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La sangre en la orina nunca debe normalizarse: el cáncer de vejiga también afecta a las mujeres y su diagnóstico suele llegar tarde

La Doctora Cristina de Castro, uróloga del Hospital Ruber Internacional, advierte de que atribuir este síntoma a infecciones urinarias puede retrasar el diagnóstico y empeorar el pronóstico

Aunque el cáncer de vejiga se asocia habitualmente a los hombres, miles de mujeres son diagnosticadas cada año de esta enfermedad. Sin embargo, continúa siendo un tumor poco conocido entre la población femenina y, con frecuencia, su detección se retrasa porque sus síntomas iniciales se confunden con patologías mucho más comunes, como las infecciones urinarias o algunos trastornos ginecológicos.

‘La presencia de sangre en la orina nunca debe considerarse normal, aunque aparezca una sola vez y desaparezca espontáneamente. Es un síntoma que siempre requiere un estudio urológico’, explica la Doctora Cristina de Castro, especialista del Servicio de Urología, liderado por los doctores Antonio Allona y Juan Ignacio Martínez-Salamanca, del Hospital Ruber Internacional, perteneciente al grupo Quirónsalud.

La especialista recuerda que este retraso diagnóstico tiene consecuencias importantes. ‘El cáncer de vejiga en la mujer suele diagnosticarse en fases más avanzadas, lo que condiciona un peor pronóstico. Por eso es fundamental aumentar la concienciación tanto entre la población como entre los profesionales sanitarios’.

Un diagnóstico precoz cambia el pronóstico

La hematuria —presencia de sangre en la orina— constituye el principal signo de alarma. También pueden aparecer síntomas como aumento de la frecuencia urinaria, urgencia para orinar, escozor o dolor pélvico persistente cuando no existe una infección demostrada o los síntomas reaparecen de forma repetida.

Según la Doctora de Castro, identificar el tumor en fases iniciales permite aplicar tratamientos menos agresivos y obtener mejores resultados tanto desde el punto de vista oncológico como funcional.

Tratamientos cada vez más personalizados

El abordaje terapéutico depende del tipo de tumor, de su extensión y de las características de cada paciente. En los tumores superficiales, el tratamiento suele comenzar con una resección transuretral, una intervención mínimamente invasiva que permite eliminar el tumor y determinar el riesgo de recurrencia.

En función de cada caso, el tratamiento puede completarse con terapias intravesicales, como la inmunoterapia con BCG, que reduce significativamente la posibilidad de que el tumor reaparezca o progrese.

Cuando el cáncer invade la capa muscular de la vejiga, las opciones incluyen cirugía, quimioterapia, inmunoterapia y nuevas terapias dirigidas. ‘En los últimos años hemos avanzado hacia una medicina mucho más personalizada, incorporando cirugía robótica, tratamientos sistémicos innovadores y estrategias que permiten adaptar la terapia a las características biológicas de cada tumor’, señala la uróloga.

Curar, pero también preservar la calidad de vida

Uno de los mayores avances en el tratamiento del cáncer de vejiga es el cambio de enfoque asistencial. El objetivo ya no consiste únicamente en eliminar el tumor, sino también en preservar la calidad de vida de las pacientes.

‘La cirugía ha evolucionado enormemente. Hoy, en mujeres cuidadosamente seleccionadas, podemos preservar determinadas estructuras implicadas en la continencia urinaria y la función sexual, siempre que no comprometa la seguridad oncológica’, destaca la Doctora Cristina de Castro.

Además, tras la extirpación de la vejiga existen distintas alternativas reconstructivas que permiten adaptar el tratamiento al estilo de vida y a las necesidades de cada paciente, favoreciendo una recuperación funcional y una reincorporación más rápida a su vida cotidiana.

Un abordaje integral centrado en la paciente

El manejo del cáncer de vejiga requiere la participación coordinada de urólogos, oncólogos, radiólogos, anatomopatólogos, fisioterapeutas de suelo pélvico, enfermería especializada, nutricionistas y psicooncólogos, entre otros profesionales.

‘Nuestro compromiso no es únicamente tratar el cáncer. También es acompañar a la mujer durante todo el proceso, resolver sus dudas, cuidar su bienestar emocional y ofrecer el tratamiento más adecuado desde una perspectiva científica y humana’, concluye la Doctora Cristina de Castro.

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