Las protestas en Italia contra el coste de la vida, los bajos salarios y el gasto militar han convertido el inicio del otoño en un serio quebradero de cabeza para Giorgia Meloni. La movilización, con los estudiantes como principal motor, llega a pocos meses de las elecciones previstas para 2027 y rompe la imagen de estabilidad que la primera ministra suele exhibir.
Todo arrancó el 15 y el 16 de octubre con ocupaciones de institutos en varias ciudades. El viernes 16, la jornada bautizada como "No Meloni Day" sacó a la calle a miles de jóvenes en Roma, Milán, Turín, Bolonia, Florencia, Génova, Nápoles o Cagliari. Los organizadores hablan de más de 400.000 participantes, y la protesta coincidió con la movilización global de Fridays for Future. Un día después, la jornada "Italia in Piazza" extendió el malestar al coste de la vida.
Escuela pública, salarios y menos armas
Los manifestantes reclaman más inversión en la escuela pública y en unos edificios escolares muy deteriorados. Exigen también salarios más altos, servicios públicos de calidad y una rebaja de los precios de la energía y los carburantes. Su lema, "Menos armas, más derechos", resume el rechazo al rearme, mientras en Roma coreaban "¡Queremos aulas, no bombas!" ante el Ministerio de Educación. A ello se suma el rechazo al decreto que limita al 30 % los alumnos extranjeros en determinadas clases y la solidaridad con el movimiento estudiantil francés, que ha inspirado en Italia al colectivo "Les Blocages".
Los datos económicos alimentan el enfado. La inflación subió en septiembre hasta el 4,2 % interanual, impulsada por los carburantes, según Istat. Además, los salarios reales han caído un 6,6 % entre 1990 y 2026, según la Oficina Parlamentaria de Presupuesto. Esta semana, agricultores y transportistas bloquearon carreteras en Apulia, Calabria y Sicilia, y la patronal Conftrasporto amenaza con un bloqueo nacional.
Violencia en las calles y respuesta del Gobierno
La protesta no ha sido del todo pacífica. En Turín, la policía detuvo a tres menores y encapuchados causaron daños en varios institutos, con un profesor, un trabajador del centro y un carabinero heridos. En Bolonia hubo cañones de agua, gases lacrimógenos y siete detenciones. En Milán, los choques de la plaza del Duomo se saldaron con medio centenar de detenidos, mientras que en Verona ardieron cinco contenedores y una moto.
Meloni optó por una línea de firmeza: "Manifestarse es un derecho. Incendiar nuestras ciudades no lo es". La primera ministra expresó respeto por quienes protestaron con orden y exigió a la oposición que "condene sin ambigüedad" la violencia. Matteo Piantedosi defendió la actuación policial, y Giuseppe Valditara anunció que reclamará una indemnización por los daños.
Pero el pulso no termina aquí. Maurizio Landini, líder de la CGIL, convocó una huelga general para el 20 de noviembre, y el 30 de octubre habrá otra huelga de estudiantes y trabajadores. Christian Ferrari, también de la CGIL, advirtió de que "Italia está en una crisis económica y social dramática". La prensa italiana ya habla del "otoño del descontento", y la gran incógnita es si Meloni logrará contener el malestar antes de que se convierta en un problema electoral.





























