El Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea celebrado este martes en Luxemburgo volvió a archivar la propuesta de suspender el Acuerdo de Asociación con Israel, ni total ni parcialmente. La división entre los Veintisiete se impuso una vez más, dejando en evidencia los límites de la diplomacia española y la dificultad de Bruselas para actuar con una sola voz frente al gobierno de Benjamín Netanyahu.
El ministro español José Manuel Albares llegó a Luxemburgo con un mensaje de urgencia. «Hoy Europa se juega su credibilidad», advirtió. No le sirvió de mucho. La alta representante de la UE para Política Exterior, Kaja Kallas, fue rotunda al concluir la reunión: «No he visto un cambio de posiciones en la sala sobre la suspensión».
Berlín y Roma frenan, pero sin romper con Netanyahu
Alemania e Italia volvieron a ejercer de freno. El ministro alemán Johann Wadephul criticó la pena de muerte y la violencia de los colonos, pero defendió que la respuesta debe pasar por «un diálogo crítico y constructivo con Israel». Su homólogo italiano, Antonio Tajani, fue más directo: «No creo que bloquear un acuerdo comercial sea una herramienta útil». Dos posiciones que, aunque con matices distintos, coinciden en el mismo resultado: ninguna acción colectiva.
El giro reciente en Roma —Giorgia Meloni suspendió la renovación automática del Acuerdo de Defensa con Israel— generó cierto optimismo previo entre los diplomáticos. Ese optimismo no sobrevivió a la reunión.
España, aislada con Irlanda y Eslovenia
España, Irlanda y Eslovenia remitieron el viernes una carta a Kallas pidiendo revisar el acuerdo, recordando que el pacto —en vigor desde el año 2000— está vinculado al respeto de los derechos humanos y del derecho internacional. La irlandesa Helen McEntee coincidió con Albares: «Israel ha promulgado una ley que introduce, en esencia, la pena de muerte contra el pueblo palestino. Es totalmente inaceptable».
Pero el aislamiento de este bloque es real. Francia y Suecia propusieron algo más acotado: restringir el comercio con los asentamientos ilegales en Cisjordania, sin cuestionar el acuerdo de asociación. Una vía que Kallas trasladará al comisario de Comercio, pero que dista mucho de lo que Albares pedía como «señal fuerte».
España lleva meses elevando el tono contra Netanyahu sin conseguir arrastrar a sus socios europeos. Lo que en Madrid se vende como liderazgo moral, en Bruselas se percibe cada vez más como una posición sin masa crítica suficiente para traducirse en política comunitaria.





























