey: oculta la vista de la marina. Fuentes del proyecto aseguran que el monarca conocía los planos, pero el hecho es que “según pasaba por el puente pidió que lo derrumbasen” a pesar de los millones de dírhams invertidos y los más de mil de trabajadores empleados.

El hermano pequeño, Moulay Rachid, le sustituye en algunos actos y desde la desaparición de su mujer, Lalla Salma, en el mes de octubre, también le echan una mano sus hermanas. Mientras tanto, se prepara a su hijo Moulay Hassan, de 15 años, para sucederle en el trono y ya ha pronunciado su primer discurso y sustituido a su padre en actos como la inauguración del Salón de la Agricultura de Marruecos o el Salón Internacional del Libro de Casablanca. Además, la prensa afín a la monarquía se encarga de mantener su buena reputación con reportajes, por ejemplo, de cómo el rey escribe sus propios discursos, “tarea que hace con esmero y que le lleva numerosas horas”. Su popularidad se debe a las clases altas cercanas a Palacio, pero también -conviene no olvidarlo- a los más desfavorecidos que se tiran al cortejo a su paso para pedirle “privilegios”, a pesar de que en 2016, el ministerio de Interior advirtiera que esas personas serían sancionadas por obstaculizar la marcha del rey en las calles.

De momento, aún no se sabe si el monarca cumplirá este verano con la tradición de pasar unos días en la playa privada de Alhucemas. El año pasado faltó a la cita, precisamente a causa de las manifestaciones del Movimiento Popular del Rif que han vuelto estos días a tomar las calles. Lo que sí se sabe, y no tiene nada que ver con las vacaciones de M6, es que la movilización del Rif se ha extendido a la provincia de Jerada, una región carbonífera fronteriza con Argelia olvidada por parte de los poderes públicos, y que si todo sigue por este camino, las movilizaciones tendrán cada vez más presencia en grandes ciudades como Casablanca o Rabat e incluso fuera de Marruecos, en diferentes capitales europeas. Igual que ha ocurrido ya el pasado domingo. No será el último.

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