Mohamed VI encargó este martes a Fatima-Zahra Mansouri, líder del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), la formación de un nuevo Ejecutivo en Marruecos. Con este nombramiento, Mansouri se convierte en la primera ministra de la historia del país desde su independencia, un hito que llega seis días después de que el PAM se impusiera en las elecciones legislativas.
Según el comunicado del gabinete real, el monarca recibió a Mansouri en el palacio de Rabat para comunicarle formalmente su decisión. La Constitución marroquí atribuye al rey la prerrogativa de nombrar jefe de Gobierno al líder del partido más votado, y en esta ocasión ese papel recae por primera vez en una mujer.
Una carrera política con larga trayectoria
A sus 50 años, Mansouri es licenciada en Derecho y acumula una dilatada experiencia en la vida pública marroquí. Fue alcaldesa de Marrakech y ocupó la cartera de Vivienda y Urbanismo en el Gobierno de coalición saliente, presidido por el magnate conservador Aziz Ajanuch, a quien ahora reemplazará al frente del Ejecutivo para el periodo 2026-2031.
Observadores consultados por EFE destacaron que el nombramiento no responde a un gesto de imagen hacia el exterior, sino al perfil consolidado de una dirigente con «larga trayectoria política». El propio historial del reinado de Mohamed VI apunta en esa dirección: desde que ascendió al trono, el monarca ha situado a mujeres en posiciones históricamente reservadas a hombres, como la consejera real Zoulija Nasri o Zineb Adaoui, primera wali —gobernadora— del país.
Un hito en el mundo árabe con implicaciones regionales
El ascenso de Mansouri a la jefatura de Gobierno llega en un momento en que Marruecos refuerza su posicionamiento como actor regional relevante, con relaciones en plena efervescencia tanto con potencias europeas como con actores del Golfo y del continente africano. Que una mujer lidere el Ejecutivo en un país árabe y musulmán de su peso geopolítico no es un detalle menor, aunque los analistas adviertan de que el poder efectivo en la monarquía alauí sigue gravitando en torno a la figura del rey.





























