El Gobierno de Pedro Sánchez y el de Giorgia Meloni ponen fin a casi tres meses de enfrentamiento por los controles fronterizos en el espacio Schengen. Los ministros del Interior, Fernando Grande-Marlaska y Matteo Piantedosi, acordaron en una llamada "cordial" no prorrogar las restricciones recíprocas en aeropuertos y puertos, que decaen esta medianoche. El pacto cierra uno de los episodios más ásperos entre ambos socios mediterráneos, pero deja muchas incógnitas sobre lo que viene después.
La salida se gestó en Bruselas. Al margen del Consejo Europeo del 15 y 16 de octubre, Sánchez y Meloni encargaron a sus ministros que buscaran en una semana "medidas de cooperación sustitutivas". La llamada de este jueves es el resultado de ese encargo. Fuentes de Moncloa ya habían subrayado que el objetivo español era "proceder a la eliminación" de los controles.
Un pulso que nació en Ceuta
Todo empezó tras la entrada masiva de migrantes en Ceuta desde Marruecos, a finales de julio. Roma reintrodujo de forma unilateral los controles en sus fronteras aéreas y marítimas con España, alegando riesgos para la seguridad nacional, posibles movimientos secundarios de migrantes y amenaza de infiltraciones terroristas. Madrid respondió el 8 de agosto con medidas de reciprocidad, aleatorias y limitadas a aeropuertos y puertos, después de exigir sin éxito que Italia diera marcha atrás.
Los efectos prácticos fueron modestos, porque Italia no comparte frontera terrestre con España y las conexiones con otros países Schengen quedaron fuera. El coste real fue político. La Comisión Europea recuerda que estas medidas deben ser siempre un último recurso, y el choque entre dos Estados miembros incomodó a Bruselas durante semanas.
El Ministerio del Interior italiano justificó el giro con un comunicado: "La decisión, tomada tras un minucioso análisis de la situación, irá acompañada de un refuerzo del intercambio de información para garantizar la plena seguridad del espacio común de Schengen". La propia Meloni ya había advertido de que seguirá "supervisando la situación" para defender las fronteras de su país.
Un acuerdo con más gestos que contenido
Aquí aparece la parte más frágil del pacto. Interior no ha detallado qué información se compartirá, con qué periodicidad ni si habrá nuevos mecanismos de coordinación policial. Tampoco ha anunciado operaciones conjuntas ni cambios en la vigilancia de las fronteras exteriores. El compromiso se limita, por ahora, a un intercambio "reforzado" de datos y a suprimir los controles extraordinarios.
El Gobierno español celebra la retirada como una victoria diplomática, pero conviene recordar que fue Roma quien marcó el ritmo. Italia fue prorrogando sus restricciones por periodos cortos, y Madrid se limitó a replicar y a esperar que el desgaste pesara más del lado italiano. Fuentes próximas a Meloni admitían que no querían "dar argumentos a Sánchez para su campaña electoral", una frase que revela hasta qué punto el calendario político influyó en el desenlace.
El episodio llega además en un momento delicado para ambos líderes en materia migratoria. Meloni, Merz y Frederiksen defienden que la Unión Europea pueda suspender temporalmente el asilo en crisis como la de Ceuta, mientras España sigue defendiendo su política de regularización. Mientras tanto, otros países, como Suecia, mantienen sus controles hasta 2027. La normalidad recuperada entre Madrid y Roma convive con un Schengen cada vez más condicionado por las prioridades nacionales.





























