Carlos III pronunció este martes el primer discurso de un soberano británico ante una sesión conjunta del Congreso de Estados Unidos desde 1991, en un momento de notable tensión en la llamada «relación especial» entre Londres y Washington. El monarca reivindicó el papel de la OTAN y la necesidad de garantizar la defensa de Ucrania, al tiempo que llamó a la «reconciliación y renovación» entre los dos países.
El discurso, elaborado por los asesores del primer ministro Keir Starmer y de una duración de algo más de treinta minutos, arrancó con la condena del intento de magnicidio que Donald Trump sufrió el pasado sábado en Washington. «Este tipo de actos de violencia nunca tendrán éxito», subrayó el rey, antes de adentrarse en el núcleo de su intervención.
Un mensaje de unidad con pulla incluida
El eje central del discurso reafirmó «los valores democráticos compartidos de larga data» y calificó la alianza entre ambos países como «una de las mayores de la historia de la humanidad». Carlos III también reivindicó la OTAN «desde las profundidades del Atlántico hasta los casquetes polares del Ártico», una referencia que no pasó desapercibida ante las reiteradas amenazas de Trump sobre la anexión de Groenlandia. Sobre Ucrania, el monarca fue directo: «esa misma determinación inquebrantable es necesaria para asegurar una paz verdaderamente justa y duradera».
El rey tomó el relevo simbólico de su madre, Isabel II, primera y última soberana británica en dirigirse al Congreso, en quien «no pudo evitar pensar» durante su intervención.
Starmer en segundo plano, Trump en el centro
La visita se produjo en un contexto de claro deterioro entre Washington y Londres. La «relación especial» que Trump y Starmer intentaron sostener a pesar de sus diferencias ideológicas se rompió cuando Estados Unidos atacó Irán junto a Israel sin avisar a sus aliados de la OTAN. Trump no tardó en calificar a Starmer de «cobarde» y en compararlo desfavorablemente con Churchill.
Durante la recepción en el jardín sur de la Casa Blanca, Trump elogió al rey como «un hombre muy elegante» y bromeó diciendo que su madre «estaba enamorada de Carlos», mientras el monarca esbozaba una sonrisa forzada. Starmer brilló por su ausencia en los elogios del presidente.
La visita de cuatro días, que comenzó el lunes en Maryland, también devolvió al primer plano el caso de Jeffrey Epstein, que salpica al entorno de los tres protagonistas del viaje. Carlos III no hizo referencia alguna a las víctimas del magnate, ni tenía previsto reunirse con ellas.





























