Donald Trump anunció este martes la prórroga del alto el fuego con Irán, evitando así una reanudación de los ataques cuando expiraba la tregua de dos semanas pactada el 7 de abril. La decisión llega en un momento en que las negociaciones entre Washington y Teherán atraviesan su momento más frágil, con la delegación estadounidense sin viajar a Islamabad y el régimen iraní poniendo condiciones previas para sentarse a dialogar.
El presidente estadounidense justificó la extensión de la tregua apelando a la división interna del Gobierno iraní y, sobre todo, a la mediación de Asim Munir, mariscal de campo pakistaní, y del primer ministro Shehbaz Sharif. «Suspendemos nuestros ataques hasta que sus líderes y representantes presenten una propuesta unificada», publicó en Truth. Un mensaje que, leído entre líneas, traslada la presión negociadora al propio Teherán.
El bloqueo iraní, el nudo del conflicto
Sin embargo, Trump dejó claro que la pausa militar no implica un alivio económico: el bloqueo en el estrecho de Ormuz continúa, y las tropas permanecen en alerta máxima. Irán, por su parte, condicionó su participación en las conversaciones de Islamabad al levantamiento de ese bloqueo, lo que llevó a Washington a suspender temporalmente el viaje de su delegación a Pakistán, según informó el Wall Street Journal citando fuentes oficiales. La diplomacia, por tanto, sigue activa sobre el papel, pero paralizada en la práctica.
Salam apuesta por la diplomacia frente a Hezbolá
En paralelo, el primer ministro libanés Nawaf Salam compareció junto al presidente francés Emmanuel Macron para marcar distancias con Hezbolá sin buscar la confrontación abierta. «La diplomacia no es un signo de debilidad, sino un acto responsable», declaró Salam, que mira hacia Washington, donde este jueves tendrá lugar una segunda ronda de conversaciones con Israel.
Macron respaldó la posición libanesa y confirmó que Francia ayudará a preparar esas negociaciones, aunque París no participará directamente en ellas. El apoyo francés refuerza la legitimidad internacional de Salam en un momento en que Líbano necesita construir un frente diplomático sólido antes de sentarse frente a Tel Aviv.
El escenario que emerge es el de una región donde los gestos de distensión conviven con condiciones que hacen casi imposible el avance real. La tregua sobrevive, pero los cimientos del diálogo siguen sin consolidarse.





























