Emmanuel Macron no logra desactivar el pulso de la calle. Alrededor de medio millón de personas volvió a manifestarse este sábado 24 de octubre en las protestas en Francia, desafiando la lluvia y un dispositivo policial de 70.000 agentes reforzados por el ejército, algo que no se veía desde los chalecos amarillos de 2019. Las marchas fueron pacíficas durante buena parte de la jornada, pero acabaron en cargas, barricadas y más de 1.000 detenidos, el triple que una semana antes a la misma hora.
El balance deja una lectura ambivalente. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, se felicitó por la eficacia del operativo tras una semana marcada por los fallos de seguridad que permitieron el saqueo de más de 3.000 comercios y la destrucción del Ayuntamiento de Limoges por las llamas. Sin embargo, el Ejecutivo no ha ofrecido ninguna respuesta política a las reivindicaciones de fondo, y esa es la razón por la que la movilización sigue viva.
Una jornada de calma, gas y barricadas
En París, unas 110.000 personas recorrieron la ciudad bajo la lluvia, de la plaza de Italia a la puerta de Vincennes. El itinerario, fijado el viernes a última hora y alejado de la plaza de la Bastilla que pretendían los organizadores, generó desconcierto entre vecinos y comerciantes. La capital cerró 24 estaciones de metro y muchos negocios vaciaron sus escaparates. "Hemos metido la mercancía en una maleta y se la hemos dado a algunos vecinos", contaba Marine, dueña de una tienda de bisutería junto a la plaza de la República.
A media tarde, encapuchados vestidos de negro tomaron el final de la marcha parisina y la policía respondió con gases lacrimógenos, cañones de agua y granadas aturdidoras. Hubo cargas también en Grenoble, Niza, Estrasburgo, Lyon y Marsella, donde se registraron incendios, saqueos y proyectiles. En Toulouse y Clermont-Ferrand, dos estudiantes resultaron gravemente heridos por la policía. El alcalde de Marsella, Benoît Payan, restó gravedad a los incidentes, aunque advirtió: "Me preocupan esas fechas si no se toman medidas para satisfacer las reivindicaciones", en alusión a las marchas del 31 de octubre y el 5 de noviembre.
Un presidente sin margen y una oposición al acecho
La reunión de 150 minutos que Macron mantuvo el viernes con una delegación de estudiantes en el Elíseo terminó sin avances. Ryad Rani, de la Unión Sindical de Estudiantes de Secundaria, la resumió así: "Grandes promesas, palabras vacías". El ministro de Educación, Édouard Geffray, volverá a verlos el lunes, pero a Macron le quedan solo seis meses de mandato y no parece haber ni interlocutor fiable ni voluntad política de ceder. El Gobierno prepara además un presupuesto con 54.000 millones de euros en recortes en un contexto económico frágil: el Banco de Francia rebaja el crecimiento a entre el 0,4% y el 0,5% y prevé un déficit del 5,2% del PIB.
El vacío lo explota la oposición. Jean-Luc Mélenchon acusó a la policía de disparar "a ciegas" para fabricar imágenes televisivas, mientras La Francia Insumisa se perfila como la única formación capaz de capitalizar el malestar. Al otro lado, Marine Le Pen lanzó en Orleans su candidatura al Elíseo ante unos 10.000 militantes, con miles de antifascistas protestando en la calle. Los organizadores ya han convocado más marchas, y los jóvenes lo tienen claro: "Cada sábado nos tendrán aquí".





























